¿Y si Rusia desaparece?

Por Walter Laqueur, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Washington. Traducción: Celia Filipetto (LA VANGUARDIA, 11/06/06):

En estos últimos tiempos Rusia ha estado muy activa en política exterior. Ha resurgido como uno de los principales actores de la política europea, en calidad de principal proveedor de gas y petróleo. Ha intentado ejercer presión en Oriente Medio y restablecer su posición preeminente respecto de Ucrania, Georgia, Moldavia y otras zonas del ex imperio soviético. El mes próximo recibirá la reunión anual de las principales potencias industriales, el G-8. No debe sorprendernos demasiado. La desintegración de la Unión Soviética, ocurrida hace quince años, fue un gran trauma, y el deseo de Moscú de recuperar al menos una parte de la influencia y el poder perdidos es, en cierto modo, natural. Para este esfuerzo el Kremlin cuenta con algunas cartas fuertes no sólo como proveedor de energía, puesto que a medida que los yacimientos petrolíferos del mar del Norte se vayan agotando, su posición se verá todavía más reforzada, sino también como poseedora de un considerable arsenal de armas nucleares y otras similares. Sin embargo, debe enfrentarse a una debilidad gravísima: la población de Rusia se reduce más deprisa que la de ningún otro país, exceptuando Ucrania. Según los pronósticos de la ONU, a mediados de este siglo, la población de Yemen habrá superado a la de Rusia.

Tal vez se trate de una exageración, pero existen otros dos factores indudables: la población no sólo se reduce, sino que su composición cambia rápidamente. Entre un 12% y un 18% de los habitantes de Rusia son musulmanes (se desconocen las cifras exactas) y su tasa de natalidad es alta. A mediados de este siglo, por lo menos uno de cada cuatro rusos será musulmán y ya comienzan a plantear sus reivindicaciones políticas. Se concentran en el Cáucaso y en la región del Volga, y en Moscú hay mayor número de azerbaiyanos que en Bakú.

Por otra parte, mientras el Gran Moscú va creciendo a toda velocidad gracias a que allí las condiciones de vida y de trabajo, así como los ingresos, son mucho mejores que en el resto del país, hay grandes zonas que se van despoblando. En los últimos diez años han desaparecido unos 11.000 pueblos y 290 ciudades y es probable que en los años venideros otros 10.000 pueblos acaben igual. En ese mismo periodo, en el extremo oriental del país desapareció aproximadamente un tercio de la población, mientras que en el norte la merma alcanza alrededor del 40%. La población de Siberia disminuye rápidamente, y no tardará en llegar el momento en que entre los Urales y el océano Pacífico queden apenas unos pocos millones de habitantes. Se trata de regiones inhóspitas, siempre fue difícil conseguir que la gente viviera allí. Pero disponen de abundancia de minerales, y si los rusos se marchan, lo más probable es que otros ocupen su lugar.

Resulta interesante comprobar que las autoridades rusas han tomado conciencia hace relativamente poco del desastre demográfico que se avecina. Quizá el motivo principal radique en que el Gobierno se encuentra en Moscú y que la ciudad ha crecido a pasos agigantados.

El Gran Moscú se ha convertido en una de las mayores conurbaciones del mundo, y al mismo tiempo, en un embotellamiento gigantesco. Posiblemente exista otra razón por la que resulta tan difícil pensar en remedios para frenar esta tendencia. En las últimas semanas se han convocado reuniones urgentes para tratar la situación. El ex primer ministro y jefe del KGB Primakov ha manifestado que, de no mediar un cambio drástico, es posible que dentro de unas cuantas décadas Rusia haya desaparecido. En un mensaje sobre el estado de la nación, el presidente Putin ha calificado el problema demográfico como el segundo de los grandes desafíos del país (el mayor es el retraso tecnológico y posiblemente se equivoque en el orden de prioridades). El Gobierno ruso ha anunciado que destinará 40.000 millones de rublos a incentivar el índice de natalidad. Las rusas obtendrán por cada hijo 110 dólares mensuales y un pago único de 9.000 dólares. No obstante, en este caso, es posible que dicha inversión diste mucho de ser suficiente.

Según las encuestas de opinión, la mitad de las rusas continúa sin querer tener hijos a causa del alto coste de vida, entre otros motivos. Stalin daba primas a las madres con más de dos hijos, y a lo largo de la historia otros gobernantes han puesto en práctica políticas de natalidad similares aunque sin éxito duradero. En Francia y Suecia se han tomado importantes medidas para fomentar el crecimiento de la población y ayudar a las madres a continuar con su carrera profesional, aunque los resultados no han sido espectaculares. La mayoría de las sociedades europeas se enfrentan al envejecimiento y la reducción de la población, pero en ninguna parte la situación es tan grave y seria como en Rusia.

“Rusia para los rusos”, es el eslogan de la derecha rusa y de muchos que ni siquiera se consideran de derechas. En vista de las tendencias demográficas y de la reducción del número de rusos étnicos es un eslogan que no tiene demasiado sentido. ¿Dónde estarán las fronteras de Rusia a finales de este siglo? ¿Se producirá un desplazamiento hacia los Urales o incluso más al oeste, como ocurría en la época de Iván el Terrible? En el mundo contemporáneo los recursos energéticos son muy importantes. Pero si el número de rusos desciende por debajo de ciertos mínimos, Rusia dejará de existir con sus actuales fronteras. La naturaleza y la política no toleran el vacío.