¿Y si desescombramos de nuevo el Born?

De acuerdo, el título es provocador, y espero razonarlo, pero me gustaría tratar de explicar qué es, porqué es singular y qué representa el Born en el discurso histórico y cultural de Barcelona. Ahora que por fin se había resuelto el concurso para la dirección del centro y que se debe estar elaborando el plan director, las líneas de trabajo y la programación, espero que el cambio de gobierno en el Ayuntamiento de Barcelona no suponga un nuevo obstáculo.

¿Qué tiene de especial el Born? El actual Born Centre de Cultura i Memòria es un yacimiento arqueológico único en toda Europa, que conserva los vestigios de 8.000 metros cuadrados de la ciudad del siglo XVIII bajo una cubierta de hierro del mercado que se construyó en el siglo XIX. Además es un lugar magnífico, no conozco a nadie que le resulte indiferente la visita, con una fuerza interior poderosa, la que desprende el peso de la historia y la modernidad y el gusto con el que se reformó.

¿Y entonces? El Born ha sido a veces víctima de su propia historia. En primer lugar, por el ruido, los prejuicios y las polémicas interesadas desde su inauguración, hace poco más de tres años, en un doble sentido. Algunos querían ver en el Born el símbolo de la resistencia de Catalunya, ya que las ruinas procedían del asedio felipista de la ciudad en 1714, y otros, los que temían su instrumentalización, tendieron a ignorar su valía. Este temor se vio agravado por la coincidencia de su inauguración con la conmemoración del tricentenario de 1714 y la inmensa ‘senyera’ que servía de aviso a navegantes en la puerta de entrada.

En segundo lugar, también por un doble motivo relacionado con la gestión. Le ha faltado un proyecto claro y unos responsables políticos y técnicos para llevarlo a cabo de manera continuada y con los medios adecuados. Además, el proyecto de la biblioteca provincial (es decir, estatal) que había que hacer y que se trasladó cerca de la estación de França está (¿y estará?) pendiente… Podríamos decir que la excavación logró destapar el yacimiento pero que después se ha vuelto a cubrir con desconfianzas y algunos errores a pesar de 1.300.000 personas que lo visitaron en el 2016.

Creo que el Born tiene todos los elementos de un equipamiento patrimonial, cultural y social que aún no ha agotado ni mucho menos sus capacidades de crecimiento en actividades y en relevancia. Lo ambiciono en tres dimensiones.

Una. El Born se sitúa en el centro de una historia que comienza en la Barcino romana, pasa por el ensanche de la ciudad y termina en el desarrollo industrial del Poblenou. Se encuentra en el eje de un discurso de historia de la ciudad que configuraría una ruta temática y territorial muy interesante. Esta visión comprensiva, y un trabajo conjunto con el Museu d’Història de Barcelona y el Museu d’Història de Catalunya, daría pie a hablar, más allá de 1714, del comercio, los oficios, la arquitectura, la trama urbana y usos sociales del espacio, partiendo de la ingente documentación que ha generado la arqueología y la investigación.

Dos. Como yacimiento arqueológico, las ruinas deben ser tratadas con el respeto y la contextualización de un lugar de memoria, sin sacralizarlas ni banalizarlas. Y así es el Born. Creo que no debemos tener miedo de la memoria, pero sí tener presente, como dice Bernardo Atxaga, que es como un embalse de agua: riega nuestro espíritu, pero si no tiene aliviaderos puede desbordarse o reventar y destrozar lo que encuentra a su paso. Y al contrario, si la memoria, como el embalse, se vacía, el espíritu se seca.

Tres. Un equipamiento con las condiciones y las potencialidades del centro cultural del Born ha de entrar en diálogo con la cultura y la ciudad. En mi opinión, debe hacer de puente entre la historia y el debate contemporáneo, además de tener una programación cultural propia, con una línea estable de trabajo sobre temas de memoria (no solo sobre el 1714) y de reflexión sobre la ciudad, pero manteniendo abierta la puerta a otras actividades culturales.

Es por todo ello que tengo la impresión de que el Born aún puede volver a ser desescombrado, que aún podemos sacarle alguna capa de burocracia y de prejuicios, para romper fronteras entre administraciones, para darle el mismo nivel de visibilidad que puedan tener el CCCB o el MNAC.

El Born debe ser un proyecto de ciudad, de hecho ya ha sido reclamado por los vecinos en muchas ocasiones de su azarosa historia. Necesitamos proyectos culturales ilusionantes y posibles y este ya está en nuestras manos. Hay un tesoro arqueológico y una inversión hecha que hay que rentabilizar desde el punto de vista ciudadano. Basta que queramos dar el impulso político y social que necesita.

Núria Iceta, editora de L’Avenç.

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