¿Va a tender Pedro Sánchez la mano a un PSOE diverso?

Todas las derrotas se parecen pero las victorias lo son cada una a su manera. Que Susana Díaz se equivocara el domingo al solo felicitar y no ponerse explícitamente a disposición de Pedro Sánchez tendrá pronto muy poca importancia. Lo que de verdad cuenta para los socialistas es si el secretario general revalidado cumple la promesa habitual, con frecuencia descuidada, que hace cualquier líder electo de que va a representar a todos, incluso a los que no le han votado.

A partir de aquí, un episodio extraño que sucedió el lunes me dejó perplejo y me obligó a reescribir la tribuna y formular su título como una pregunta. En la anterior versión indicaba que esos votos de tolerancia del secretario general del domingo por la noche sonaron bien aunque no pasaban de términos muy generales, pero que la carta enviada a todos los afiliados en la mañana del lunes me había parecido una apuesta bastante firme por defender la pluralidad dentro del partido, tantas veces manoseada.

“Como secretario general trabajaré por la integración de sensibilidades y la unidad del partido, una unidad que -así lo he entendido siempre- tiene mucho que ver con el diálogo leal y muy poco con la uniformidad”, proclamaba. Y pensé que, aunque él mismo me ha parecido comprometer en ocasiones esos principios en su anterior mandato o durante la campaña, resultaba relevante que en una primera carta de solo seis párrafos dedicara uno a presentar con lucidez esa herramienta fundamental de reconstrucción del partido. Me llamó también positivamente que no mencionara en esa carta al Partido Popular, ya que la identidad del PSOE no debe basarse en obsesionarse con esta formación ni en acomplejarse frente a Podemos, sino en apasionarse y comprometerse con que la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad avancen en España y en todo el mundo.

Asumir con sinceridad esa diversidad implica no solo que el líder mismo actúe con grandeza sino que debe exigírselo a sus colaboradores. Por eso me chocó que su portavoz, Adriana Lastra, se permitiera hoy como primeras declaraciones tras la elección nada menos que un “los barones deberían pedir perdón”, que no se retractara después y que Pedro Sánchez no rectificara esa grave posición. Me inquietó que no pudiésemos encontrar una vez más en el acostumbrado juego de poli bueno y poli malo.

Pero llegó mi sorpresa al enterarme de que esa carta a la militancia no es actual sino que era la que se envió tras la elección de 2014, que en su día debí recibir pero cuyos términos no recordaba. La comisión gestora –que hasta el congreso de junio es quien aún lleva la comunicación del partido– la ha vuelto a hacer circular por error y la ha retirado después enviando disculpas, recibiendo entre tanto la crítica de algunos sanchistas.

Algunos querrán ver una maquiavélica maniobra para poner al Pedro Sánchez de hoy frente a sus promesas de 2014. Sea como fuere, el ejercicio resulta de hecho muy interesante. Visto lo ocurrido en estos tres años, si Sánchez desea encontrar la manera de tender su mano al PSOE diverso -resistiendo a quienes le aconsejan imponer la verdad de los vencedores-, a día de hoy aún no está claro que vaya a pasar de buenas palabras.

El PSOE necesita actuar unido pero pensar pluralmente. Por respeto democrático, y también porque ya no solo no están claras las respuestas sino ni siquiera las preguntas que se formula la sociedad. Ha quedado demostrado que afirmar nuestro altruista ideario no basta para convencer en las urnas, como tampoco las buenas intenciones serían suficiente garantía de un gobierno eficaz. Es preciso compartir un diagnóstico sincero que nos permita tomar la medida de nuestras dificultades.

¿En qué España quiere vivir el PSOE? Esta es una cuestión urgente: necesitamos un PSOE con un proyecto político, social y territorial definido. Un PSOE que se atreva a afrontar el futuro sin complejos, sin mirar de reojo a la derecha ni al populismo. Que escuche, proponga, dialogue, se deje convencer y convenza para que una amplia mayoría vuelva a creer que un país mejor es posible. Para saber también cómo ponerse a lograrlo desde el primer día de gobierno. Un PSOE que no dude en reconocer los fallos del pasado para poder remediarlos.

Debemos ser un partido que atraiga el compromiso y el talento de muchos hombres y mujeres, con liderazgo pero huyendo de mesianismos, poniendo en marcha garantías de participación abiertos a todos los niveles del partido que permitan una exigente y leal competición de ideas, donde destaquen también las personas que mejor sepan defenderlas.

