Valenciano, inglés y espacio europeo de educación

Por Maties Segura, coordinador del Servicio de Lenguas de la Universidad Jaume I de Castellón (EL PAÍS, 26/09/06):

El año 2010 es la fecha fijada para la convergencia con el resto de las universidades europeas en un espacio común de educación superior. Los ministerios de educación de los estados miembros la fijaron en el año 1999 con la Declaración de Bolonia, para conseguir un desarrollo convergente y armónico de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Los objetivos de esta declaración, mediante un sistema de transferencia de créditos (ECTS), son permitir el reconocimiento académico inmediato de títulos, la movilidad de los integrantes de la comunidad universitaria entre países y un aprendizaje a lo largo de la vida.

La importancia de la diversidad y de la autonomía de cada universidad se describe en el proyecto Tuning 2 (junio de 2006). Este proyecto nace de Bolonia y del Comunicado de Praga (mayo 2001) como contribución a la creación del Espacio Europeo, con la finalidad de mejorar la calidad de las titulaciones y de los programas en Europa. Esta propuesta de mejora tiene dos objetivos estratégicos: por una parte, aumentar la ocupación del estudiantado cuando acabe sus estudios, y por otra parte, hacer este sistema europeo lo suficientemente atractivo para que pueda competir con otros, sobre todo el americano, para equilibrar las presiones mundiales que tienden hacia un “mercado” universitario.

Es en este contexto en el que se tiene que situar el tema de las lenguas en la organización de los estudios universitarios. Entre las competencias necesarias para el estudiantado que destaca Tuning, del primer grupo de competencias instrumentales, están las capacidades lingüísticas.

El proyecto señala, entre las competencias que debe alcanzar el estudiantado en el primer ciclo, la capacidad para realizar una presentación oral y escrita en su lengua. Sitúa en el segundo ciclo el conocimiento de una segunda lengua. Y en el tercer ciclo ubica la competencia para apreciar la diversidad y la multiculturalidad. Los descriptores también sitúan el conocimiento de una segunda lengua en titulaciones de ciclo corto y varias titulaciones la sitúan ya en el primer ciclo.

El estudiantado tiene que conocer, pues, una lengua extranjera en todas las titulaciones. Eso debería comportar cursos de lenguas gratuitos para el estudiantado y también para el PDI y el PAS. Y las exigencias de los alumnos se tienen que aplicar también al profesorado, como un criterio de igualdad. No obstante, tenemos que observar que se nos presentan dos actividades diferentes y, al mismo tiempo, complementarias: una tiene como protagonista al estudiantado (el conocimiento de una lengua extranjera al acabar los estudios) y la otra al profesorado (la docencia en inglés o en otra lengua extranjera).

Es necesario abrir un debate sobre cómo combinar el papel de las lenguas en la organización de los estudios en las universidades, y, digámoslo ya, el papel de la lengua catalana como lengua propia y oficial de las universidades del ámbito lingüístico correspondiente. Las universidades valencianas, conscientes del reto europeo, con más o menos intensidad, algunas desde hace más tiempo que otras, siempre desde hace pocos años, están empezando a ofrecer docencia en inglés.

Así, en cuatro titulaciones de la Universitat de València se puede cursar una parte de las asignaturas en inglés. El número de plazas es limitado. También ofrece la posibilidad de acceder a dobles titulaciones con otra universidad extranjera. Para irse fuera, el estudiante requiere el nivel de idioma necesario.

En la Universidad Politécnica de Valencia, a partir del curso 2001-02 existe la posibilidad de cursar asignaturas de los últimos cursos en inglés. En Informática, a aquellos que superan asignaturas en el grupo con docencia en inglés se les concede un crédito de libre elección por cada asignatura.

La Universidad de Alicante ofrece a un pequeño grupo de profesores/as la posibilidad de traducción de sus materiales docentes al idioma inglés. Desde el curso 2005-2006 permite recibir docencia en inglés en algunas asignaturas de sus titulaciones. El proyecto piloto comenzó con cinco asignaturas y se involucraron en él cuatro titulaciones.

La Universitat Jaume I de Castellón aprobó en 2003 el Proyecto de introducción de la docencia en inglés, que iba acompañado de 36.000 euros. Como consecuencia de ese proyecto, en el curso 2005/2006 había 22 asignaturas que se impartían parcialmente en inglés por 18 profesores, en 7 titulaciones. La última convocatoria para promocionar la docencia en inglés ha sido un curso de verano en Dinamarca subvencionado con un máximo de 1.000 euros por profesor.

Pese a reconocer el importante esfuerzo, echamos de menos una planificación global de los estudios que se deben impartir en inglés o en otras lenguas. Depende en gran medida de los conocimientos, voluntarismo y posibilidades del profesorado llevarlo a cabo.

¿Cómo se incardinan y se conjugan estos proyectos, o embriones de proyectos, con la docencia en valenciano? ¿Hay proyectos serios para impulsar la docencia en la lengua propia y oficial de las universidades? ¿Representan algún peligro para la promoción de la docencia en valenciano? Pensamos que no tienen por qué representarlo ni suponer ninguna agresión hacia el catalán.

No obstante los proyectos enunciados antes, pensamos que hay una falta de planificación con respecto a la docencia en inglés. Y esta falta de planificación la encontramos también de manera crónica en cuanto a la docencia en valenciano. Suele pasar que los impulsores de los proyectos de la docencia en inglés lo hacen por separado de quienes planifican (es un decir) la docencia en valenciano, de modo que siguen vías paralelas, arroyos, que desembocan en el importante río madre que es la docencia en castellano, que camina tranquilo, imperturbable y mayoritariamente desde hace años (se imparte en castellano cerca del 85% de la docencia del conjunto de las universidades valencianas).

Sería necesario una unificación de las políticas lingüísticas, una definición de los objetivos globales, una planificación de las estrategias y de los caminos que se deberían seguir. Y como muestra de lo que comentamos, un botón: por lo que respecta a la movilidad que comportará el EEES, y que comporta ya, de los estudiantes del programa Erasmus (europeos) y de los Séneca (estado), sería necesario dar respuesta a la pregunta fatídica del estudiante extranjero (y del propio, pero ese es otro capítulo de la historia): ¿Por favor, puede hablar en castellano?

Pensamos que esta pregunta no la debe solucionar el profesor en la clase. Debe haber una respuesta institucional, mediante una política de información previa referida tanto a los estudiantes del estado como a los extranjeros (hay dos lenguas oficiales) y, especialmente, de apoyo al profesorado que da la clase en la lengua propia. Igualmente, debe funcionar bien la política de acogida, con cursos de adaptación rápida, con bolsas de intercambio lingüístico…

Debemos conjugar y asociar, pues, la gestión del multilingüismo y la normalización del valenciano, en el sentido de hacer del multilingüismo y de la lengua propia una riqueza cultural y no un problema. La formulación y la aplicación de esas políticas de cara a 2010 es responsabilidad de la comunidad universitaria, pero como en todo, hay quienes son más responsables que otros.