Wikileaks y la seguridad internacional

Wikileaks ha hecho públicos menos del 1% de los 251.287 documentos del Departamento de Estado estadounidense que se ha anunciado que verán la luz. Suficiente sin embargo para conmocionar el mundo del periodismo, que anda discutiendo cuál es el papel de los medios en esta nueva época de filtraciones masivas (o robos de información) que se cuelgan en internet. Lo que no es tan evidente es la repercusión que este asunto tendrá sobre la seguridad internacional y, en particular, sobre la diplomacia. El enorme volumen de información pendiente nos hace pensar que las consecuencias del Cablegate en el conjunto de las relaciones internacionales están todavía por determinar.

Pese a la enorme repercusión pública, no se puede decir que lo visto hasta ahora sean descubrimientos sorprendentes para los interesados en la política internacional que estuvieran siguiendo con cierto detalle los asuntos que ahora se han ido desvelando en los documentos. Sin necesidad de ser un dirigente importante, un diplomático o un espía con acceso a los secretos de Estado, los aspectos fundamentales que se van recogiendo en los telegramas son cuestiones que en su mayoría se conocen porque ya han aparecido en prensa, en revistas especializadas, en coloquios o en informes y análisis de los think tanks .

Lo que piensan los funcionarios de EEUU sobre las armas nucleares de Pakistán, las opiniones árabes sobre el programa nuclear de Irán, las informaciones de las rutas africanas de la coca y la heroína, la corrupción en los estados de Asia Central, los intentos de España de levantar el embargo de armas a China o el enfado de Washington por la retirada española de Kosovo, por citar unos ejemplos, no son grandes secretos que acaba de descubrir Wikileaks ni deben sorprender a los informados redactores de internacional de los medios que los publican.

La sorpresa es más bien que estos temas ocupen las primeras páginas y no los espacios de breves donde habitualmente se encontraban. Nada se vende mejor que poniéndole un sello de confidencial o secreto, sea realmente importante o no, y hay mucho de eso en cómo se están presentando los papeles del Departamento de Estado.

Que hay información hasta ahora desconocida en estos cientos de miles de páginas, seguro. Si no lo hubiera, sí que sería una gran decepción, porque significaría que la diplomacia estadounidense hace mal su trabajo. Decía Abba Eban, antiguo primer ministro israelí, que la diplomacia debe ser juzgada por lo que previene, no sólo por lo que consigue, y esto difícilmente se podría hacer sin contar con la reserva y la confidencialidad en el trabajo de los diplomáticos. Hablar de la necesidad de absoluta transparencia en el ámbito de la política internacional no sólo es una ingenuidad, sino probablemente también una temeridad.

Los documentos que vamos viendo nos enseñan a diplomáticos cumpliendo con funciones tradicionales, que se llevan haciendo desde que las primeras representaciones diplomáticas permanentes aparecieron en el siglo XV en las ciudades-estado italianas: estar informado para poder informar a tu Gobierno de lo que le puede afectar, y defender con los medios disponibles los intereses de tu Estado en el exterior. En esto se incluyen también esos informes que parecen irrelevantes, con datos o valoraciones sobre personas que parecen chismes de patio de vecinos. No es algo anecdótico. Conocer la trayectoria, las opiniones o las preferencias de aquellos con los que probablemente vas a tener que tratar asuntos importantes y negociar no es en absoluto baladí.

¿Cambiará todo esto después del Cablegate? Pues no es probable. Si los diplomáticos de todos los países dejaran de hablar con otros diplomáticos, con políticos, con periodistas, con empresarios, con académicos o con otras personas relevantes de los países donde están destacados, habría que cerrar las embajadas. No sucederá, aunque sí podemos asistir a una epidemia de prudencia verbal en los eventuales interlocutores de los diplomáticos, que a buen seguro será pasajera.

La consecuencia más clara del asunto Wikileaks desde el punto de vista de la seguridad internacional es la puesta de largo de la amenaza que supone para los estados la ciberguerra y los ciberataques. Si el 11-S fue la bofetada que descubrió al mundo entero el peligro del terrorismo global (que existía desde hacía tiempo), el Cablegate es una excelente representación de las amenazas que se derivan del desarrollo y el uso generalizado de internet y de los sistemas de información.

Todos nos preguntamos: si Wikileaks ha hecho esto, ¿con qué información serán capaces de hacerse las grandes potencias u organizaciones criminales que tengan recursos para la ciberguerra? Ahora se entiende mejor por qué la OTAN o los países occidentales incluyen en sus nuevas estrategias de seguridad a los ciberataques como una de las mayores amenazas contemporáneas. Además de nuestras fronteras, ahora también tenemos que defender nuestros ordenadores.

Javier I. García González, profesor de Relaciones Internacionales en la IE University

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