Precisamente ahora toca dar contenido a nuestro proyecto político mediante las enmiendas a las ponencias que serán aprobadas en el congreso. Propongo aquí 17 medidas de funcionamiento del partido –habituales en otros grupos europeos– esenciales para que pueda emerger esa fértil diversidad.

1. El PSOE debe desplegar los mayores esfuerzos en ampliar considerablemente el número de militantes.

2. Primarias abiertas obligatorias para todas las candidaturas institucionales, no solo los cabezas de lista.

3. Congresos cada dos años a todos los niveles orgánicos.

4. Los avales se presentarán de forma individual directamente ante la autoridad electoral correspondiente, que garantizará su secreto. Se podrá avalar a más de un candidato. El número de avales necesario será el 1% del censo correspondiente.

5. Los miembros de las ejecutivas serán libremente nombrados y cesados por el secretario general. La dimisión de más de la mitad de sus miembros no supondrá el cese automático del secretario general pero sí la votación de una moción de censura en el comité federal.

6. Se regulará con más precisión los efectos y duración del mandato de las gestoras.

7. Para garantizar la pluralidad, los contrapesos y la representación de las minorías, el comité federal y los equivalentes regionales serán elegidos a la vez que el secretario general directamente por los militantes en listas abiertas, no necesariamente completas, y que nunca podrán comprender más de la mitad de los puestos a elegir. No habrá miembros natos ni designados por la ejecutiva.

8. Para facilitar un debate efectivo, el comité federal tendrá cien miembros y los regionales no más de cincuenta. Estos órganos seguirán teniendo la competencia de destituir al secretario general, también deberán someterlo a consulta directa si lo solicita el 25% de los militantes.

9. Solo el comité federal y los equivalentes regionales podrán someter consultas a la militancia sobre alternativas previamente deliberadas en esos órganos.

10. Elección también directa de las autoridades electorales, de la comisión de garantías y de la comisión de finanzas. Se realizarán mediante candidaturas individuales (no en listas).

11. Las elecciones en el partido serán organizadas por las autoridades electorales, no por la secretaría de organización, salvo a nivel de agrupaciones locales que votan directamente en asambleas.

12. Se establecerá un sistema de voto electrónico para cualquier tipo de proceso electoral o consulta, cuya gestión y mantenimiento será asumido directamente por la autoridad electoral federal.

13. Proponer a los demás partidos europeos mejorar la coherencia y eficacia de nuestra acción uniéndonos en un verdadero Partido Socialista Europeo, que no sea una asociación de partidos. En esta perspectiva, la falta de alineación estratégica y de tiempos electorales que supone el actual acuerdo con el PSC no se corresponde con la aspiración internacionalista de los socialistas. Debe proponerse al PSC una fusión de ambos partidos.

14. Abrir el partido a los jóvenes, actualizando las formas de participación e integrando a las Juventudes Socialistas dentro del partido.

15. Los empleados del partido o de sus grupos parlamentarios o municipales no pueden al mismo tiempo ser cargos orgánicos ni representantes institucionales del PSOE. Si desean competir en las primarias correspondientes deberán renunciar previamente a su puesto.

16. Todo el partido debería organizarse para producir y debatir el programa, armonizándose la denominación de las secretarías y grupos de trabajo a todos los niveles. La actividad de los grupos de trabajo -documentación elaborada, integrantes- será pública, salvo la asistencia puntual de expertos que por razones profesionales reclamen el anonimato.

17. Establecer un procedimiento de “iniciativa legislativa” desde los órganos regionales o incluso grupos de militantes hacia el Comité Federal. En particular, actualizar el rígido procedimiento para renovar estatutos y redactar resoluciones, para que el partido no quede determinado por unos estatutos y resoluciones propuestos por la ejecutiva saliente y que en la práctica solo se logran enmendar de manera marginal.

Al PSOE le conviene que Pedro Sánchez pueda ser secretario general sin sobresaltos hasta un próximo congreso ordinario, y todos debemos lealmente reconocer su iniciativa y mando. En correspondencia, él no debe convertir el partido en una máquina electoral a su servicio, sino lograr que volvamos a ser una organización plural que debata y que atraiga talento. La mejor manera de conseguirlo es que no dependa solo de la voluntad de unos y otros sino de las garantías formales que nos demos reformando los estatutos. Por eso, el 18 de junio nos jugamos aún más que el 21 mayo.

Víctor Gómez Frías es militante del PSOE.

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