Zapatero emula a Azaña

Por Pilar Rahola, escritora y periodista (EL PERIÓDICO, 24/01/06):

Si algo parece claro, en estas aguas revueltas estatutarias, es que el padre ha sido superado por el hijo y que, con claros y oscuros, Mas está escribiendo la historia que no supo, no pudo, no quiso escribir Pujol. También está claro que ese modesto sucesor, ungido de la maldad de ser el escogido por el dedo paterno, con su rictus de chico bien y primero de la clase, ha sabido hacerse un espacio en el mundanal político, y hasta mide fuerzas con el todopoderoso Duran. Hoy Mas ya es un líder consolidado y un temible opositor para sus adversarios. La capacidad de regateo y la habilidad para conseguir ser el protagonista de las dos fotos históricas del momento lo convierten en un político de primera fila, instalado definitivamente en la carrera presidencial. Antes del diluvio estaba Pujol y su partido satélite. Después llegó el diluvio universal y teníamos un intento de algo que se batía entre las ansias de Unió y el recuerdo convergente del pasado. Hoy, con todas sus contradicciones, volvemos a tener un partido central con un líder centrado. Por supuesto, Mas merece nuestros recordatorios malvados, heredero como es de la pesada carga de 20 años de poder haciendo la viu-viu patriótica, bajando de Queralbs emulando a Jaume I y subiendo al puente aéreo convertidos en portavoces de la patronal catalana. Pero, con todo, este chico bien peinado ha demostrado tener una brillante habilidad política y ha pasado de ser un hombre gris a poner rojos a la mayoría de sus adversarios. Cuidado, que dará que hablar. De momento ha dado Estatut. Sin embargo, al César lo que es de Maragall, y si algo es evidente es que el nuevo Estatut se conseguirá –trámites pendientes aparte– porque hubo un hombre tozudo que llegó a la presidencia de la Generalitat con esa idea y tuvo la energía suficiente para culminarla. A pesar de estar hartos de tantos malabarismos partidistas, de que a veces Maragall nos cansa hasta el cansancio y de haberse perdido demasiado por los callejones sinuosos de la retórica esencial, lo cierto es que Maragall consiguió los JJOO siendo alcalde, y conseguirá un nuevo Estatut siendo presidente.

AL FINAL del camino, saltando obstáculos, limando asperezas y driblando golpes bajos, Maragall lo habrá conseguido. Su legado histórico será altamente envidiable. Por supuesto, el Estatut también llegará a puerto gracias a la cordura de los otros partidos que han querido jugar la partida –todos menos uno–, aunque alguno de ellos nos ha hecho padecer más de la cuenta. Queden para los anecdotarios los exabruptos de los barones socialistas con sus pequeños complots de alcoba, y el lío monumental que se ha hecho ERC entre su gusto por el exhibicionismo activista, su retórica radical y su lógica voluntad de centralidad política. Pero al final, incluso con el cabreo monumental que exhibe Carod porque se ha quedado sin foto, y lo mucho que mareará la perdiz hasta que consiga una, incluso con todo ello, sin ERC, sin ICV, sin el PSOE y sin CiU, la gloriosa tozudez de Maragall no habría llegado a convertirse en un hito histórico. Por supuesto que este país estupendo que tenemos va a empezar a descarnar inmediatamente las bondades del acuerdo, y los mismitos que no han movido ni un dedito para mejorar las cosas van a decir que es un pésimo Estatut, que para eso no hacía falta moverse, etcétera. Lo cierto es que si nadie lo remedia, el acuerdo es de una consistencia muy notable y nos da instrumentos de soberanía que sólo habíamos visto en sueños. Felicitar a esos dos hombres elegantes y apasionados llamados Solbes y Castells es cortesía obligada. Y es cortesía histórica poner en la picota al bueno de Piqué, cuya triste figura en todo este proceso, campaña mediática anticatalana incluida, da tanta rabia que da pena. ¡Quién le habría dicho a Piqué, con tantas y tan altas aspiraciones, que caería tan bajo! Sin embargo, en este día que tinta la historia de Catalunya para bien, el protagonista más relevante es Zapatero. ¿Será que también aquí, en el territorio socialista, el alumno ha superado al maestro? Porque lo cierto es que siendo simpático, dicharachero, cómplice y amigo de Pujol, siendo todo lo más, Felipe González nunca se enfrentó al reto del problema catalán con la valentía y el compromiso que lo ha hecho ZP. Felipe se parecía a ese “medio amigo” que cantaba magistralmente Peret en homenaje a su padre, capaz de hacerte un favor emotivo y a la vez robarte la cartera. Algunas de las hipotecas más lastimosas de la autonomía catalana se las debemos al amigo Felipe y a su amigo Pujol. Zapatero, más austero en la retórica zalamera como buen leonés, ha tomado la bestia por los cuernos y ha propiciado un debate sobre Catalunya que es, hoy por hoy, el debate más relevante sobre España que hemos vivido desde la transición. Teniendo en cuenta que la transición estaba hipotecada por el miedo, quizá estamos ante el debate sobre España más serio desde la República.

CLARO que, alzados los muros de contención, han salido a pasear los monstruos y la España del Mío Cid, la que despreció a las Cortes de Cádiz y se pronunció contra la República, la misma que vive de la obsesión imperial tanto como del desprecio a lo catalán, esa que se ha levantado micrófono en armas. En este contexto de debate contaminado por el prejuicio y la distorsión, Zapatero podía optar por la retirada, consciente del desgaste electoral que puede padecer en la España pata negra. Pero ha hecho lo contrario, ha optado por hacer de Azaña en tiempos de Sanjurjo, y esa jugada de riesgo puede resultar, al final del camino, la inteligente. Es, en todo caso, la jugada comprometida de un demócrata serio. Sin su compromiso personal, hoy no tendríamos Estatut, por mucha determinación maragalliana que le hubiéramos puesto. Recordémoslo ahora que le lloverán chuzos de punta.