Ya estamos como siempre

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid (EL PAIS, 24/05/04).

Si no fuese porque se acuñó en tiempos de “no-logo”, la repetida -intrínsecamente repetida, creo- genialidad de Nietzsche sobre el eterno retorno de lo mismo debería llevar euskolabel. Parece inútil explicar las cosas o aportar razones contundentes para justificar las medidas legales contra el terrorismo etarra: el nacionalismo con mando en plaza siempre las protesta con idénticas fórmulas de rechazo. Sus argumentos son como los zombies de los videojuegos, que por más que los mates y remates vuelven a levantarse otra vez gruñendo con el mismo entusiasmo que antes. Por lo visto el diálogo consiste para ellos en tal obstinación de ultratumba. De modo que la lógica ratificación por parte de los dos partidos mayoritarios del Pacto por las Libertades, llamado Antiterrorista (como sigue existiendo la amenaza de ETA, debe seguir existiendo la disposición que la combate), ha sido deplorada por el presidente Imaz del PNV como “excluyente” y “perjudicial para los vascos”.

Respecto a la segunda objeción quiero pensar que ni siquiera él se la cree del todo, porque estoy seguro de que Imaz sabe tan bien como yo que lo verdaderamente perjudicial para los ciudadanos vascos y para el resto de los ciudadanos españoles es la actividad terrorista de ETA. En cuanto a la acusación de que el pacto es excluyente, podría disiparse con la simple relectura de dicho texto… si es que alguien se toma cuatro años después de su redacción semejante insólita molestia. Confieso que yo tampoco me lo había vuelto a leer desde el 2000, cosa que acabo de hacer gracias a encontrarlo entre los anexos de la utilísima guía Euskadi, del sueño a la vergüenza, preparada por la Iniciativa Basta Ya (Ediciones B). El meollo de dicho acuerdo está expresado en su punto tercero: “Cualquier discrepancia política existente entre vascos debe plantearse en el marco institucional de la Constitución y el Estatuto de Guernica. Cualquier proyecto político, incluso aquellos que pretenden revisar el propio marco institucional, debe respetar las reglas y los procedimientos por él establecidos. El diálogo propio de una sociedad democrática debe producirse entre los representantes legítimos de los ciudadanos, en el marco y con las previstas por nuestra Constitución y Estatuto y, desde luego, sin la presión de la violencia. La paz, la convivencia libre y el respeto a los derechos humanos son valores no negociables”. ¿Puede alguien aclararme quién queda excluido de semejante planteamiento, como no sean los terroristas y cuantos desean acabar con la violencia haciéndoles concesiones políticas en detrimento de los derechos políticos de las víctimas cívicas que padecen su coacción?

¡Ah, pero está el famoso preámbulo del pacto, en el cual según algunos “se menciona más veces al PNV y EA que a ETA” y, según otros (o los mismos), se exige a los nacionalistas que renuncien a sus ideas! Bueno, pues vamos a releer también el dichoso preámbulo (en el cual se menciona por cierto idéntico número de veces -tres- a ETA, al PNV, a EA, al PP y al PSOE). Lo que establece esa introducción al acuerdo es que el final de la tregua de ETA “ha puesto en evidencia el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia. Ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco”. Tal estrategia, como se recuerda muy bien, consistió en la firma del Pacto de Estella. El preámbulo continúa exigiendo el abandono de dicho pacto y de los organismos creados por él “mediante ruptura formal”, para de ese modo reincorporar a los partidos firmantes al acuerdo democrático global contra el terrorismo. Nada se dice de la renuncia a ninguna idea nacionalista o independentista, sino sólo de la ruptura con una estrategia determinada, ésta sí excluyente de los no nacionalistas y finalmente alentadora de los objetivos de ETA. Dado que el Pacto de Estella ha sido ya desautorizado de tantas maneras y en tantos tonos por bastantes miembros destacados del PNV o incluso EA (por no mencionar a IU) no es fácil entender qué impide a dichos partidos suscribir hoy este acuerdo democrático. Y aún menos se comprende que no lo apoyen formaciones como CiU, que jamás simpatizaron con Estella. ¿Que se trata de un asunto del pasado, aunque sea del pasado más inmediato? Sin duda, pero tiene la suficiente relevancia como para que convenga formalmente explicitar que no se volverá a esas andadas… Asombra que el PNV tenga por “decepcionante” que quienes representan políticamente a los principales damnificados de la situación vasca sigan sin darles la razón, mientras que no se les pasa por la cabeza que quizá fuesen ellos los que debieran empezar a ceder en lo mucho que no la tienen.

Más o menos la misma argumentación vale para defender la vigencia de la Ley de Partidos, cuya aplicación impedirá probablemente presentarse a la lista sustitutoria de Batasuna que se postula para las elecciones europeas. En la exposición de motivos de dicha instrucción legal se explicita que esa ley “a diferencia de otros ordenamientos, parte de considerar que cualquier proyecto u objetivo se entiende compatible con la Constitución, siempre y cuando no se defienda mediante una actividad que vulnere los principios democráticos o los derechos fundamentales de los ciudadanos”. De modo que con sólo renunciar a tales procedimientos (obviamente caracterizados por el uso coactivo de la violencia terrorista) y denunciar su empleo por parte de quienes siguen recurriendo a ellos, cualquier ideología política queda legalmente aceptada. ¿Es una exigencia tan difícil de cumplir o una imposición tan abusiva? ¿Les resulta tan intolerable a quienes durante años han “comprendido” tan fraternalmente a los asesinos satisfacer de una buena vez a quienes hasta nuevo aviso siguen injustamente en su punto de mira? Según Imaz, semejante cláusula -si la aplicasen los tribunales para ilegalizar la candidatura de Herritarren Zerrenda- “nadie la entendería en la Europa democrática”. Por lo visto parece creer en cambio que los países europeos, como no han padecido mil asesinatos terroristas ni tienen a gran parte de sus cargos públicos y de sus ciudadanos de a pie amenazados por criminales con vocación política, verían lógico que un partido que sintonizacon ellos los representase en el Parlamento de la UE como si tal cosa. Me atrevo a decir que se equivoca… o que espero sinceramente por el bien de Europa que se equivoque.

El hecho ya indudable de que haya otro terrorismo atroz operativo en España además de ETA ni exculpa ni minimiza la amenaza a las libertades cívicas que ETA sigue suponiendo, como parecen asumir los petulantes majaderos que nos exigen a quienes la hemos denunciado que nos “arrepintamos” de análisis que siguen siendo tan válidos hoy como ayer. Los servicios auxiliares ideológicos de ETA intentan convencernos de que el Pacto Antiterrorista o la Ley de Partidos son planteamientos bélicos semejantes a los de la injusta e ineficaz contienda de Irak, cuyos espeluznantes pormenores vamos poco a poco conociendo y que sigue vitoreando a título póstumo con tan absurda cabezonería el ex presidente Aznar. En realidad, las citadas medidas legales significan lo opuesto a la brutalidad bélica y a los abusos militares o paramilitares que antaño conocimos. Ofrecen la posibilidad de un reencuentro democrático dentro de normas que a nadie deben humillar pero que no ceden ante la violencia injusta. Ojalá mañana se obtuvieran otras semejantes a nivel internacional para contrarrestar las nuevas amenazas que se ciernen sobre nuestras democracias.