Vox y el islam

De los 19 puntos que presentó Vox como propuestas para negociar un Gobierno del cambio en Andalucía, después de más de tres décadas de hegemonía socialista, queremos fijar la atención en uno de ellos que creemos muy representativo, a pesar de que ese documento ya es papel mojado, del perfil ideológico de la formación verde.

En el punto 11, titulado Control del fundamentalismo islámico, se hablaba sin más, siempre como propuesta, de la «supresión de subvenciones a asociaciones islámicas». No se decía yihadistas, porque entonces sobraría este comentario, ni siquiera islamistas, que todavía podría ser asumible, sino que se decía islámicas. Como creo que los responsables de la redacción de ese documento conocen el español, y conocerán la diferencia entre estas expresiones, pues a ello me atengo en estas observaciones.

La cuestión es que esta propuesta, de llevarse a efecto -y si no lo han medido los dirigentes de Vox indica aún mayor irresponsabilidad-, vulneraría el artículo 14 de la Constitución española («no puede prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social»), que tendría que ser reformada de un modo muy importante respecto a las prácticas religiosas en España, incluyendo en esa reforma artículos tan fundamentales como el 16 («se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley»), además del ordenamiento jurídico español que gira en torno a la ley de libertad religiosa del año 1980.

Porque, por supuesto, la concesión de subvenciones por parte del Estado es discrecional, y recibir subvenciones no es ningún derecho, pero no ser discriminado por razones de religión sí lo es, y la retirada de subvenciones sólo a las asociaciones musulmanas, y sólo a ellas, sí es discriminatorio.

A partir de la ley de libertad religiosa, el Estado ha reconocido como religiones de «notorio arraigo» en España, además del catolicismo, también al judaísmo, a los cristianos evangelistas, ortodoxos y mormones e, igualmente, también al islam. Como consecuencia de este reconocimiento, el Ministerio de Justicia ha otorgado subvenciones a algunas asociaciones religiosas, formadas alrededor de esas confesiones, formando a su vez, entre ellas, federaciones religiosas con el propósito de desarrollar, en negociaciones con el Estado, esa libertad religiosa (culto, ayudas, etc).

Pues bien, Vox plantea en esa propuesta la posibilidad de que, a las asociaciones islámicas -y la medida habla sólo de las asociaciones islámicas, insisto-, le sean retiradas las subvenciones por ser islámicas, por el hecho de ser islámicas, de tal modo que, si esta propuesta prosperase, se estaría vulnerando a todas luces el artículo 14 de la Constitución, al discriminar a una confesión frente a las demás.

No habría discriminación si el planteamiento fuera el de retirar las subvenciones a todas las asociaciones que las reciben. Pero no es el caso. La propuesta de Vox sólo se refiere en el documento a las islámicas (y es que, si fuera a todas, Vox no podría defender la enseñanza concertada, como, sin embargo, sí lo hace en ese mismo documento porque este tipo de enseñanza supone necesariamente la subvención a asociaciones religiosas, como son algunos colegios católicos).

De manera que Vox, por la vía de la retirada de subvenciones, y en la intención de neutralizar la acción del fundamentalismo islámico, vulnera el derecho de muchos españoles, en concreto, de los que profesan la religión islámica, a no ser discriminados por razón de religión. Y son vulnerados esos derechos, no como personas que profesan la fe islámica, sino como españoles (o extranjeros residentes o de visita en España).

Loable nos parece su fin, combatir el fundamentalismo islámico, pero no así; no a costa de aventajar políticamente a unos españoles frente a otros en función de la religión que practiquen. Los españoles musulmanes son tan españoles como los españoles católicos, ateos o protestantes, y no por ser musulmanes se puede consentir que sus derechos como españoles se vean disminuidos.

Pareciera que, por el hecho de ser España una sociedad católica, con una vida social marcada por el catolicismo -cosa que no negamos-, se buscasen por parte de Vox ventajas políticas para el catolicismo. Las ventajas sociales que pueda tener el catolicismo en España (coincidencia de los períodos vacacionales con las fiestas católicas, presencia de la Iglesia en actos litúrgicos que comprometen al estado, etc) ya vienen dadas por la tradición, y se han socializado hasta el punto de perder su carácter confesional (se para en domingo de trabajar para descansar, no para ir a misa de a 12, con independencia de que se pueda, por supuesto, ir a misa el que así lo considere oportuno; las vacaciones de Navidad se conceden, de nuevo, para el descanso, no para adorar al «niño-Dios» recién nacido, etc).

Además, pretender aventajar políticamente a la religión católica frente a las demás -sobre todo a la islámica-, se compadece mal con el hecho -parece ser ya plenamente reconocido por sus dirigentes-, de que el partido, durante la campaña a las europeas del 2014, haya recibido financiación de capital procedente de grupos asociados a la oposición iraní, algunos de ellos islámicos. Esto no tiene por qué significar nada -nada malo- mientras no existan irregularidades en la percepción que vulneren la legislación española, pero no encaja bien con un discurso que pretende el realce político de la religión católica por considerarla genuina a la sociedad española, como si el hecho de ser católico significase algún plus sobre el hecho de ser español; como si el auténtico modo de ser español no se cumpliese si no fuera dentro del catolicismo. Presumir de casticismo, como hizo Abascal en numerosas ocasiones, y recibir financiación de entidades extranjeras iraníes no termina de casar bien.

Claro que también es verdad que Vox lleva el pecado en la penitencia, y es que su nombre ya nos habla, en parte, de la ideología que se defiende desde este partido («nuestros principios y valores», les gusta repetir a sus dirigentes, como si ya, por decirlo, estuviera todo dicho). Vox populi, Vox Dei.

Pedro Insua es filósofo, profesor y autor, entre otros, de 1492, España contra sus fantasmas, editorial Ariel, 2018 y Guerra y Paz en el Quijote (Encuentro, 2017).

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