Vivir juntos requiere esfuerzos

Tariq Ramadan, escritor (EL MUNDO, 11/07/05).

El mensaje de los criminales que atentaron en Londres es evidente: «Podemos golpear a las sociedades occidentales desde dentro; nadie está a salvo del terrorismo; contamos con los medios para elegir el momento más conveniente, los lugares más convenientes, los símbolos más convenientes». Debemos reconocer que su mensaje, al día siguiente del anuncio de la victoria de Londres para albergar los Juegos Olímpicos de 2012, ha sido contundente y terrorífico.

El objetivo de estos atentados es obligarnos a que nos demos cuenta de lo frágiles que son nuestras sociedades. Es a partir de esta sensación de fragilidad de donde surge el miedo; el miedo por uno mismo y el miedo hacia el otro.

El miércoles, los londinenses se sintieron unidos en la alegría.Ahora tenemos que hacer frente al riesgo de que el miedo les lleve a erigir muros de duda e incomprensión entre ellos. Todos sin excepción podrían llegar a tener la sensación de que pueden ser víctimas de los otros: de los extremistas musulmanes por una parte; del rechazo y el racismo por otra.

Quienes defendieron la teoría del choque de civilizaciones serán los auténticos triunfadores si dejamos que se empiece a sospechar de los seguidores de otras creencias religiosas y otras culturas.

¿Dónde reside nuestra fuerza y dónde residirá en el futuro? En primer lugar, debemos condenar estos atentados con la mayor energía; los musulmanes, al unísono con toda la sociedad británica. Ahora bien, condenarlos no es suficiente. Nuestros valores, nuestras sociedades, nuestro futuro en común exigen que seamos conscientes de las responsabilidades que compartimos.

Cierto, Londres es una sociedad multicultural pero, en común con el resto de Europa, sólo preservará su equilibrio pluralista mediante el compromiso personal de cada uno de nosotros en su vida diaria dentro de su propia comunidad.

Los musulmanes deben hacer oír su voz y explicar quiénes son, cuáles son sus creencias, qué es lo que defienden, cuál es el sentido de su vida. Deben tener el valor de denunciar lo que determinados musulmanes dicen y hacen en nombre de su religión.No van a tranquilizar a sus conciudadanos sólo con pretender que son «como ellos», sólo con decir lo que los demás quieren oír, sólo con volverse invisibles. Tienen que reafirmar su identidad, rechazar los discursos simplistas, fomentar el entendimiento crítico y autocrítico y salir de sus guetos intelectuales, religiosos y sociales.

Es imprescindible que las sociedades europeas vean que los musulmanes europeos se implican en las cuestiones de la sociedad de hoy: la participación ciudadana, la escuela, el desempleo… Su fuerza debe residir en negarse a ser víctimas y en convertirse en ciudadanos activos, políticamente comprometidos tanto a escala nacional como internacional.

En el nombre de la supremacía de la Ley, de la democracia y de los Derechos Humanos, no podemos aceptar que los derechos de los individuos (árabes o musulmanes) sean pisoteados o que sectores de la población sean señalados como blanco u objeto de discriminación en nombre de la guerra contra el terrorismo.

La fuerza de las sociedades democráticas descansa en su capacidad de conocer cómo resistir con toda firmeza a los extremismos al mismo tiempo que en la de actuar dentro del respeto a la justicia en los medios utilizados para combatir el terrorismo.

Lograremos alcanzar este equilibrio sólo si, una vez superada la conmoción por este atentado, todos y cada uno de los ciudadanos hacen el esfuerzo correspondiente por conocer mejor a su vecino, es decir, sus diferencias, su complejidad, sus valores y sus esperanzas.

No basta con que los sectores progresistas, de ideas más abiertas, proclamen que esto no es obra del islam. Es urgente que esos sectores salgan al encuentro de los musulmanes y actúen codo con codo con ellos en el plano práctico, de manera concreta y a diario.

Cada vez son más y más los europeos que se vuelven pasivos, que se consuelan a sí mismos con promesas solemnes y discursos idealistas: demandan medidas concretas contra el terrorismo pero piensan que eso de «vivir en comunidad» irá llegando sin esfuerzo, como por arte de magia.

El terrorismo caerá con enorme estrépito encima de todos nosotros si no conseguimos entender que una sociedad pluralista exige el compromiso personal y diario de todos y cada uno de los ciudadanos.

Los asesinos seguirán asesinando, de eso no cabe duda, pero hemos de ser capaces de responderles con una demostración de que nuestra experiencia de la fraternidad humana y del respeto mutuo es más fuerte que su mensaje de odio. Nuestras vidas serán frágiles, pero nuestro compromiso con nuestros ideales es inquebrantable.