Ya basta, esto tiene que parar

Duda entre la camiseta de tirantes o la manga corta. También se llevará una sudadera. Quizá refresque por la noche. ¿Pantalón corto? Agua, por supuesto. Y quizá un bocata. Tiene que concretar a qué hora quedan. El festival empieza a las seis. Decidirá si se queda a ver todas las actuaciones. Decidirá qué ponerse, qué comer, cómo llegar y a qué hora irse. Lo que nunca decidirá, lo que nunca entrará en sus planes, es convertirse en víctima. Pasar a engrosar la lista de violaciones y agresiones sexuales. Eso no lo decidirá. Y solo una sociedad enferma de machismo puede tolerarlo.

El festival de música más importante de Suecia, Bråvalla, ha decidido cancelar su próxima edición tras las denuncias presentadas durante su celebración el pasado fin de semana. Cuatro violaciones y 23 denuncias por agresión sexual. “Es asqueroso. Son actos repugnantes de hombres deplorables”, afirmó Stefan Löfven, primer ministro del país. “Tomé la decisión al despertar el sábado por la mañana y ver los titulares de que una chica joven había sido violada durante un concierto. Me dije: ya basta. Esto tiene que parar”.

Ya basta, pensaron los organizadores de Gaming Ladies. El día 27 de julio debía celebrarse en Barcelona la segunda edición de un encuentro de mujeres ‘gamers’. La cita anunciaba cuatro charlas con profesionales del ámbito de los videojuegos, debate y posterior ‘networking’. Una oferta de lo más convencional, similar a la que podemos encontrar en cualquier evento del sector, solo que circunscrita a mujeres. ¿Por qué esta limitación? Porque es un sector aún muy masculinizado, donde las mujeres son minoría y no encuentran espacios donde compartir su interés, sin hostilidades ni menosprecios.

Así nació Gaming Ladies. La primera edición se celebró en un espacio pequeño, sin publicidad, las asistentes fueron pocas, pero se intuyó el potencial de la cita. Así que este año se apostó por organizarlo a lo grande. Se consiguió que una empresa del sector cediera un local más grande. Y sí, las inscripciones se dispararon. Pero con ellas llegaron las críticas. Algo más que críticas. Un torrente de ataques machistas en las redes que hizo temer por la seguridad de las asistentes. La mayoría de las coacciones partían de Forocoches, un foro de internet que se encuentra entre los 50 sitios web más visitados de España. Ante la virulencia de las amenazas, los organizadores decidieron cancelar el encuentro.

El machismo motivó la cancelación del encuentro de mujeres ‘gamers’ en Barcelona y del festival de música de Suecia. Pero lo que destila una y otra decisión es muy distinto. El primero deja el sabor amargo de la derrota. De no haber podido vencer las amenazas. De un decepcionante paso atrás. Y, también, de perplejidad. ¿Cómo puede tolerarse esta discriminación? Como sociedad, ¿podemos permitirnos ceder a los ataques machistas?

Por el contrario, la cancelación del Bråvalla es una respuesta política contundente, ejemplar, con voluntad de mostrar a la sociedad que la agresión sexual es absolutamente intolerable. Löfven, con su firmeza, expresa que el combate contra el machismo es una prioridad de estado.

El viernes empezaron los Sanfermines. Los medios se poblaron de piezas periodísticas que informan de la cara oscura de la fiesta. ‘San Fermín, un territorio de riesgo ante agresiones sexuales’, era el título del documentado artículo de Àngels Gallardo en EL PERIÓDICO. Expertos de diferentes ámbitos analizaban las causas que lo convierten en “uno de los encuentros masivos internacionales que más facilitan el descontrol y la dilución de la barrera que separa el límite entre el respeto personal y la agresión, o los márgenes que acotan un impulso sexual contenido y su realización descontrolada”. Anonimato, alcohol, proximidad física, fiesta prolongada y cansancio no atendido propician la desinhibición, pero, básicamente, actúan como llamada de los depredadores sexuales.

El Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona han puesto en marcha la campaña ‘Por unas fiestas libres de agresiones sexistas’. Un ‘No es no’ enfocado a la concienciación cívica, pero que también contempla más presencia policial y facilidades para presentar las denuncias. Tendremos que esperar a que acaben las fiestas para saber si las medidas tomadas han sido suficientes para no repetir los trágicos datos del año pasado: 19 denuncias presentadas y la salvaje violación de una joven de 18 años por cinco jóvenes.

A pesar de todos los pesares, la fiesta continua. Pero, ¿y si no hubiera sido así? ¿Y si el año pasado, después de los trágicos acontecimientos, se hubiera decidido cancelar la actual edición? Sin duda, el quebranto económico hubiera sido importante. El impacto de la medida hubiera trascendido las fronteras y algunos temerían que hubiese quedado dañada la imagen de la ciudad, incluso del país. Quizá… O quizá se hubiera transmitido el definitivo mensaje de compromiso contra la violencia sexista. Si realmente creemos que es intolerable, tomemos medidas drásticas. Quizá así todos entendamos mejor a qué nos enfrentamos.

Emma Riverola, escritora.

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