Violencia de género y medios de comunicación

Por María Pilar Rodríguez, Doctora por la Universidad de Harvard y profesora de la Universidad de Deusto (EL CORREO DIGITAL, 26/11/06):

Nadie duda ya del extraordinario poder de los medios de comunicación en nuestras sociedades no sólo en la transmisión y elaboración de noticias, programas y creaciones artísticas de muy diversa índole, sino también, y de modo más significativo, en la configuración de las posiciones éticas e ideológicas de las audiencias. En sentido amplio incluyen, además de la prensa, la radio y la televisión, otros canales de difusión tales como la publicidad, el cine, los videojuegos, los cómics, los vídeos de promoción musical o Internet. La reflexión que se propone hoy desde estas páginas se centra en la responsabilidad de los medios de comunicación en la conformación de la subjetividad de hombres y mujeres, especialmente en la niñez y en la juventud en lo referente a la noción de género entendida como el conjunto de creencias, actitudes, valores, conductas y actividades que diferencian a hombres y a mujeres a través de un proceso histórico de construcción social que va más allá de la mera diferenciación sexual.

Este proceso ha supuesto una desigualdad jerárquica de rasgos y actividades en niveles tales como la educación, el mercado laboral, la legislación o las relaciones interpersonales y afectivas, y todo ello ha adquirido un reflejo mediático que aún hoy persiste en ofrecer un retrato de las mujeres caracterizado frecuentemente por la indefensión, la inferioridad física e intelectual y una emotividad excesiva y desprovista de patrones eficaces para la resolución de conflictos. Es precisamente en la situación de desigualdad resultante de las relaciones desequilibradas de poder entre hombres y mujeres donde subyace la causa real de la violencia que cada año desemboca en el panorama terrible y desolador del alto número de muertes y lesiones físicas y psíquicas acaecidas.

El equipo de investigación de la Universidad de Deusto que dirijo (Género y medios de comunicación), integrado por las profesoras Larraitz Ariznabarreta, María Jesús Korkostegi, María Jesús Pando y Begoña Sanz, ha publicado recientemente el libro titulado ‘Tratamiento de la violencia de género en la prensa vasca’. Los resultados están fundamentados en una muestra de 1.337 textos periodísticos y en una encuesta realizada a 406 personas. En los resultados obtenidos se aprecia que el 69,97% de las personas encuestadas tiene como fuente exclusiva de información sobre la violencia de género a los medios de comunicación, lo que constituye un argumento definitivo en lo tocante a la responsabilidad de quienes informan tanto en el contenido como en la aproximación formal, estilística y visual de la transmisión. Las conclusiones de análisis detallado de los titulares, reportajes, entrevistas y artículos de opinión son demasiado extensas como para siquiera apuntarlas aquí ahora, pero baste constatar que la prensa vasca se muestra cada vez más consciente de la necesidad de realizar un correcto tratamiento informativo y que su carácter marcadamente progresista contribuye decididamente y con valentía a la sensibilización social y a la reflexión personal.

La televisión, por su parte, ofrece en demasiados programas una sucesión constante de imágenes y expresiones que alimentan precisamente ese patrón deformado de las mujeres como seres débiles, desprotegidos y sufrientes, o bien como alimañas ambiciosas y desalmadas. Es particularmente alarmante el trato que algunos programas llamados del corazón han otorgado al problema muy real de la violencia de género, al tratarlo en cada caso aislado de modo trivial en función del sensacionalismo y del espectáculo, desligándolo sin excepción del contexto de desigualdad de poder. Otros espacios, por el contrario, buscan un mejor tratamiento global que vaya más allá del enfoque correcto en una noticia determinada, pero el camino es largo, y quienes están a cargo de los diversos procesos de elaboración informativa deben asumir una responsabilidad ética que les impida prestarse a la propagación de estereotipos inadecuados.

Kofi Annan, con ocasión del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, lanzaba el siguiente mensaje el 25 de noviembre de 2000: «Recordemos hoy que la acción para eliminar la violencia contra las mujeres es responsabilidad de todos nosotros: la familia de las Naciones Unidas, los Estados afiliados, la sociedad civil y cada hombre y mujer». Ésta es la exhortación que urge rescatar hoy: no puede haber bases para la tolerancia hacia la discriminación de las mujeres ni debe tolerarse excusa alguna hacia cualquier forma de violencia ejercida contra las mujeres. Hemos de estar alerta en nuestra función como madres y padres, en las interacciones familiares, en la educación impartida en escuelas y universidades, en las disposiciones laborales y en los lazos desarrollados en nuestras relaciones afectivas para evitar el riesgo de propagar, siquiera levemente, cualquier noción que contribuya a denigrar la representación de las mujeres. Muy al contrario, importa ahora más que nunca lograr que este reflejo se aproxime a lo que la realidad ya va logrando, es decir, la plena integración de las mujeres en el mercado laboral acompañada casi siempre de difíciles y costosas negociaciones cotidianas para equilibrar los compromisos familiares. Si en nuestra experiencia diaria evitamos la proyección de modelos de mujer que lesionan su dignidad, más aún, si los rechazamos abiertamente y no permitimos su propagación, habremos dado un gran paso en ese esfuerzo colectivo en contra de la violencia de género.