Víctimas, verdad y memoria

Hace ocho años, el Congreso de los Diputados decidió, por unanimidad, dedicar todos los 27 de junio a las víctimas del terrorismo. Es un reconocimiento institucional de justicia, como es de justicia que los demócratas españoles honremos su memoria cada día y todos los días. Porque el recuerdo de las víctimas nos ayuda a defender la democracia y la convivencia pacífica en libertad, justo lo que el terrorismo intenta destruir para después imponer un proyecto totalitario levantado sobre el miedo y la mentira.

Elegimos un 27 de junio porque ese día, en 1960, la banda terrorista ETA cometió su primer asesinato: mató a una niña de sólo 22 meses, Begoña Urroz. Desde entonces, pero de forma muy especial desde que los españoles logramos poner en marcha nuestra democracia, hace ahora 40 años, el terrorismo de ETA nos ha golpeado, de forma inmisericorde, con un macabro goteo de atentados, secuestros, asesinatos y matanzas, como la de Hipercor de hace ya 30 años que recordábamos hace apenas unos días.

Este año celebramos momentos estelares de nuestra democracia tan memorables como las primeras elecciones libres, el inicio de la redacción de la Constitución o los Pactos de La Moncloa. Pero también recordamos el dolor causado por todos los atentados de ETA, una banda terrorista que, desde la Transición, buscó socavar nuestra convivencia en libertad.

Hemos logrado sobreponernos al lastre de esos enemigos de la democracia y les hemos derrotado porque sus crímenes no les han supuesto ningún rédito político. En la victoria tuvieron un papel muy destacado las víctimas, con su ejemplo de entereza y, también, con su exigencia de memoria, dignidad y justicia. Y ahora que ETA está derrotada, nos queda el triunfo de la verdad. Nos queda contar las cosas tal y como sucedieron; no dejar entreabierta ninguna rendija por la que puedan colarse la mentira o el olvido. Conseguirlo nos ayudará a plantar cara a las nuevas formas de terrorismo que, con creciente frecuencia, atacan a la convivencia en todo el mundo.

Porque el terrorismo busca la voladura de la democracia y el entierro de la libertad. Como su proyecto es totalitario, democracia y libertad son sus mayores enemigos. El terror busca desestabilizar a la sociedad por el desánimo y el desasosiego de sus gentes, pretende estremecerla para dinamitar la convivencia, carga el odio como arma con la que disparar contra nuestro deseo de vida en libertad.

Reivindicar la memoria de las víctimas puede ayudarnos, y mucho, a sobreponernos al doloroso desgarro del vil asesinato. Las víctimas representan a la sociedad agredida por unos malvados que deben ser respondidos con toda la deslegitimación social, política y, sobre todo, ética de las personas de bien. Intentarán escudarse en credos e ideologías. Nuestra primera obligación es desenmascararlos como lo que son: unos desalmados.

Las víctimas, a cambio, son la referencia moral que simboliza la defensa de la libertad y del Estado de Derecho frente a sus enemigos. Si el terrorista busca cosificar a las víctimas, privándolas de su humanidad para rebajarlas al papel de una muesca más en su macabra ruleta contra la libertad, nosotros, los demócratas, al reivindicar la memoria de cada víctima, de todas las víctimas, reforzamos la defensa colectiva de la libertad, de la democracia y del Estado de Derecho.

El mundo afronta ahora la terrible amenaza del terrorismo yihadista. En España lo conocemos porque nos golpeó con inusitada crueldad en los atentados de marzo de 2004. Hacerle frente unidos, reforzando nuestra cooperación policial y judicial, y con la defensa de la memoria de las víctimas, nos hará más eficaces a la hora de afrontar esta amenaza.

En el Consejo Europeo del pasado fin de semana, España defendió ante nuestros socios la necesidad de dar mayor protagonismo a la defensa de las víctimas en la batalla contra el terror. A iniciativa de España, la Unión va a poner en marcha una «Carta Europea de Derechos de las Víctimas» que ayudará a garantizar y reforzar su protección en todos los países europeos. Porque al defender a las víctimas estamos reforzando la lucha contra el terror con la mejor arma: la dignidad de las personas inocentes.

Por nuestra experiencia, sabemos que la lucha contra los terroristas debe apoyarse en un conjunto de sólidos pilares. La prevención, con la vigilancia de la radicalización; la serenidad en la respuesta a los ataques; la unidad de todos los demócratas; la cooperación internacional; el apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado; las reformas legales que refuercen nuestra capacidad de respuesta, y la garantía de que siempre prevalecerá el Estado de Derecho son los mejores acompañantes de la reivindicación de la memoria de las víctimas en la batalla contra el terrorismo. Seremos más eficaces en ese combate si lo hacemos unidos, y en el último Consejo Europeo hemos dado pasos muy relevantes en la dirección correcta.

Europa está en condiciones de afrontar unida esta lucha. La principal batalla es moral, porque los demócratas defendemos la vida y la libertad de las personas, mientras que el terrorismo busca destruir la vida y la libertad porque desprecia a la gente, porque la considera un estorbo a la hora de imponer su proyecto totalitario, sea cual sea ese proyecto totalitario.

Estamos en condiciones de ganar porque el terror quiere destrozar lo que todas las personas, de cualquier creencia, queremos por encima de todo: nuestra vida y nuestra libertad. Sabemos que la batalla no será ni fácil ni rápida. Conseguiremos ganarles si, frente al odio y al ansia de destrucción, contraponemos el mejor ejemplo: el de las víctimas. Hoy, en España, celebramos su día. En realidad, todos los días lo son y tenemos una impagable deuda con todas ellas y con sus familias. Sirvan estas líneas para rendirles el homenaje de memoria, dignidad, justicia y verdad que merecen.

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno.

1 comentario


  1. Señor Rajoy: Begoña Urroz con un 100% de certeza no es víctima de ETA. Las bombas del 26, 27 y 29 de junio de 1960 (tren correo Madrid-Barcelona, estación del Norte de Madrid, esatción del Norte de Barcelona, estaciones del Norte y Amara de San Sebastián, y estación de Achuri de Bilbao) fueron del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación). Es bastante tonto intentar colar ahora como etarra un atentado claramente reivindicado por el DRIL. Para empezar, el mentor de esos atentados del DRIL de junio de 1960 aún vivía en marzo de 2010, cuando el Congreso de Diputados institucionalizó la farsa de que Begoña Urroz era víctima de ETA. Lo del “Begoña Urroz, víctima de ETA” es esperpéntico.

    Víctimas, verdad y memoria.

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