Usos y abusos de las armas en EEUU

La muerte accidental hace unas semanas de un instructor de tiro a manos de una niña de nueve años y la masacre el pasado mes de mayo en la que un joven de 22 años mató a seis personas en Santa Bárbara, California, y fue posteriormente reducido por la policía en un tiroteo del que resultó muerto, vuelve a destacar, una vez más, la cuestión de la tenencia y control de armas en Estados Unidos. Apenas un mes antes de la masacre de Santa Bárbara tuvo lugar el tiroteo en Fort Hood –que ya se erigió como el tiroteo número 30 en masa en el país desde el 2006–, y un año y medio antes de eso, la masacre en la Sandy Hook Elementary School en Newtown, Connecticut, en la que Adam Lanza, armado con un rifle de asalto, asesinó a 20 niños y seis profesores antes de suicidarse. Ese mismo año hubo también seis tiroteos masivos en Estados Unidos. Y suma y sigue. En este país, las víctimas mortales de las armas de fuego son el doble que las víctimas de ataques terroristas en todo el mundo. Así, un ciudadano norteamericano tiene más posibilidades de morir víctima de un arma de fuego (1 entre 22.000) que de un ataque terrorista (1 entre 3,5 millones). Sin embargo, la amenaza terrorista recibe mucha más atención y medios que el control de armas. Desde 1960, alrededor de 1,3 millones de personas han muerto en Estados Unidos debido a las armas. No existe comparación posible con ningún otro país desarrollado: la asombrosa tasa de homicidios con armas en Estados Unidos es 20 veces mayor que la de los siguientes 22 países desarrollados juntos. Luego, ¿qué se puede hacer?

Usos y abusos de las armas en EEUUEn primer lugar, hay que reconocer que una prohibición es imposible. Esto suele atribuirse a la influencia de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), pero su importancia ha sido exagerada, ya que muchos otros grupos civiles, como la Asociación Nacional de Educación (NEA), también cuentan con millones de miembros. Ocurre que la NRA contribuye con modestas donaciones al Partido Republicano. La derogación de la segunda enmienda de la Constitución también sería un objetivo poco realista, especialmente tras la decisión de la Corte Suprema en 2012 en el caso Heller contra el distrito de Columbia, en la cual definía que la enmienda es una defensa de los derechos individuales, en vez de un derecho del Estado de mantener milicias.

La cuestión, además, es que la mayoría de los norteamericanos aceptan la segunda enmienda, y la tenencia de armas forma parte de la cultura estadounidense. La gente posee armas, va a ferias de armas, compra armas a sus hijos y participan en competiciones de tiro. Consideran la tenencia de armas como un rasgo intrínsecamente americano, un legado del siglo XVIII, cuando una pistola significaba el derecho individual a enfrentarse contra un gobierno despótico. Existen, de hecho, 270 millones de armas en manos de particulares en Estados Unidos: prácticamente una por persona. Esto significa que una prohibición, aún siendo posible, apenas tendría impacto alguno.

Ciertamente, el primer paso a seguir sería el de introducir una adecuada verificación de antecedentes. A día de hoy, existen demasiadas lagunas al respecto, incluso cuando en el actual y defectuoso sistema de comprobación se han denegado más de 2 millones de ventas desde 1994. Por ejemplo, muchas personas compran sus armas en ferias, no estando sujetas a verificación alguna. El hecho de universalizar los controles no evitaría que las armas acabaran en malas manos, pero lo dificultaría enormemente. El gobierno debería incidir en este frente, sobre todo teniendo en cuenta que el 85% de los estadounidenses aprueban esta medida.

Un segundo plan de actuación sería el de incrementar las medidas de seguridad. Demasiadas muertes por arma de fuego ocurren como consecuencia de un indebido almacenamiento o porque se ha dejado el arma cargada y desbloqueada. Muchos niños mueren (o matan) por accidente debido a esto. Además de la muerte del instructor de tiro a manos de una niña de nueve años esta misma semana, en el mes de mayo, un niño de cuatro años de Nueva Jersey disparó a un niño de seis años, y otro niño de cuatro años en Tennesse mató de un disparo a la mujer del sheriff. Deberían introducirse métodos de almacenamiento que sean inaccesibles para niños, cursos de seguridad doméstica, e incorporación de medidas de seguridad en el diseño de las armas (como una contraseña). Todo ello reduciría, sin duda alguna, el número de muertes. De hecho, la Oficina General de Contabilidad estadounidense estima que el 31% de asesinatos involuntarios causados por armas de fuego podrían haberse evitado de haber habido almacenes a prueba de niños o indicadores de carga del arma.

En tercer lugar, los políticos deberían de cooperar con los propietarios de armas. Uno de los mayores obstáculos en el progreso de la cuestión del control de armas es el miedo de los propietarios en general y de la NRA en particular de que cualquier media, por pequeña que sea, signifique un paso hacia la prohibición total. Un diálogo constructivo con los propietarios de armas no haría sino incrementar las posibilidades de alcanzar una reforma con sentido, así como la ilegalización de tenencia de armas con poca o ninguna justificación, como los rifles de asalto.

EL CUARTO aspecto a reformar es, de lejos, el más complicado. La mayoría de las muertes no son causa de armas de gran calibre (los rifles de asalto están detrás de tan sólo el 3% de los homicidios) y no son empleadas en las masacres por tiroteo. La inmensa mayoría de las muertes por arma son llevadas a cabo con armas convencionales en los deprimidos centros urbanos de ciudades como Detroit, Baltimore o Chicago. El hecho de que la mayor parte de los 80 homicidios al día se cometan en áreas pobres, y las minorías estén involucradas, es una de las razones por las cuales el asunto reciba tan poca atención. Incorporar educación sobre armas en las escuelas sería un paso en la dirección correcta.

Pero el mayor desafío es dirigirse a la raíz de la pobreza urbana, la desigualdad y la falta de oportunidades. En prácticamente todas las ciudades norteamericanas existen zonas a las que la clase media, simplemente, no va. Renovar el centro de las ciudades, generar empleo y luchar contra la pobreza supondría un gran paso en la lucha contra la violencia con armas. Como cualquiera que haya visto The Wire sabe, una de las principales causas de violencia urbana es el tráfico de armas. Como la prohibición durante la década de los años 20, el mercado negro alrededor de un bien caro acaba deviniendo en una violencia generalizada. Una despenalización de las drogas ayudaría a reducir la violencia en mayor medida que una prohibición de armas.

Los estadounidenses tienden a pensar en su excepcionalidad, y la violencia con armas hace al país, en efecto, excepcional, pero en sentido negativo. Hacer frente a esta lacra norteamericana será sólo posible a través de una serie de reformas concertadas, que reducirían la cantidad de masacres como la reciente en Santa Bárbara o la pasada de Fort Hood y convertirían a Estados Unidos en algo menos excepcional en un sentido positivo.

Nigel Townson es profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Diana Barrantes Olías de Lima es colaboradora en el Real Instituto Elcano.

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