Ya es hora de ‘arrimar el hombre’

La distancia puede ser el olvido, como decía el bolero, pero el olvido de las responsabilidades también puede hacer tomar distancia de la realidad. Que los hombres viven alejados de la realidad de la violencia de género es un hecho contrastado que se manifiesta, entre otras, en situaciones como la diferencia entre la media de mujeres que consideran la violencia de género como un problema grave -el 3’7%, según el Barómetro del CIS-, y la de hombres -el 1’5%, una distancia del 153%, cuando en ningún otro problema se producen diferencias tan grandes-.

Pero también, por ejemplo, en que de las llamadas realizadas al 016 por los hijos e hijas de las mujeres que sufren la violencia, en el 75% de los casos sean éstas las que las hacen frente al 25% de los varones. O que estos últimos años se hayan constituido múltiples asociaciones de hombres alrededor de determinadas manifestaciones que les perjudican porque, según dicen, se actúa de manera discriminatoria contra ellos, pero nunca lo hayan hecho para combatir la desigualdad ni la violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres.

Los hombres tienen que aproximarse a la igualdad a través de la acción, no basta una posición pasiva; hay que abandonar esa distancia para aproximarse al problema con el objetivo de modificar sus manifestaciones y cambiar las causas, ver el problema como algo propio y responder en consecuencia. No es fácil, somos conscientes de que en muchos casos las referencias culturales han llevado a muchos hombres a establecer una identidad tan distante que resulta difícil encontrar el camino para salir y que cuando se les llama o comunican o están fuera de cobertura. Por ello es necesario darles referencias y la información necesaria para que cada uno busque la salida a la encrucijada y acudan al encuentro.

El teléfono de información y orientación sobre las políticas y medidas de igualdad dirigidas a los hombres busca proporcionar esa información para que quien lo decida inicie el camino. En ningún caso la información va a decirle a nadie cómo tiene que ser, pero sí recogerá cómo no se puede actuar y cómo se pueden resolver las cuestiones que planteen. No hay que olvidar que esa demanda ya existe y que muchas organizaciones están trabajando en esa dirección, algo que se refleja también en la línea de atención ciudadana de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, que en este 2009 ha visto incrementadas las solicitudes de hombres en un 65%.

Sorprende que ante una situación tan objetiva como la reflejada, la violencia de género, y ante un recurso que contribuye a modificarla, el teléfono de información para hombres, se levante una polémica bajo argumentos de lo más diferente. Todas las medidas que actúen a favor de la igualdad beneficiarán a las mujeres que sufren la desigualdad y a la sociedad en su conjunto, todas. Cualquier recurso que pueda contribuir a la promoción de la igualdad y a la prevención de la violencia de género resultará beneficioso. Es como decir que, por ejemplo, los teléfonos de información sanitaria quitan quirófanos para los enfermos: nadie lo plantea por absurdo, pero en cambio sí se permiten hacerlo en el caso del teléfono de información para hombres, aunque la realidad refleja la necesidad de un recurso de ese tipo. Da la sensación de que lo que inquieta es que muchos hombres dispongan de información y elementos de contraste sobre las referencias existentes, no que todo sigua igual, aunque ese continuar bajo las mismas referencias se traduzca en violencia y pasividad.

Hay que arrimar el hombre a las acciones por la igualdad; no basta con haber arrimado el hombro de las mujeres y del feminismo a través de su reivindicación histórica y de las políticas desarrolladas, y para conseguirlo hace falta información y orientación.

Queremos hombres con los pies en el suelo y dispuestos a dar ese paso, no hombres que pongan los pies sobre la mesa para demostrar su poder y dejar que todo siga igual, y para ello pondremos los medios. Después, la responsabilidad será de cada uno.

Miguel Lorente Acosta, delegado del Gobierno para la Violencia de Género.