Wert y la caza del zorro

Hay verdades incontestables que ningún político de izquierdas ignora: la primera y más importante es que la derecha carece de legitimidad para gobernar aunque le avale una mayoría absoluta, por tanto, un Ejecutivo conservador no es más que una anomalía o un indeseable paréntesis entre dos gobiernos de izquierda o, lo que viene a ser lo mismo, entre dos periodos de plena e incontestable democracia. La segunda, no menos importante, es que no es función propia de la derecha ocuparse de la Educación y menos aún tener ideas propias respecto a la misma, por no hablar de la Cultura en relación a la cual, un partido como el PP no es sino un cuerpo extraño. La Educación y la Cultura son, por alguna suerte de ley natural, patrimonio de los partidos de izquierda o de los nacionalistas y por ello, cuando el PP ha pretendido hacer oír su propia voz en estas materias, en lugar de limitarse a continuar las políticas marcadas por la izquierda, se ha considerado una aberración a combatir hasta que, un cambio de gobierno permita derogar, sin consenso alguno, la ley que el PP haya osado aprobar y en la que se hay permitido reflejar no ya su modelo educativo sino su execrable ideología. Mientras tanto, el ministro o ministra que pretendan modificar el statu quo de 30 años de vigencia de leyes educativas socialistas, deberá pasar por las horcas caudinas del ridículo y, si cabe, de la reprobación. Y así de la espuria anécdota relacionada con Saramago, atribuida a Esperanza Aguirre, pasamos a la consideración de meteduras de pata de todas y cada una de las declaraciones del ministro Wert, método perverso con el negarle a él, y por extensión, al PP, la legitimidad intelectual para mantener ideas propias sobre una materia que, en opinión de la izquierda, le debería estar vedada.

En el caso de Wert, la caza se inició relativamente pronto, quizás porque se pensó que no hay peor cuña que la de la misma madera y que todo hacía presagiar que no sería un ministro silente. De ello es buena prueba el número de preguntas que ha debido responder, tanto en el Senado como en el Congreso -sólo por detrás del ministro de Hacienda-, como también lo es el que no sea interpelado necesariamente por los portavoces de Educación de los partidos de la oposición sino, en muchos casos, por sus pesos pesados.

La reprobación del ministro no es sino un nuevo capítulo con el que hacer creer que éste, y no sus ideas -compartidas, por otra parte, por el conjunto del PP- es el problema, y que su destitución podría suponer la paz al partido en el Gobierno.

Pero para que ésta se hiciera efectiva, el Ejecutivo debería dar marcha atrás en sus reformas. Es decir, aunque todos los indicadores le muestren la pésima situación en que se encuentra la Educación en España pese a los recursos invertidos. Aunque dicho panorama se traduzca en una escalofriante tasa de abandono escolar temprano y, por tanto, en la merma de oportunidades para los jóvenes. A pesar de que los males de la Educación en nuestro país no sean contingentes sino estructurales. A pesar de todo ello, el Gobierno debería limitarse a seguir inyectando los recursos que no se tienen, sin más criterio que el que éstos no disminuyan jamás.

Pero parece que el Partido Popular no está de acuerdo en que sea ésta la única alternativa, y menos aún en resignarse ante una situación de la que depende el futuro de nuestro país y para la que cree tener soluciones. Por eso, creo interesante transmitir al PSOE algo que quizás ignora: el problema no es Wert.

Gari Durán es senadora del PP por Baleares.

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