Verdades sobre tesis doctorales

El Real Decreto 99/2011, de 28 de enero, por el que se regulan las enseñanzas oficiales de doctorado, se fundamenta en los parámetros de calidad establecidos para el Espacio Europeo de Educación Superior en los Comunicados de Berlín (2003), Bergen (2005) y Lovaina (2009). Ese Real Decreto dispone que «el componente fundamental en la formación doctoral es el avance del conocimiento científico a través de la investigación original». Y añade: «Los participantes en programas de doctorado no son sólo estudiantes sino investigadores en formación. Con ello se enlaza […] la formación doctoral, la carrera investigadora y la transmisión del conocimiento a la sociedad».

La tesis es el trabajo de investigación requerido para la obtención del título de doctor. En su artículo 13, el Real Decreto especifica que «la tesis doctoral consistirá en un trabajo de investigación» y que «las universidades […] establecerán procedimientos de control con el fin de garantizar la calidad de las tesis doctorales». La tesis debe ser, en definitiva, «original» y constituir un «avance del conocimiento científico»; es decir, debe realizar una aportación novedosa a la ciencia además de poseer entidad y relevancia científicas.

Realizar un trabajo de investigación -ya sea una tesis, una tesina, un artículo o un libro- es andar un largo y a veces tortuoso camino, que parte de un inicio y unas intenciones (que son las hipótesis) para recorrer una distancia (esto es, para acometer un análisis) hasta alcanzar un destino (que son las conclusiones). Igual da la distancia del camino: el requisito indispensable para que una investigación sea «original» y «avance el conocimiento» es que el análisis sea riguroso metodológicamente y alcance unas conclusiones de valor cualitativo para la ciencia. Ello pudiera requerir 500 páginas o apenas 100. En el campo de las humanidades, por ejemplo, las universidades británicas imponen una extensión máxima de 100.000 palabras (unas 250 páginas) a las tesis doctorales; en Holanda, 80.000 palabras. Hay quien escribe 500 páginas sin exponer nada nuevo: recorre su camino partiendo de hipótesis irrelevantes y dando palos de ciego sin alcanzar conclusión alguna de valor científico.

Conforme a los procedimientos administrativos de cualquier universidad, con una tesis carente de valor científico se puede obtener lícitamente el grado de doctor, si el tribunal designado así lo dispone. En mis años como profesor y catedrático en la Universidad de Edimburgo formé parte de tribunales de la casa que evaluaron tesis pésimas, y fui testigo de la elaboración de otras asimismo ayunas de todo mérito científico. Cuecen habas aun en las universidades más alcurniadas.

La comunidad científica internacional concuerda en que existe algo peor que un trabajo de investigación irrelevante: un trabajo que contenga plagios. El plagio es una suerte de robo intelectual, pues al plagiar se presenta como propio y original lo que no lo es. Los llamados programas antiplagio no identifican plagios, sino que indican las coincidencias de un texto con otros. Coincidencias siempre habrá, toda vez que cualquier análisis científico debe tener en consideración todos los análisis anteriores y referenciarlos debidamente. Uno de esos programas podría revelar que, pongamos por caso, un texto presente una coincidencia del 20% con otros textos sin que se haya incurrido en una sola instancia de plagio, mientras que otro texto con una coincidencia del 5% podría contener plagios de peso. En muchos países, incluido el nuestro, esos programas se emplean para identificar trabajos que contienen un porcentaje elevado de coincidencias. Cuando el programa muestra un grado de coincidencia extraordinariamente alto, el profesor queda avisado para que compruebe si el texto reproducido aparece referenciado. En algunos países, el plagio, desde un ensayo de primero de carrera, se tiene como una de las faltas más graves y se penaliza severamente.

El quid de la cuestión radica en que la tesis doctoral presente una investigación original y constituya una aportación científica enjundiosa. Plagiar supone presentar una investigación de menor originalidad por cuanto que se sustenta en datos y argumentaciones ya trillados. El propósito de una tesis doctoral es que se evalúe, como lo es el de cualquier examen. Plagiar en una tesis es tanto como copiar en un examen, siendo la lectura de la tesis la prueba de más alto nivel en el sistema educativo. No importa si en un examen copiamos la respuesta a una pregunta o si copiamos 10: la universidad que se percate de la infracción habrá de enjuiciar su envergadura y sopesar la penalización aplicable.

En lo que a la tesis del presidente del Gobierno respecta, que programas de detección de plagio establezcan coincidencias del 13 o del 21% con otros textos no implica axiomáticamente que haya o no haya incurrido en plagio. Ante la estridente controversia suscitada, de una parte, por las informaciones sobre plagios en esa tesis y, de otra, por los categóricos desmentidos del autor y su entorno, a la UCJC es imperativo honrar su integridad y la del presidente sometiendo la tesis a una investigación que establezca con solvencia si se infringió la normativa en lo concerniente a la originalidad de sus contenidos. Como imperativo es, igualmente, que así proceda con celeridad, antes de que cualquiera se le adelante presentando una denuncia y un juez tenga que incoar diligencias previas, como ha ocurrido con otros casos. Esperamos y deseamos de todo corazón que la autoridad universitaria competente cumpla con su cometido y, también, que la tesis esté libre de toda mácula, por la imagen de nuestra política y también de nuestras universidades.

Juan Antonio Garrido Ardila es investigador científico de la Universidad de Ámsterdam, catedrático honorífico en la de Malta y, anteriormente, catedrático de las de Edimburgo (Reino Unido)y Lund (Suecia).

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