Viejos trucos del nuevo general

La política arriesgada y suicida parece ser congénita en el caso de Corea del Norte. Durante el último periodo de mandato de Kim Jong Il, las amenazas y hábitos mendaces de su joven y rechoncho sucesor -su tercer hijo, Kim Jong Un, apodado “el joven general”- siguen caracterizando la diplomacia del reino ermitaño.

A raíz del anuncio de los planes de Corea del Norte de lanzar un cohete Unha-3 para situar el satélite “Estrella brillante 3” en órbita geoestacionaria a mediados de abril, esta última amenaza resulta ser la continuación de otra anterior. En realidad, el gesto equivale a la pronta anulación del acuerdo alcanzado con Estados Unidos hace pocas semanas.

La decisión de lanzar el satélite, planeada en su día por Kim Jong Il, abriga la clara intención de ofrecer un heroico logro militar a cargo de un nuevo líder carente de experiencia militar alguna. El régimen se propone fomentar el prestigio internacional de Corea del Norte y su moral interna al mismo tiempo, con una población supuestamente dispuesta a apoyar esta demostración de poderío tecnológico y militar del país.

Por otra parte -no es de sorprender tampoco en este caso-, los líderes de Corea del Norte afirman también que su intención es lanzar un satélite pacífico. Pero nadie, especialmente en la región, donde los misiles de Corea del Norte plantean la mayor amenaza, acepta esta afirmación en su sentido formal. Está claro que el cohete que se lanzará es de hecho un misil balístico de largo alcance, capaz de llegar a Guam, sede de una importante base militar de Estados Unidos.

Tan vaga y difusa resulta ser la nebulosa en que se inscribe la afirmación de Corea del Norte sobre su intención pacífica que no sólo las Naciones Unidas, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea han expresado una inmediata preocupación sino que también lo han hecho China y Rusia, tal vez los únicos dos países en el mundo que mantienen buenas relaciones con el régimen de Kim.

A pesar de la demanda casi unánime de moderación efectuada por la comunidad internacional, es muy improbable que Corea del Norte dé marcha atrás a sus planes de lanzamiento. Suspender estas pruebas de misiles no es, sencillamente, una opción que contemple un régimen cuya única pretensión de legitimidad es la amenaza militar que representa para los demás.

El anuncio del próximo lanzamiento está programado, como parece ser siempre el caso de las provocaciones de Corea del Norte, de acuerdo con las necesidades del régimen relativas a la alimentación de la población y los fondos de ayuda mundial para prevenir el resurgimiento de la hambruna masiva en el país. Por otra parte, el año 2012 es un año especial para Corea del Norte, empezando por la celebración del 70.° aniversario del nacimiento de Kim Jong Il el pasado día 16 de febrero. A esta celebración seguirá el 100.° aniversario del nacimiento de Kim Il Sungel día 15 de abril y el 80.° aniversario de la creación del Ejército Popular el día 25 de abril. Las masas subalimentadas del país no han sido invitadas a la capital, Pyongyang, para asistir a los desfiles correspondientes, de coste exorbitante. El lanzamiento del misil, según parece, habrá de bastarles.

El régimen utiliza el alimento como la moneda de cambio de su poder interno y de su política exterior. Para la conmemoración del aniversario del nacimiento de Kim Jong Il en febrero, se suministró un kilo de pescado a los residentes en un distrito, pero no así en ninguna otra parte. Al mismo tiempo, el régimen intentó negociar una ayuda de 240.000 toneladas de suplemento nutricional en sus recientes negociaciones con Estados Unidos y Corea del Sur, aunque Corea del Norte se vio obligada a devolver 30.000 toneladas de arroz de un paquete de ayuda alimentaria anterior como parte de su reciente acuerdo con Estados Unidos.

De hecho, el Norte deja pasar pocas ocasiones diplomáticas sin prácticamente forzar a sus interlocutores a contribuir a ayudarle en mayor medida. Para Kim Jong Un, incluso una reunión con funcionarios japoneses en Ulan Bator, la capital de Mongolia, para tratar el regreso de las mujeres japonesas que fueron a Corea del Norte con sus esposos coreanos pensando que se dirigían a un paraíso socialista, sirvió de plataforma para asegurarse ayuda alimentaria de parte de Japón.

Debían celebrarse negociaciones entre Song Il Ho, el embajador norcoreano responsable de la normalización de las relaciones con Japón, e Hiroshi Nakai, un ex ministro que negocia oficialmente la liberación de ciudadanos japoneses secuestrados por el Norte. Sin embargo, Nakai no pudo salir de Tokio y le sustituyó un pro fede Japón. Corea del Norte, tan atenta siempre al rango político y diplomático, habría enviado normalmente a un funcionario de menor categoría que Song Il Ho sí su homólogo era sustituido, pero en este caso no se hizo ningún cambio, tan extrema es la situación de Corea del Norte por el problema de la alimentación.

Corea del Norte, a continuación, pidió a Japón ayuda económica y suministro de alimentos a cambio de devolver no sólo a las mujeres japonesas en cuestión, sino también siete japoneses secuestrados por el Norte. La ayuda japonesa, al igual que el rescate pagado al secuestrador, debe haberse aportado para el día 15 de abril, justo a tiempo para la conmemoración del nacimiento de Kim 11 Sung, una indicación clara de las verdaderas intenciones de Corea del Norte y de su grado de extrema necesidad.

En estos momentos, teniendo en cuenta el coste potencial de dar al traste con el reciente acuerdo con Estados Unidos, la decisión de lanzar un misil de largo alcance lleva la situación extrema y agrava el grado de desesperación. De hecho, se ha llegado a indicar que se pretende que el lanzamiento sea una demostración de los logros de Corea del Norte en esta materia, dado que la República Islámica podría convertirse en un cliente en el apartado de venta ilícita de misiles y tecnología nuclear, una de las escasas fuentes de divisas fuertes para los norcoreanos.

Por tanto, el drama de Corea del Norte, que ahora protagoniza Kim Jong Un, sigue tocando la misma partitura, apoyándose en el chantaje desde las crisis amañadas en el exterior hasta la financiación de una brutal y espectacular represión en el propio país. A China, el verdadero director de la producción norcoreana, corresponde bajar el telón de este odioso espectáculo con su descarriada estrella.

Por Yuriko Koike, ex ministra de Defensa de Japón.

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