¿Y por qué no un independiente?

Los hilos que teje la vida entre las personas solo son firmes en muy pocas ocasiones. Tratamos mucha gen_te que no dejará estela (a veces por nosotros) En otras, depende de muchas circunstancias y su durabilidad está siempre abierta. A veces, esas costuras y sus coyunturas son aún más inciertas pero tienen su origen en olas que se juntan no por azar sino al ir en la misma corriente.

Inminente la formación de las Mesas de las Cámaras, la lógica se impondrá. El Senado para el PP y el Congreso para el conjunto de quienes fueron oposición. Los españoles votaron mayoritariamente por un cambio respecto lo vivido en cuatro años de sumisión de una institución (las Cortes) a otra (el Gobierno). Jamás en la historia democrática de casi 40 años el parlamento fue tan humillado. Pero eso es pasado y tras constituirse las Mesas, será preludio de la presidencia de Gobierno.

Confluyen dos mareas en común, la de la lógica y la de los intereses. La primera supondría que prevaleciese, en un sistema parlamentario que configura la Constitución y no presidencialista, la voluntad de aires nuevos. Es muy clara. El PP ha tenido (antes, los sufridos fuimos los ciudadanos) el mayor descalabro de la historia como partido gobernante, al margen del de la UCD en descomposición de 1982. De los casi 11 millones de votos han bajado a 7. No es el ganador como repiten como un mantra, sino los grandes perdedores. Frente a ello, un partido que nada tenía, salvo los obstáculos de la legislación electoral y una hostilidad inaudita en todos los frentes, ha alcanzado cinco millones de votantes y sin un solo crédito bancario. La suma de Podemos y del PSOE junto a otras fuerzas estatales exige que sea presidente del Congreso quien represente la idea de cambio y progreso, tanto ideológicamente como de estilo y convicciones pluralistas. Pero una cosa es que se prevea una legislatura compleja y no muy larga y otra que sea en exceso breve pero que pudieran suponer ocho meses más de transitoriedad y desgaste.

Si hubiera que repetir elecciones (en Catalunya han estado a punto), el peaje a los responsables de no facilitar salidas coherentes sería evidente. Los votantes de Podemos mostraron una idea de cambio absoluto respecto al estilo decadente y absolutista que ha supuesto este PP. Respecto el PSOE, aunque haya algún dirigente despistado, es claro que la inmensa mayoría de sus votantes no admitirían jamás facilitar la continuidad del PP de Mariano ni reencarnado en Soraya. En otro caso, a las siguientes elecciones desaparecería.

Así pues, solo podría gobernar uno del PSOE o de Podemos firmando, como bien decía el añorado Anguita, un programa, programa, programa. Pero ¿podría ser presidente Pedro Sánchez que, a pesar del gobierno nefasto del PP, ha firmado el peor resultado de la historia de un PSOE venido muy a menos? No. ¿Puede ser presidente alguien como Pablo Iglesias que, pese a tener el gran mérito de pasar de 0 a 69 escaños es la tercera lista en votos? Tampoco. ¿Y entonces que hacemos? Se podría actuar como en la cámara circulante que busca en un intermedio un personaje para premiarle. Quizá entre ambas fuerzas haya alguien de consenso. Muy pocos ¿Y cuántos de esos con notable prestigio? Poquísimos.

Es, acaso, momento de recuperar una idea que un dirigente de Podemos lanzó en broma o como globo sonda: un independiente. Alguien que no sea diputado pero que concite respeto y apoyo amplio tanto de estos dos partidos como de otros. Reconozco que inicialmente fui escéptico ante esa idea lanzada por l'enfant Íñigo Errejón.

Pero llevo tiempo preguntándome: ¿Y por qué no? Antes de disolver por expiración de plazos, o poner a alguien con poco prestigio social, hay que hacer un esfuerzo y si entre ellos no hay alguien que concite gran acuerdo, en aras de lograr (o al menos demostrar un claro interés) la gobernabilidad, debe aplicarse generosidad. Una disolución anticipada perjudicaría mucho al PSOE y, también, a Ciudadanos (una vez descubierto que era un gran timo, salvo su equivalencia con Manolo el del bombo). Por ello, es hora de audacia y responsabilidad y de consensuar personas y propuestas que derriben las medidas reaccionarias que dejó atadas el PP.

Aunque en un primer momento deben tantearse opciones entre diputados, ¿por qué no, buscar fuera de ese ambiente partidista y cerrado alguien que, en este momento, conjunte sensibilidades? Quien lo dice tiene que mojarse aunque habría varios. En tal caso, ¿por qué no Victoria Camps? Es catedrática de Ética. Fue senadora independiente por el PSC. Sería la primera presidenta, mujer y, además, catalana. Dignificaría mucho las instituciones. Tendría sensibilidad especial hacia lo exigible moral y socialmente. Ni una mentalidad centralista de la plurinacionalidad que es España. Perdona, Victoria...

Jesús López-Medel, abogado del Estado.

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