Venezuela ha dejado atrás a sus ancianos

Durante los primeros meses de 2022 han ocurrido en Venezuela hechos que muestran que la crisis del país no amaina, aunque por momentos se ralentiza. Sin embargo, emergen fragmentos del reto que el país representa para sus habitantes y para la región. El hallazgo del cadáver de Ysbelia Hernández, una mujer de 74 años, junto a su esposo, Pedro José Salinas, de 83, en grave estado de deshidratación, develó un asunto de fondo que se nota en muchas partes del país: la crisis económica y la migración de millones de personas ha dejado en una situación de vulnerabilidad a personas adultas mayores que se quedan solas, cuidando nietos y con ingresos mensuales excepcionalmente bajos.

La migración ha modificado la estructura y las rutinas familiares. El cuerpo sin vida de Hernández y un agonizante Salinas, abogada y profesor universitario respectivamente, permanecieron tres días en el apartamento donde vivían hasta que, alertados por familiares que viven fuera del país, los bomberos lograron ingresar.

En Venezuela, las personas adultas mayores, incluso aquellas con autonomía, suelen permanecer en el entorno familiar. En muchos casos se apoyan en un sistema de soporte de parientes y en otros casos además contribuyen a la economía familiar porque asumen tareas como cuidadores de los niños de la familia. En un pasado reciente, los mayores aún podían contar con un sistema de seguridad social que les permitía acceder a algunos bienes o al menos satisfacer necesidades básicas. La crisis económica que llevó a la hiperinflación hizo que todo eso cambiara. Ni ahorros ni pensiones alcanzan. El monto de una pensión de un profesor universitario no llega a 10 dólares y el de un obrero es menos de un dólar mensual. Puede ayudar saber que un kilo de carne cuesta siete dólares.

La salida del país de grandes grupos de la población nos ha convertido en un país de abuelos “huérfanos''. Muchos de ellos son monitoreados en la distancia por familiares y amistades. Otros se han quedado a cargo de los nietos, mientras las y los adultos jóvenes se establecen en otros países. Por eso, el hallazgo del cadáver de la jubilada venezolana conmocionó en un principio. Se temía que hubiese muerto de inanición, como ocurrió con dos hermanos, de 71 y 72 años, cuyos cadáveres fueron hallados en su vivienda en octubre de 2020, luego de varios días. Ambos presentaban signos de desnutrición.

De acuerdo con la asociación civil Convite, en Venezuela “todo el universo de pensionados es pobre”. Su director, Luis Francisco Cabezas, asegura que en una encuesta hecha a adultos mayores, 75% de las personas reveló que su vida depende de otro para sobrevivir

Trabajadores de la emblemática empresa Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), que cuentan con un fondo de pensiones particular, denunciaron en una protesta que la estatal adeuda más de 7,000 millones de dólares a sus jubilados. Una de las afectadas, Morelia Orozco, contó al medio venezolano Efecto Cocuyo que, a sus 77 años y luego de una carrera profesional, debe vender “tequeños” (palillos de trigo relleno de queso) para poder tener algún ingreso que le permita comprar comida.

Mientras la ayuda internacional que ha llegado a Venezuela se enfoca en niños, mujeres y otros sectores vulnerables, son salvadas las acciones dirigidas a los adultos mayores. En jornadas de protesta recientes, grupos organizados han reclamado al Estado venezolano que homologue las pensiones. Los programas de atención social no son suficientes para dar respuesta a esta población de unos cinco millones de personas.

Esta crisis económica, mezclada con la migración venezolana, ha cambiado la dinámica familiar. De hecho, en la experiencia como reportera en la zona fronteriza de Estados Unidos y México, he observado ancianos que acompañan a sus nietos o hijos en su ingreso al país por pasos no habilitados. Algunos me han dicho que van hacia el norte a llevar a sus nietos. Otros, son llevados por sus hijos, asumiendo siempre un gran riesgo. Las necesidades de reunificación familiar muestra lo complicado que es para un migrante velar por sus padres en Venezuela.

La situación de Venezuela no es coyuntural. Tenemos una población vulnerable en la que incluso se han invertido roles (jóvenes que deben mantener económicamente a sus padres y hermanos) y millones de vidas trastocadas por falta de políticas públicas que les permita tener una existencia medianamente manejable. Mientras, la vida de muchos se pierde y la de otros se consume, los grupos que reclaman por los derechos de las personas mayores piden que “cese el exterminio”. Una exigencia que parece importarle solo a unos pocos.

Luz Mely Reyes es periodista y analista política. En 2015 cofundó el medio independiente ‘Efecto Cocuyo’, del que es directora.

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