Violencia en la escuela

Por Josep-Maria Terricabras, catedrático de Filosofía de la Universitat de Girona (EL PERIÓDICO, 29/09/06):

Acaba de salir un informe sobre acoso y violencia en las escuelas, que ha causado un gran impacto: trata un tema de gran preocupación social y extrae unos resultados muy negativos. Los estudios sociológicos tienen un atractivo extraordinario, pero son peligrosos cuando se toman como si fueran una ciencia exacta. Trabajar con cifras y porcentajes da, es cierto, una pátina de objetividad y de rigor que a menudo se rompe si se rasca un poco la superficie. Eso es lo que le pasa, me temo, al informe Cisneros sobre violencia y acoso escolares.

Consideraciones antes de la lectura del informe. Un documento como este no es nunca neutral ni inocente. Y eso enseguida lo vemos. Fue presentado en Madrid el día 18 de septiembre al mediodía, pero a medianoche el equipo de investigadores ya había hecho una nota de prensa rectificando el error de algunas agencias de prensa que atribuían al texto la afirmación de que los alumnos que acosan a otros cometerán algún delito antes de los 24 años. Esta no es una afirmación del documento, sino de un estudio noruego. Pese a todo, días después, algunos medios aún lo repetían.

EN LOS DÍAS siguientes aparecieron dos notas de “apoyo al informe”: el día 19, la de “las asociaciones (de hecho, cuatro) contra el acoso escolar y laboral del País Vasco y Navarra”; el día 20, la de “las asociaciones (de hecho, seis) contra el acoso escolar y del movimiento contra la intolerancia”. Mientras, responsables políticos, pedagogos y líderes sociales también se habían manifestado sobre el informe, a menudo con reservas, al menos desde Catalunya. Ahora, que haya grupos que, sin haber intervenido en el informe, lo “apoyen” es una novedad mundial en el terreno de la sociología científica.

En definitiva, indica que el tema es llamativo y que se aprovecha ideológicamente. ¿O es solo una casualidad que los malos resultados del trabajo se detecten en 14 comunidades, y que no se estudien La Rioja, la Comunidad Valenciana, las Baleares y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, todas ellas gobernadas pel PP? ¿Es una afirmación científica o ideológica la que hace Iñaki Piñuel, uno de los redactores del informe, cuando el 21 de septiembre, tres días después de publicarlo, escribe en el diario Abc, entre otras cosas, que las sucesiva reformas educativas han dejado al profesorado “indefenso ante la violencia”?

Porque, ¿qué hace el informe? El informe evalúa a más de 25.000 alumnos de entre 7 y 18 años, de más de 1.150 aulas, que han contestado el “autotest Cisneros” a su aire. Según los autores, el resultado es “la fotografía del estado del problema del acoso y la violencia escolares durante los meses de mayo-junio del 2006 en los centros educativos de toda España”. De hecho, ya hemos visto que no se hace en “toda España”. Si los autores solo quieren que sea una fotografía de dos meses, el estudio resulta muy poco significativo. Sin embargo, las reacciones que ha provocado indican que el trabajo tiene más pretensiones y quiere tener más proyección: quiere dar la situación del acoso escolar en España.

¿QUÉ DICE el informe? En resumen: casi un 25% de los niños y jóvenes de entre 7 y 18 años sufren acoso físico o verbal en las aulas; entre los niños de primaria, los acosados superan el 40%. Andalucía es la comunidad que peor queda (27,7%), Aragón la que queda mejor (18,20%) y Catalunya se mueve en la media. Entre los agresores, también hay profesores (casi un 4%). Pero aún hay más: un tanto por ciento muy elevado de jóvenes y niños tienen estrés postraumático, y el 50% de las víctimas acaban teniendo depresiones. Los resultados son tan malos que sorprenden a todo el mundo. Algunos medios catalanes hablaron de “datos alarmantes” y de “cifras aterradoras”.

Francamente, a mí las cifras me parecen ridículas y mal elaboradas. Entiendo que el informe tenga en cuenta no solo la violencia física, sino también la psicológica. Lo que no entiendo es que se ponga al mismo nivel “criticar, dejar de hablar o insultar”, como si fueran formas igualmente graves de acoso. Con los criterios del estudio, ¿no resultará que cualquier humano es un acosador? Y, si bien se dice que el maestro a menudo es culpable porque somete a los peores alumnos a burla pública, con lo que anima a reírse de ellos, también se afirma –sin explicar cómo encaja todo– que los agresores eligen víctima de forma “aleatoria”, sin motivo aparente, ya que tanto pueden maltratar al más despierto y la más guapa –obsérvese el machismo científico del trabajo–, como se pueden cebar con el más miedica.

En su alarmismo no explica por qué en tercero de primaria hay un 43,6% de acoso y en primero de bachillerato, un 11,4%. Ni se plantea qué tipo de sociedad es la que alimenta tantos monstruos. ¿De dónde sale toda esta chiquillería desenfrenadamente impresentable? Por entender algo, ¿no se tendrían que poner en relación estos resultados con la violencia social o la violencia machista, que últimamente ha crecido en Catalunya un 41%? Este informe me parece en sí mismo una agresión: a la corrección metodológica y a la finura intelectual. Seguramente servirá, sin embargo, para confirmar los prejuicios más negativos y más indiscriminados que mucha gente tiene hoy de la escuela, de los maestros y de los jóvenes. He aquí un pésimo servicio.