Vigencia de la Alianza de Civilizaciones

La Alianza de Civilizaciones es un instrumento indispensable para la seguridad nacional e internacional, y así se recoge en diversos documentos de nuestro país, de otros Estados y de organismos internacionales.En las últimas semanas hemos asistido con dolor y rabia a varios acontecimientos que han vuelto a suscitar el debate sobre la utilidad y/o irrelevancia de la iniciativa de la “Alianza de Civilizaciones”. Tan sólo unos días después del asesinato del soldado británico Lee Rigby en Londres y del ataque al militar francés Cédric Cordier, en La Défense de París, el Gobierno español ha aprobado la nueva Estrategia de Seguridad Nacional y, como elemento más significativo, ha decidido suprimir toda referencia a la Alianza de Civilizaciones. Sin embargo, hoy más que nunca nos enfrentamos a una tendencia que asume como fatalidad el “choque de civilizaciones”. El ataque a las torres gemelas, los atentados de Madrid y Londres, las consecuencias negativas de la guerra de Iraq, así como toda una percepción negativa hacia el mundo musulmán llevaron a políticos, analistas y expertos a buscar nuevos instrumentos y proyectos que evitasen el auto-cumplimiento de esa profecía. En este sentido, la “Alianza de Civilizaciones” fue una iniciativa recibida con entusiasmo y de manera unánime por toda la comunidad internacional, tanto por su oportunidad política como por su capacidad para aportar e incorporar nuevas ideas a ese eventual enfrentamiento “civilizacional”.

Desde que el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, formulara su propuesta en septiembre de 2004 hasta hoy, se han llevado a cabo importantes acciones para hacer realidad este proyecto y dotarlo de contenido. Su lanzamiento se culminó con la convocatoria del primer Foro, en enero de 2008 en Madrid y, desde entonces, Estambul, Río de Janeiro, Doha y Viena han sido las capitales que han acogido este gran foro civil, donde más de 6000 personas debaten con intensidad proyectos y programas para consolidar el diálogo, el entendimiento y la tolerancia entre comunidades y culturas diversas.

Podemos decir con orgullo que esta iniciativa dejó de ser un proyecto hispano-turco para convertirse en una plataforma de Naciones Unidas para combatir el odio y favorecer el diálogo intercultural. A ella se adhirieron más de 100 estados y varios organismos multilaterales. Bajo la dirección de Jorge Sampaio la Alianza respondió con eficacia a diversas crisis, como la provocada por la publicación de las caricaturas de Mahoma en Dinamarca. Además, supo definir las aéreas de actuación: juventud, educación, emigración y crear un mecanismo de “alerta temprana” para contrarrestar derivas informativas, tanto de imágenes como de noticias, relacionadas con acontecimientos en los que la religión o las expresiones culturales se presentasen de forma tendenciosa, deformando la realidad y exacerbando el rechazo y la animosidad hacia “otras civilizaciones”. Sin embargo, en los dos últimos años hemos observado como el sectarismo, la exclusión y el enfrentamiento vuelven a enarbolar sus tesis con mayor virulencia, como sucedió en junio de 2011 en la isla noruega de Utoya, donde Anders Behring asesinó a 86 jóvenes.

La geopolítica mundial ha situado nuevamente en el centro del debate internacional las relaciones entre occidente y el mundo musulmán. La “primavera árabe” con todos sus efectos contradictorios, el ascenso del “islam político”, los enfrentamientos sectarios entre suníes y chiíes, el asalto al Consulado en Bengazi y el asesinato del Embajador norteamericano, la inaceptable y permanente crisis siria, donde no se vislumbra un final mientras que condensa la quintaesencia de todo este mundo de enfrentamientos y rivalidades a la sombra de Irán y con la participación de Hezbolá…Estos y otros muchos episodios evidencian que cualquier estrategia nacional, regional o internacional de seguridad debe tener entre sus prioridades las relaciones con el mundo arabo-musulmán.

Las relaciones occidente-mundo árabe pasan hoy por una grave crisis. Es cierto que los altos dirigentes occidentales se esmeran en proclamar su respeto a la religión musulmana y la confianza en sus comunidades, pero tampoco puede ignorarse que las opiniones públicas están cada vez más alimentadas con prejuicios y percepciones negativas hacia los “otros”. Es ahí donde la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones centra su trabajo y sus planes de acción; por tanto, no se trata de ignorarla o abandonarla, sino más bien todo lo contrario, potenciarla. Es indudable que los resultados de esta iniciativa no pueden medirse a corto plazo, pues se necesitan constancia, esfuerzo y compromiso. España, que tuvo la visión de proponer esta iniciativa, no puede abandonar una vía que impulsa acciones para eliminar o, al menos, prevenir las tendencias irracionales del fanatismo y el odio.

La “mayoría social” occidental y musulmana reclama programas y proyectos de diálogo, convivencia y respeto, y los responsables políticos deben acompañar estas pretensiones para alcanzar estos objetivos, sin olvidar su incidencia en la seguridad y, por tanto, en el diseño de cualquier estrategia que se presuma realista y creíble.

Miguel Ángel Moratinos fue ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *