Yo soy Trillo

Está a punto de consumarse el acoso y derribo, la persecución, el linchamiento moral, la caza del hombre, o como quieran llamarlo, más largo de la historia democrática en España. Porque, no nos engañemos, lo que la izquierda y sus terminales mediáticas han pretendido es acabar con Trillo. El Yak-42 fue una excusa más. Como lo expresó quien fue portavoz socialista en el Congreso: «Vamos a ver si con esto del Yak echamos a Trillo de la política, y si es posible de España». La cosa viene de mucho antes del año 2003, y es que nunca le perdonaron que fuese el azote parlamentario de la corrupción filipina. ¡Je suis Charlie! Se vuelve a repetir. Veámoslo.

1. Responsabilidades patrimoniales. Ninguna indemnización compensará nunca la vida de una persona. Pero la militar es una profesión de riesgo, y ellos lo saben. Cuando 130.000 hombres y mujeres están en continuo movimiento por tierra, mar y aire, los accidentes son inevitables. Los ha habido y los habrá. En el accidente del Yak se han producido indemnizaciones muy por encima de otras ocasiones, aunque nadie quiera hablar de su cuantía, además de otras compensaciones como pensiones, viviendas o becas. Todos, incluso el Consejo de Estado, reconocen que estas responsabilidades están satisfechas. El Estado ha cumplido. Pero no basta.

2. Responsabilidades políticas. No es posible exigir la dimisión del ministro cada vez que se produce un accidente, como no es posible exigir la dimisión del ministro del Interior por los accidentes de tráfico. Las responsabilidades políticas se dilucidan en el Parlamento y en las elecciones. Otra cosa es dejar tal responsabilidad al arbitrio del grupo mediático que más presione o a una opinión pública debidamente manipulada. El caso del Yak fue debatido en el Parlamento cuando no gobernaba el PP ni tenía mayoría. Y Trillo se presentó a las elecciones generales de 2004, 2008 y 2011 y ganó por mayoría aplastante. Sus responsabilidades estaban dilucidadas. Pero no basta.

3. Responsabilidades jurídicas. Los responsables de la contratación del avión, el Jemacon (Jefe del Estado Mayor Conjunto) encuadrado en el Jemad (Jefe del Estado Mayor de la Defensa), fueron imputados y sometidos a juicio de responsabilidad penal, y absueltos tanto por la Audiencia Nacional como por el Tribunal Supremo. Trillo ni siquiera fue imputado porque la competencia estaba claramente delimitada: al ministro, las decisiones políticas; a los militares, las operaciones militares. Trillo les defendió en todo momento, aunque ello no fuese correspondido. Se omite, deliberadamente, que estábamos en un país en guerra y que al aeropuerto de Kabul no viajaban Iberia ni ninguna otra compañía regular, por lo que la contratación debía hacerse a través de la OTAN. Si España hubiese tenido un avión de transporte adecuado, como el A-400, se habría enviado. Y es curioso que los que ahora critican son los mismos que se oponen a cualquier gasto militar. Pero no basta.

4. Responsabilidades morales. Ahora lo que se pide es la responsabilidad moral. ¿Qué es la responsabilidad moral? ¿Se le puede pedir a Trillo, cuya integridad moral es una de las causas de la persecución por aquellos que carecen de ella? ¿La responsabilidad moral es pedir perdón? Pero ¿perdón de qué? ¿Y solo Trillo? Si este fuera el caso, también deberían pedir perdón los que desde hace muchos años han venido atacando a la persona de Trillo y a su familia de manera contumaz y continuada; también deberían pedir perdón los que en el Consejo de Estado han querido reavivar un tema con ocultos y torticeros objetivos; también deberían pedir perdón los que han filtrado interesadamente el informe incurriendo en un delito de deslealtad y, ¡qué coincidencia!, al medio que más se ha destacado en el «odio visceral» a Trillo; y también deberían pedir perdón los que, olvidando los servicios importantes y excepcionales que Trillo ha prestado a España y a su partido, ahora le abandonan, como en su tiempo lo hicieron con Rita Barberá, porque ese partido, carente de contenido ideológico, ha dejado de defender los valores que lo identificaban y, por no defender, no defiende ni a los suyos. Pero no basta.

No crean que el relato ha terminado. Seguirá la persecución. El capítulo inmediato será impedir su vuelta a una plaza en el Consejo de Estado que ganó por oposición con el número 1. Y se comprende, porque quienes no han hecho el esfuerzo de prepararse profesionalmente antes de entrar en política ven con odio y envidia a quienes sí lo han hecho y no dependen de la política para rehacer su vida. Habrá más capítulos.

Por todo eso yo grito ¡yo soy Trillo!

Fernando Díez Moreno, Secretario de Estado de Defensa de 2000 a 2004.

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