Y la razón venció al miedo

La pasada semana será una fecha señalada en la historia reciente de la Unión Europea y del euro. Dos hechos de naturaleza distinta, uno económico y otro político, pero ambos importantes, pueden ser vistos como señales de que algo se mueve en Europa, y que la zona euro puede ir más allá de su actual lógica suicida.

Uno es la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de dar un paso adelante muy importante para convertirse en un banco central como Dios manda. El otro es la decisión de los votantes griegos de dar a Alexis Tsipras, el líder de Syriza, los votos necesarios para gobernar y sacar a Grecia de la situación de postración en la que se encuentra.

Ambas decisiones son, a mi juicio, manifestaciones de que, al fin, la razón económica y la razón política están venciendo al miedo al cambio en Europa.

Aunque tiempo habrá para comentar con más detenimiento la significación, los detalles y los posibles resultados, una primera valoración es que el BCE ha dado un paso esencial para convertirse en un verdadero banco central. Es decir, un banco central al servicio del interés general de los países y la economía de la eurozona.

Para entendernos, permítanme utilizar una metáfora. Un verdadero banco central es para la economía de un país lo que un banco de sangre es para un hospital que se enfrenta a una pandemia: debe tener la capacidad y la voluntad de hacer las transfusiones de sangre necesarias para salvar a los pacientes. Pero, siguiendo con la metáfora, el BCE ha actuado hasta ahora como un banco de sangre gestionado por testigos de Jehová a los que su religión monetaria no les permitía hacer transfusiones de sangre.

Con la decisión de comprar deuda pública y privada el BCE ha cambiado de religión. La razón económica se ha impuesto sobre las creencias económicas cuasi religiosas que le impedían hasta ahora salir al rescate de la economía europea.

La decisión es un paso muy importante en el compromiso del BCE con Europa. Pero aún así no despeja todas las dudas acerca de la posibilidad de que se pueda producir un default soberano en la zona euro; es decir, que pueda producirse un impago de la deuda por parte de algún Estado. Pero tiempo habrá para comentar este y otros aspectos de la decisión del Banco Central Europeo.

La otra decisión esperanzadora son las noticias que llegan de Grecia. Cuando escribo, aún no se conocen los resultados definitivos del recuento. Pero el triunfo electoral de la coalición que lidera Alexis Tsipras es claro, rotundo e incuestionable.

¿Es esta victoria electoral la confirmación de que los ciudadanos griegos se han dejado llevar por la indignación y la revancha, como algunos temían en Europa? El tiempo lo dirá. Pero tengo para mí, que esta decisión es también una señal del triunfo de la razón política sobre el miedo al cambio económico. Un acto de lucidez democrática de los ciudadanos griegos, que puede beneficiar a Grecia y a Europa.

¿Cómo podría argumentar mi visión esperanzadora? Quizá valga un ejemplo de nuestra propia historia. Fue la victoria electoral en diciembre de 1982 de un joven líder político español de izquierdas, Felipe González; y la de un partido, el PSOE, sin experiencia previa de gobierno. A priori, el triunfo electoral socialista producía temor a los mercados y a la Comunidad Económica Europea. Y con razón, ya que el programa electoral del PSOE defendía cosas como la nacionalización de los bancos o un programa de expansión del gasto público que amenazaba con intensificar aún más los desequilibrios que tenía la economía española.

Pero, las cosas fueron por otro camino. Fue un gobierno profundamente reformista, que consiguió sanear la economía, ponerla en una senda de crecimiento e incorporar a España a la Comunidad Económica Europea. De forma mayoritaria, los españoles apoyaron aquel cambio. No negaban la realidad, ni se oponían a las reformas necesarias para salir adelante. Pero querían que la búsqueda del equilibrio presupuestario y de la eficiencia económica fuese compatible con la equidad en el esfuerzo y en el reparto de los resultados de ese esfuerzo.

Salvando todas las diferencias, de tiempo, de lugar y de circunstancias, hay una lección de esa experiencia española que puede ser de interés ahora para Grecia y Europa. Las reformas sólo son eficaces y sostenibles cuando responden a la voluntad de la sociedad de llevarlas adelante. La idea de reformas impuestas desde fuera, por los mercados o por los organismos internacionales, no funciona. Si las élites del país dimiten de su responsabilidad de liderar el cambio, las sociedades se revelan.

Desde Europa se debe apoyar al nuevo gobierno griego. Hay que evitar comportamientos revanchistas. Va en beneficio de ambos. El cambio de política del Banco Central Europeo va en ese sentido. La democracia ha dado una nueva oportunidad a Grecia y Europa para enderezar el rumbo. La razón económica y política ha vencido al miedo al cambio. Es una buena noticia.

Antón Costas, catedrático de Economía de la Universitat de Barcelona.

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