Verdades y mentiras

Hace unos días fue juzgado en la Audiencia Nacional un sanguinario etarra que cometió sus crímenes en los años 80. Hubo dos juicios contra él, uno por el asesinato de tres guardias civiles en Salvatierra (Álava) y otro por la muerte del jefe de la Policía Municipal de Vitoria. Asistí al segundo y pude contemplar como este individuo -altivo y desafiante- tras declararse orgulloso militante de ETA, se negó a declarar y rechazó la legitimidad del Tribunal.

A continuación fueron llamados los numerosos testigos inculpatorios en la causa y uno a uno, los que fueron cómplices y colaboradores necesarios en el asesinato que se juzgaba, negaron sus testimonios previos ante el juez. Todos ellos, perfectamente orquestados, respondían del mismo modo, alegando olvido y torturas. Todos mintieron descaradamente, todos se esforzaron en proteger a su compañero «militante», todos actuaban absolutamente sincronizados, bajo la batuta de ETA.

Este juicio ha pasado desapercibido. Tal vez porque lo que en él ha ocurrido no se adecúa al actual canon promovido como políticamente correcto. Es muy desconcertante leer que el Ministerio del Interior afirma que ETA y sus presos no se comunican mientras se asiste a un juicio en el que se puede observar palpablemente cómo la banda establece la forma de actuar de sus miembros y colaboradores cuando son llamados por la Justicia para testificar. No es verdad que ETA y sus presos no se comunican. Claro que lo hacen. ¿Quién si no paga a los abogados? ¿Por qué si no en los juicios los testigos actúan siempre del mismo modo?

ETA sigue controlando férreamente a sus presos, ésa es la verdad, pero no tendría por qué importarnos ya que los terroristas que están en la cárcel no son un peligro para la sociedad y además están purgando todo el daño que han causado.

No entiendo la inmensa preocupación por los presos y su arrepentimiento, no entiendo ese interés por que salgan cuanto antes de prisión, no entiendo ese gran esfuerzo en una dirección determinada que distorsiona la realidad de la enorme crueldad consustancial de los que forman parte de ETA. No entiendo por qué se oculta lo que no interesa. No entiendo que cobre fuerza el planteamiento de las víctimas vengativas por reclamar justicia.

¿Por qué nos tiene que parecer normal que el cumplimiento de las penas salga a precio de saldo? A veces, la ingeniería social funciona y de tanto repetirlas las mentiras se convierten en verdades. Pero cuando con los terroristas se pretende elevar la anécdota a categoría sólo se está contribuyendo a construir una gran falacia.

Y mientras nosotros nos dedicamos a perdonar y a olvidar con magnanimidad, los más radicales, sectarios y fanáticos batasunos vuelven a tomar el control de sus partidos tapadera y se lanzan a la conquista del poder empezando por un condenado por pertenencia a banda armada, nuevo portavoz de EH Bildu en el Parlamento Vasco. ¿Sería mucho pedir que la ley inhabilitase de por vida para ejercer cargos públicos a los condenados por terrorismo?

Hace unos días, un asesino de ETA fue juzgado y nada en aquel juicio fue como nos lo están contando. Pero, nos guste o no, la verdad, tarde o temprano aflora y nos pone ante la evidencia de nuestros errores y de sus consecuencias.

Ana Velasco Vidal-Abarca es hija de Jesús Velasco, asesinado por ETA en 1980, y de la fundadora de la AVT Ana María Vidal-Abarca.

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