Y sembraron de sal sus campos

Por Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo (EL PERIÓDICO, 26/04/06):

“Y sembraron de sal sus campos”. Así se volvían yermas las tierras de los vencidos, como cuentan la Biblia o el Cantar del Mío Cid, para privar de subsistencia a los rebeldes, forzados al exilio. Pero nuestra moderna civilización ha encontrado una manera más eficaz y cruel de esterilizar los campos. En vez de sembrarlos de sal los llenamos de minas. Se plantan como semillas, pero no germinan. Al pisarlas explotan y matan o mutilan a seres indefensos.
Las minas son baratas de usar pero muy caras de eliminar. Colocar una cuesta dos euros, pero hay que invertir 800 para desactivarla. Cada año, entre 15.000 y 20.000 víctimas, la mayoría civiles y en muchos casos niños, sufren las consecuencias de estas mortíferas armas en 82 países. Una víctima cada 20 minutos. Algunos fabricantes de minas usan una publicidad macabra para explicar su eficacia: “Es mejor mutilar al enemigo que matarlo, pues un minusválido tiene un coste económico, social y moral más alto que el de una persona muerta”. Y tienen desgraciadamente razón. El destrozo que hacen es tal que los heridos por minas necesitan el doble de transfusiones de sangre que otros heridos por bala o metralla.
Así, las minas se han convertido en un azote de la humanidad, en una tragedia de la que no somos conscientes los que vivimos en los idílicos campos de Europa. Por eso es bueno que se sepa que la UE se ha comprometido a destinar 140 millones de euros en el 2005-2007 para luchar contra las minas. Y no pensemos que es un problema de lejanas geografías. Cerca de casa, en países candidatos a entrar en la UE, las minas son una triste secuela del pasado reciente. Croacia, por ejemplo, es uno de los más infestados de minas. Se estima que en ese país y en la vecina Bosnia hay un millón de minas, diseminadas en decenas de miles de hectáreas y sin mapas fiables de su posible localización. Erradicarlas es una tarea ingente que la UE ayuda a financiar, al coste de un euro por metro cuadrado.
Días atrás asistí en Petrinja a la firma de un acuerdo para desminar los campos de los pueblos a los que están intentando volver los serbios que fueron expulsados de sus tierras en 1995. Sus casas, más de 200.000, fueron destruidas. Y además la guerra sembró de sal sus campos. Hoy Europa financia la reconstrucción de las casas, pero ¿de qué sirve que vuelvan si no pueden trabajar porque la tierra se ha vuelto una amenaza traidora y mortal? Desde el fin de la guerra, las minas han causado en Croacia 430 muertos y más de 1.500 heridos, aunque afortunadamente para el país las zonas de gran desarrollo turístico están libres de esta amenaza. Ciertamente, el problema es mucho más grave en Colombia, Afganistán, Camboya y el África subsahariana. Entre 300.000 y 400.000 supervivientes, mutilados y en dramáticas condiciones de subsistencia, son la herencia de sus guerras. Desgraciadamente, los fondos para asistirles han descendido los últimos años, en contraste con el aumento de los recursos destinados al desminado.

POR ESO el Europarlamento quiso que su gran hemiciclo fuese el escenario de un acontecimiento inusual en un salón de plenos, un concierto del conocido cantante Juanes, como parte de la campaña europea contra las minas. (Europa y América Latina, juntas por un mundo sin minas. Fíjate bien dónde pisas.). Es conocido el activismo de Juanes. Colombia, su país, es uno de los más afectados. En el 2003 sufrió una víctima diaria, dos en el 2004 y tres en el 2005. Es la primera vez que un artista canta en el hemiciclo del Europarlamento. La iniciativa ha levantado críticas de quienes consideran que un Parlamento no es lugar apropiado para estos actos. ¿Se imaginan un concierto en Westminster o las Cortes Generales? Esos recintos son probablemente demasiado pequeños y cargados de historia. Pero los grandes y modernos hemiciclos de Bruselas o Estrasburgo, donde caben 1.500 personas, no han sido sacralizados por la pátina del tiempo. Pueden, pues, servir de escenario para acontecimientos de repercusión mundial que causan mayor efecto político que tantas resoluciones votadas pero desconocidas.

HAY QUE asociar la capacidad de mediatización del espectáculo con la acción política que se plasma en acuerdos como la Convención de Ottawa, que pocos de los asistentes a ese concierto conocían pero que ahora puede interesarles más. Gracias a esa convención, que desde 1999 prohíbe las minas antipersonas, 69 estados han destruido por completo sus reservas de minas, más de 37 millones. Pero aún en el mundo hay almacenadas unos 180 millones de minas antipersona. 154 países han firmado esa convención y 150 la han ratificado, pero 40 estados siguen al margen de ella, en particular EEUU, China, Rusia, Israel, Pakistán y las Coreas. Curiosamente, tampoco lo ha hecho un país como Finlandia. Polonia lo ha firmado pero no ratificado y los otros 23 países de la UE lo han ratificado.
La UE está, pues, en buena posición, pero debe reforzar su liderazgo a escala mundial. A ello le ha invitado el Parlamento Europeo con diversas resoluciones. Y la Comisión Europea acaba de aprobar el Programa Anual 2006 sobre minas antipersonas, con un presupuesto de 17,5 millones de euros dentro de la acción comunitaria bianual 2005-2007. Los países objetivo para el 2006 son Bosnia, Colombia, Camboya, Georgia, Yemen, Sudán, RD Congo, Burundi, Afganistán y Kosovo. Pero queda muchísimo por hacer. Volviendo a Croacia, sólo el 15% del territorio potencialmente peligroso ha sido rastreado. Imagínense la situación en los otros países y comprenderemos la necesidad de ser un poco heterodoxos y aliar la música y la fama con la seriedad parlamentaria para paliar tanto dolor humano.

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