Zapatero ‘versus’ Rajoy + Gallardón

Por Jesús López-Medel, diputado por Madrid (PP) en el Congreso (EL MUNDO, 21/11/06):

Frecuentemente, unas elecciones municipales se convierten en un test o primarias de otras que posteriormente hayan de dilucidar el futuro de la nación en su conjunto. Esto es especialmente patente con ocasión de las que van a decidir quién será el próximo alcalde de Madrid. Hace cuatro años, en una situación nada fácil para el PP -debido a la maldita Guerra de Irak y a todo lo que suponía el final de una etapa política-, Aznar confió como candidato al único personaje al cual las encuestas daban un gran tirón electoral. El elegido confirmó las expectativas y revalidó el amplio apoyo que en otro tiempo tuviera el ex alcalde Alvarez del Manzano.

Cuatro años después, para encontrar a alguien en condiciones de enfrentarse al actual primer edil, Alberto Ruiz-Gallardón, el PSOE ha generado toda una noria de candidatos que recordaba a una escena de vodevil. El partido ha devorado meses y meses, trasmitiendo una imagen muy difícil de entender. Hasta la vicepresidenta del Gobierno tuvo la honradez de pedir disculpas por el espectáculo ofrecido. La nominación de un candidato es algo que corresponde a un partido más que a un Gobierno. En este sentido, las disculpas tenían que haber provenido de la organización. Pero ella, con notable inteligencia, estaba trasmitiéndolas implícitamente en nombre del presidente, al haberse éste implicado (como entonces Aznar) personalmente, intentando involucrar a candidatos que resultaron fallidos, alguno de ellos con show y vendetta incluidos.

La ausencia de algún peso pesado socialista que aceptase rivalizar frente a Gallardón, al prolongarse durante tanto tiempo, estaba creando una erosión grande en el partido político gobernante en España. Daba la sensación de que no tenía a nadie mínimamente consistente y dispuesto a enfrentarse a alguien de gran talla política, como la del alcalde actual. Al final, de nuevo la implicación personal del presidente del Gobierno salvó con su chistera una situación en la que el partido en Madrid se ha revelado carente de fortaleza, con un líder regional como Simancas destinado a otras lides, que no tiene suficiente peso interno ni carisma.

El candidato socialista por fin propuesto presenta un perfil con sus ventajas e inconvenientes. Ofrece, por destacar ahora sólo las primeras, rasgos de ser una persona con preparación técnica y con capacidad para gestionar económicamente los proyectos. Al tiempo, no tiene una presencia que le haga parecer como radical, dada su procedencia del sector bancario. (Y encima es del Atleti.)

En todo caso, presenta un rasgo muy evidente. Es claramente una apuesta personal del propio Zapatero que, ante los desplantes de otros posibles candidatos, ha tenido que acudir a alguien con quien le une una amistad y confianza especial. Esto es lo que le ha llevado a Miguel Sebastián a aceptar la propuesta -ratificada el pasado 18 de noviembre, por cierto, sin apenas entusiasmo por parte de la Federación socialista madrileña-. Su sacrificio personal de prestarse a combatir contra alguien de gran peso le llevará a ser recompensado en un futuro no sólo con un escaño en el Congreso sino también con una cartera ministerial, si repitiesen victoria los socialistas a escala nacional.

El quien le ha elegido y la forma de hacerlo revelan que -siendo un candidato más de Rodríguez Zapatero que del propio PSOE- va a suponer la visualización de una batalla de gran alcance entre el presidente socialista y Gallardón. El resultado del combate va a influir, sin duda, en el conjunto de la política nacional. Si el candidato socialista lograse arrebatar -junto con IU- la Alcaldía al PP, después de 17 años sin ella, no sólo provocaría la muerte política de Gallardón, sino un importante mazazo para todo el partido. No podríamos compensar con hipotéticas pequeñas recuperaciones de otras plazas, o con el mantenimiento de otras que ya gobernamos, el golpe duro que supondría perder la Alcaldía de Madrid.

Pero si Gallardón lograse mantener la mayoría absoluta frente al candidato del propio Zapatero, su presencia como dirigente nacional del PP debería reforzarse. En este tiempo, sin perjuicio de algunos errores evidentes que ha cometido, ha mantenido una línea coherente con su mensaje de apertura, desde el centroderecha, a ámbitos incluso progresistas de la ciudadanía. Junto al apoyo mediático de unos, ha tenido que soportar una cruel campaña en su contra, inspirada, curiosamente, por sectores de la derecha, y contemplada con cierta complacencia desde algún grupo interno del partido. Con sus cualidades y defectos, es indudable su capacidad de sumar más respaldos en la sociedad, y esto no se puede despreciar si a lo que se aspira, de verdad, es a ganar unas elecciones. En éstas, además de conseguir más aplausos entre los militantes muy convencidos, lo fundamental es ser capaz de arañar más votos al adversario.

Rodríguez Zapatero se ha implicado mucho en Madrid y la elección del candidato municipal así lo revela. También lo hará en la campaña, en la cual él y su Gobierno se van a volcar. Si frente a ello Gallardón -con el apoyo del presidente popular y de todos los sectores del partido- logra una victoria clara, ésto necesariamente tendrá que reforzar su papel en el PP. Estará, entonces, en condiciones de ser el mejor apoyo a la candidatura de Rajoy en las Elecciones Generales del año siguiente, especialmente cuando, a pesar de los errores del Gobierno, las encuestas nos dan (aunque sea por poco) como perdedores en estos momentos.

Mariano Rajoy intenta aglutinar en torno a sí a diversas sensibilidades sociales internas (que las hay) para poder ser presidente del Gobierno. Entre ellas, adquiriría gran relevancia la figura de Gallardón y lo que representa. Muchos pensamos que la mejor manera de demostrar lealtad al partido es tener apertura y generosidad para saber aprovechar lo que todos (no sólo los adeptos del grupo que tiene una posición prevalente) pueden aportar para conseguir las mayores posibilidades de triunfo. Y para ello es necesario acentuar la dimensión más centrista. Si los resultados para el Ayuntamiento de Madrid son concluyentes, Gallardón puede ser claramente un excelente refuerzo en las candidaturas a las siguientes elecciones generales para que Rajoy pueda ser presidente de Gobierno de España.

Pero antes, tendrá, con el respaldo de todo el PP -el primero y más entusiasta seguro que el de Mariano Rajoy- y de todos aquéllos que no desean que el alcalde sea del PSOE, que derrotar al candidato de Zapatero en la batalla de Madrid.