Viviendo el sueño saudita

Arabia Saudita lo quiere todo: salvar la OPEP, lograr la industrialización y la diversificación de sus ingresos, y conservar su cuota de mercado del petróleo crudo, sus subproductos, los petroquímicos y el gas natural licuado (GNL). La factibilidad de todo esto estará determinada en gran medida por lo que vaya aconteciendo en la industria del gas de esquisto en los Estados Unidos.

La revolución del esquisto estadounidense ha dividido a la OPEP según la calidad del crudo de sus miembros. Los exportadores de crudo ligero dulce (como Argelia, Angola y Nigeria) han perdido casi la totalidad de su cuota de mercado en los EE.UU., mientras que los exportadores de crudo sulfuroso o más pesado, como Arabia Saudita y Kuwait, han perdido poco.

Puesto que casi todo el crudo producido por los Estados del Golfo es sulfuroso, y la mayor parte del excedente mundial es dulce, si Arabia Saudita y sus vecinos redujeran la producción no lograrían que los precios volvieran a subir para reequilibrar el mercado del petróleo. La única manera de hacerlo -y evitar una ruptura de la OPEP- sería reducir la producción de crudo ligero dulce, incluso por parte de los productores estadounidenses, que por tanto perderían parte de su cuota de mercado. Si esto ocurriera, se podría esperar que los precios del petróleo volvieran a subir con relativa rapidez.

Si, sin embargo, Arabia Saudí sigue estando más comprometida con sus objetivos estratégicos de desarrollo, podrían persistir los bajos precios del petróleo. Desde la década de 1970, varios miembros de la OPEP, liderados por Arabia Saudita, se han esforzado por diversificar su base industrial mediante la promoción de sectores con ventajas comparativas, como la petroquímica, y la construcción de megarefinerías para permitir la exportación de productos con valor agregado. Al mismo tiempo, han ido ampliando las exportaciones de líquidos de gas natural, que no se cuentan en las cuotas de la OPEP, a fin de aumentar sus ingresos.

Pero justo cuando parecía que estaban lográndolo, surgió la revolución del esquisto de Estados Unidos, que ha amenazado los tres objetivos estratégicos principales de estos países. La clave para la competitividad de la industria petroquímica de Arabia Saudita fue el uso de gas natural y el etano, mucho menos costosos que la nafta, subproducto del petróleo de la que dependían sus competidores mundiales. Ahora que EE.UU. está produciendo grandes cantidades de gas natural y etano a bajo precio, está empezando a deteriorarse la ventaja competitiva de Arabia Saudita y su cuota de mercado.

Lo mismo ocurre con el refinado. Puesto que EE.UU. no permite las exportaciones de petróleo crudo, la revolución de esquisto hizo descender el precio de referencia de Estados Unidos, el West Texas Intermediate, respecto a los precios internacionales del crudo, a veces con diferencias de hasta $20 dólares. Las refinerías estadounidenses han aprovechado los precios bajos para aumentar sus exportaciones de derivados del petróleo; tanto es así, que hoy están amenazando la cuota de mercado de las refinerías sauditas en Asia y otras zonas del planeta.

Del mismo modo, las empresas estadounidenses han aumentado considerablemente la producción de GNL, lo que permite al país reducir sus importaciones de gas licuado de petróleo (GLP) y ampliar significativamente sus exportaciones de GNL. Como resultado, Arabia Saudita ha perdido presencia en el mercado frente a sus competidores estadounidenses en América Central y del Sur.

Pero la reciente caída de los precios del petróleo podría cambiar esta dinámica. Al negarse a recortar su propia producción, Arabia Saudita parece estar esperando que los bajos precios causen una reducción de la inversión en energía de esquisto en Estados Unidos que acabe por socavar el crecimiento de la producción local.

Los bajos precios pueden ya haber contribuido a los retrasos en la decisión de Estados Unidos de autorizar la exportación de crudo, así como a la viabilidad política del veto del presidente estadounidense Barack Obama al oleoducto Keystone XL, destinado a transportar petróleo de las arenas bituminosas de Canadá hasta el Golfo de México para su exportación. Si a eso se añade el retraso en la apertura del sector energético mexicano, da la impresión de que los bajos precios del petróleo podrían equivaler a una ganancia neta para el Reino.

Aunque es probable que la motivación de Arabia Saudita para no cortar su producción haya sido casi totalmente económica, los bajos precios del petróleo también podrían ofrecer claras ventajas políticas. La más notable es que la caída de los precios está creando serios retos para Irán, el principal rival del Reino en la región, así como para las inestables economías de Rusia y Venezuela, muy dependientes del petróleo. Ninguno de estos países cuenta con ahorros suficientes para amortiguar el golpe de la reducción de sus ingresos.

En estas circunstancias, parece probable que Arabia Saudita prefiera seguir negándose a recortar la producción de petróleo, dejando que los precios sigan bajos hasta que las fuerzas del mercado desencadenen un rebote. E incluso entonces el aumento de los precios podría ser limitado. Después de todo, la teoría de juegos plantea que, una vez que el excedente se elimina, el productor predominante debe evitar que los precios del petróleo suban hasta un punto en que nuevamente pierda cuota de mercado. Eso significa que Arabia Saudí tratará de obligar a los países que no son miembros de la OPEP, principalmente en América del Norte, a mantener los aumentos de producción de petróleo en consonancia con el crecimiento de la demanda mundial.

En pocas palabras, a Arabia Saudita le debería interesar que los precios del petróleo suban lo suficiente como para sostener su propia economía, pero no tanto como para sostener un aumento significativo de la oferta fuera de la OPEP. Con el fin de mantener los precios en este rango ideal, puede que incluso decida aumentar la producción nuevamente.

No es una estrategia exenta de riesgos. En el corto plazo, los precios excesivamente bajos podrían causar una inestabilidad política en algunos países productores de petróleo que acabara por hacerlos subir. Del mismo modo, los retrasos en las inversiones de exploración y producción, en especial los megaproyectos, podrían empujar los precios por encima del nivel ideal en el mediano y largo plazo.

Pero quizás el mayor riesgo radique en la industria del esquisto de Estados Unidos. En los próximos años, es probable que los productores estadounidenses se replieguen, se centren en sus áreas fuertes, mejoren la tecnología, reduzcan costes y aumenten la producción una vez más. En ese punto, podría ocurrir que la estrategia actual de Arabia Saudita ya no sea adecuada para mantener su dominio del mercado.

Anas Alhajji is Chief Economist at NGP Energy Capital Management. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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