Vascos en la marca España

EL pasado 29 de junio el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto por el que se crea la figura del Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España. El nombramiento ha recaído en el prestigioso empresario Carlos Espinosa de los Monteros que, tal y como están las cosas, va a tener que dar lo mejor de sí mismo para conseguir los ambiciosos objetivos que le han encomendado. Entre otros fines deberá promover medidas para mejorar la imagen exterior de España disponiendo para ello de las herramientas necesarias para conocer y medir la percepción de nuestro país fuera de nuestras fronteras e impulsar la planificación de nuestra acción exterior. Promoverá también la colaboración de entidades públicas y privadas que ayuden de manera conjunta a mejorar nuestro atractivo y potencial en el mundo. La tarea del Alto Comisionado no pasa evidentemente por reverdecer los laureles de nuestras viejas hazañas y recordar a tantos egregios españoles que dieron lustre a nuestra patria, pero es evidente que sin un pasado como el nuestro no habría marca que relanzar porque simplemente habría que inventarla.

Por tanto, tenemos la ventaja de que la marca ya existe y se trata tan solo de acertar con el mensaje, de manera que España vuelva a ocupar el puesto que por derecho le corresponde en el concierto internacional. Un mensaje que ilusione en el extranjero y atraiga inversiones que nos ayuden a remontar la crisis y que, de igual modo, nos presente en el mundo como un país de primer orden en el que puede confiarse en situaciones difíciles. Está muy bien que seamos conocidos internacionalmente por los éxitos de nuestra selección de fútbol y que se hagan lenguas de Iniesta, Xabi, Torres o la inteligencia de Del Bosque, pero España es mucho más que un grupo de once jugadores. Somos un equipo de gente capaz y emprendedora con profesionales de primer orden que lo mismo pone en marcha un tren entre Medina y la Meca, construye una central eólica en Texas o consigue una vacuna contra el sida. En definitiva, España es un país de oportunidades sí, pero también el mundo es una oportunidad para los españoles.

Dicho lo anterior traigo el asunto de la marca España a colación porque de aquí a unos meses vamos a escuchar de manera permanente, al menos hasta la celebración de las elecciones autonómicas vascas, la necesidad de que los vascos hagamos rancho aparte para no vernos «arrastrados» por las dificultades financieras que atravesamos actualmente. Los vascos hemos sido desde antaño altos comisionados o si se quiere en terminología más modesta, avezados agentes culturales y comerciales de España. No tendríamos la gloria de que hoy disponemos sin personajes como Elcano, Urdaneta, Legazpi, Blas de Lezo, Juan de Garay, Ignacio del Loyola, el Almirante Churruca, Ramiro de Maeztu, Unamuno, Baroja, Zuloaga y tantos otros que por su condición de vascos indisolublemente unidos a España trascendieron con su obra los pequeños límites de nuestras tres provincias para llevar a los últimos confines del mundo nuestra lengua, nuestra fe, y nuestra forma de entender la vida y el trabajo. Cierto es también que mucho más recientemente otros nombres han contribuido no ya a restar lustre a España sino a situarla como un punto negro en Europa y el mundo entero por la actividad de una banda terrorista que ha conculcado de manera sistemática los derechos humanos con sus asesinatos, secuestros y extorsiones.

Junto a los ilustres nombres que citaba antes hay otros que lejos de aportar a la marca España y acrecentar nuestro prestigio, se han caracterizado por desprestigiar a nuestro país a la vez que intentaban terminar con el magnífico sistema político surgido de nuestra ejemplar transición. Los Otegi, Antxón, Rufi Etxeberría, Josu Ternera, De Juana, Txeroki, Txapote y demás adláteres, auxiliados por los Goiricelaias, Iruin y Zuluetas de turno, pese a su condición de españoles solo han tenido un empeño en su mezquina existencia. Tratar de acabar con su propia identidad terminando con las vidas de aquellos que por ser vascos no podían ser otra cosa que españoles, sintiéndolo además con el natural orgullo de pertenecer a una gran nación.

Las personas citadas en el párrafo anterior a pesar del sufrimiento causado, son un minuto, trágico, pero minuto al fin, en la secular historia de España. Por suerte hay otros vascos, coetáneos de los citados, que dejaran el poso adecuado porque heredaron el espíritu libre, culto y emprendedor de aquellos otros que siglos atrás nos precedieron. Vascos admirables como Inma Shara, Juan Pablo Fusi, Joaquín Achúcarro, Ainhoa Arteta, Imanol Arias, Fernando García de Cortazar, Paloma O,Shea, Agustín Ibarrola, Eduardo Chillida y tantos otros que han llegado más lejos porque han sabido sumar y no restar, que es la clave para ser grandes en cualquier empresa que uno se proponga.

Dada la acreditada capacidad de Carlos Espinosa de los Monteros no creo que sea necesario recordarle que no permita que la negra historia de cincuenta años de horror, le haga olvidarse de tantos otros vascos, la mayoría, que día a día, y algunos como los citados de manera excepcional, han hecho más grande a nuestra Patria y son sin duda un activo de primer orden en la titánica tarea que le han encomendado. En definitiva pretendo con estas líneas que España no se olvide en este arduo trabajo que ahora comienza de la aportación de los vascos, porque los vascos no lo hemos hecho jamás de España.

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