Vivir más años y disfrutarlos

La demografía está presente en todas las facetas de nuestra sociedad, pero por ser tan obvio a veces podría quedar en un segundo plano. Es un tema delicado que ha de abordarse desde distintas disciplinas, de manera que en pocas líneas lo haremos solamente desde estas vertientes: la economía, el cuidado de los de edad más avanzada, las perspectivas en general de la precaria Economía del Bienestar y las ventajas de alargar el trabajo gracias a la mejora de la edad útil más allá de los rígidos planes de jubilación, en muchos casos sin cobrar, incluso como un medio para enriquecer con nuevas actividades la oportunidades que ofrece vivir con calidad más años.

En economía, la capacidad potencial de crear riqueza depende en primer término del capital que se invierta, pero gana importancia el adiestramiento de los trabajadores, el avance tecnológico, la productividad y la creciente incorporación de la mujer en las actividades de todo orden. Cuando los trabajadores envejecen, la productividad puede disminuir y algunos países propugnan la sustitución por otros más jóvenes para no perder la capacidad de competir. Japón los sustituye por la introducción de robots que permiten el ahorro de las tareas repetitivas y dan formación a los de edad más avanzada para que sustituyan con sus conocimientos lo que puedan perder en esfuerzo físico o muscular para manejar máquinas o levantar pesadas cargas. Pero no todo es negativo con el envejecimiento de la población. El denominado grupo o cohorte de “plata” – los que ya han cumplido los cincuenta-son ahora los más buscados. Ellos son el núcleo preferido para muchas campañas de marketing que buscan a quienes tienen poder adquisitivo y pueden gastar si no están todavía en el paro, porque los más jóvenes tienen que hacer frente a los gastos de levantar una familia, mientras que los que están todavía lejos de la jubilación pueden reciclarse y son los que pueden gastar más.

Afortunadamente, los avances en la medicina y mejores condiciones sanitarias han permitido que se alargue la vida útil y pueda prolongarse la actividad laboral, aunque existen trabajos que por su peligrosidad exigen jubilaciones anticipadas o plazos medios próximos a la jubilación media en España, que es de 63 años. En esta crisis, algunos bancos y cajas de ahorros españoles han descubierto que el envejecimiento relativo de sus empleados es una ventaja y no una sobrecarga sobre sus cuentas de resultados. Y sucede que los que fueron prejubilados a los 50 o 52 años, y conocían el análisis del riesgo de crédito en épocas de crisis, son buscados ahora porque esas entidades financieras no tienen empleados con unos conocimientos como los que vivieron la fuerte crisis de los años 1993 a 1995, cuando la morosidad superó el 9%. Sólo ellos saben cómo recuperar los créditos fallidos y las mejores formas de conceder los nuevos créditos, cada vez más escasos y con exigencias más duras. Incluso el Banco de España, aunque pueda parecer pura anécdota, ha tenido que recurrir a los ejecutivos bancarios jubilados pues tenía directivos que hubieran vivido crisis bancarias anteriores.

En todos los países industrializados se está extendiendo una preocupación común: ¿quién cuidará de nuestros ancianos? Japón, reacio siempre a permitir la entrada de emigrantes, ha tenido que aceptar la realidad de la demografía. Cada año contrata un número creciente de enfermeras y personal sanitario de Filipinas, hasta 130.000, para cuidar a sus pacientes o los que habiendo llegado a una edad avanzada no pueden valerse por sí mismos. De hecho, regiones enteras del país tienen ya poblaciones con mayoría de personas de más de 80 años. En Suiza, dentro de pocos años se necesitarán más de cien mil empleados sanitarios que el país no tiene. Otro caso parecido al de Japón.

No siempre es fácil y depende de las actividades y los conocimientos durante su vida activa. Primero: es necesario reformar los sistemas de pensiones públicos, de manera que den cabida al trabajo parcial a cambio de reducciones llevaderas de las pensiones, y un sistema fiscal también más flexible. En todos los países industrializados se constata el aumento de los que tienen más de 70 años y colaboran con la población en edad activa. En los países escandinavos, la sociedad del bienestar depende cada vez más de las familias. Yen el sudeste de Asia, cuando no existen sistemas públicos de asistencia sanitaria y tampoco sistemas públicos de pensiones es la familia la que cubre las necesidades de los más necesitados de cada grupo familiar.

Para concluir, las sociedades modernas redescubren las ventajas de tener una población que está alargando su edad de vida útil. Es una bendición que debemos a los avances de la medicina y no parece que la hayamos sabido reconocer y potenciar. No es una carga, sino una nueva manera de dar un sentido útil a quienes pueden contribuir a una sociedad donde el bienestar tendrá que basarse en el nuevo modelo de los países escandinavos.

Robert Tornabell, ex decano y profesor Finanzas de Esade Business School. Autor de El día después de la crisis, Ed. Ariel