Zawahiri: Irak es el centro de la guerra contra el terror

Walid Phares, licenciado en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Jesuita y la Universidad Libanesa de Beirut, y doctor en Relaciones Internacionales y Estudios Estratégicos por la Universidad de Miami (GEES, 21/10/05).

La carta[1] entre el segundo líder de al-Qaeda, Zawahiri, y su líder en Irak, al-Zarqawi, ha forzado a los medios a llegar a una conclusión que debería haberse alcanzado hace tiempo: los jihadistas sí que quieren realmente mantenerse firmes en Irak. Por otra parte, aquellos de nosotros que les venimos siguiendo, a pesar de la cobertura mediática ininterrumpida de que éstos son descubrimientos nuevos, sabemos que esto no es una estrategia nueva.

De hecho, el texto parece ser más que una carta entre particulares, sino más bien una comunicación del comandante a todo al-Qaeda. Bajo esta premisa en mi experiencia personal. Cuando los medios norteamericanos mostraban interés significativo en la carta de Zawahiri dirigida a Abú Mus’aab al-Zarqawi, intenté monitorizar los chats jihadistas con la presunta carta como referencia. Para mi sorpresa, al día siguiente, se leía una carta en el par de salas de chat[2]. Era un texto muy largo de cerca de 30 minutos. Todos los puntos resumidos en los informativos mediáticos estaban incluidos, pero los párrafos orales eran mucho más largos. El “presidente de la reunión” decía que la carta procedía del “doctor”[3]; por lo tanto, asumí que tenía que ser la misma carta. El presidente también mencionaba que este documento estaba fechado en algún momento de agosto, pero no tuve medio de confirmar eso.

Mi primera conclusión fue sin embargo que la presunta carta – o una copia – era difundida en realidad internamente dentro del Tanzím (la organización) para diseminación y “debate”. Ese día, no tenía pistas de la fecha de la publicación interna, tampoco de quién la difundía por la red hasta las “salas”. ¿Fue difundida allá por julio o más tarde?, porque segmentos de la carta emergieron durante este período de tiempo en la prensa occidental. Me pareció que, aunque la carta de Zawahiri era de apariencia “personal” y dirigida a Abú Mas’aab, esta carta (o fragmentos de ella) circulaban sin embargo entre los jihadistas antes de que fuera publicada gradualmente en Estados Unidos y Occidente en general. ¿Hubo motivo? Hasta que el gobierno no publicó la traducción entera del texto en internet ayer, la situación era peculiar en cierto sentido: ¿iba a ser enviada exclusivamente a la atención de Abú Mus’aab? Ya no estoy seguro. Que una carta de Zawahiri sea leída por los moderadores de sala(s) y “descendida” a las masas, muestra la intención inicial del escritor(es) y del remitente(s). Irónicamente, mientras algunos párrafos de la carta afloraban a través de los medios, el (presunto) texto entero de la carta – o una versión mucho más larga al menos – era difundido dentro de la comunidad jihadista online. Aunque estaban apareciendo fragmentos en la prensa norteamericana, la carta entera era leída en salas de chat.

En cualquier caso, el presidente de hace una semana no parecía estar leyendo algún documento extremadamente secreto, sino un “documento estratégico” del al doctor, una lectura repetida en una ghurfa (sala) recién creada. A la lectura le siguió una sesión de ruegos y preguntas interesante acerca de “las reglas de la implicación”. Según informaba la prensa occidental, los temas de la decapitación, los ataques contra los chi’íes y el enfoque en las fuerzas americanas ocupaban el centro del “debate”. Esto es una característica reveladora de la importancia original de la carta: tenía forma de carta confidencial y personal, pero su contenido está escrito como directrices políticas destinadas a las filas jihadistas. Por lo tanto, sin importar el “enigma” interno, el documento plantea puntos importantes:

Uno, el documento parece ser una directiva “política” enviada por el alto mando de al-Qaeda al campo de batalla más crítico de los jihadistas: Irak. Dos, y más importante, los principales puntos establecidos dentro de los medios occidentales versaban sobre el plan estratégico ordenado por al-Qaeda en Oriente Medio y la centralidad de Irak en la planificación de al-Qaeda. El artículo del Washington Post basado en fragmentos de la carta, rezaba:

La carta de instrucciones y peticiones dibuja un plan de cuatro etapas, según funcionarios: en primer lugar, expulsar a las fuerzas americanas de Irak. El segundo lugar, establecer un califato sobre tantas partes de Irak como sea posible. En tercero, extender la jihad a los países vecinos, con referencias específicas a Egipto y levante – un término que describe a Siria y el Líbano. Y finalmente, guerra contra Israel.

Lo que sorprende a los observadores curtidos del terrorismo es que nada de esto es noticia revolucionaria. No me sorprendió en absoluto leer esa carta, pero me sorprendió ver que la prensa trataba el tema como última hora novedosa o material explosivo. El presunto plan de cuatro etapas ha sido común entre los jihadistas, e incluso “ofrecido por partes” en al-Jazira: derrotar a Estados Unidos en Irak, declarar el Califato en el máximo de zonas sunníes de Irak y después pasar al escenario que ha sido un plan clásico durante bastante tiempo. Un lector de la geopolítica islamista comprendería que “extender la jihad” hacia Egipto y el Mashreq (traducido como levante) – que significa Siria, el Líbano y Jordania – es el equivalente a extenderse dentro del escenario sunní de la región. El movimiento final, según análisis salafíes previos, culminaría con un conflicto con el estado judío. Hablamos de la vieja cantinela de la Hermandad Musulmana: nada realmente nuevo, pero ciertamente novedoso para nuestro público, una vez traducido y publicado.

El artículo suma un motivo del carácter revolucionario de la carta de Zawahiri: “Quiero ser el primero en felicitarte, puesto que Alá te ha bendecido en términos de lucha en el corazón del mundo islámico, que antes fue el campo de batallas cruciales en la historia del islam y que hoy es el lugar de la mayor batalla del islam en esta era”. Lo que parece ser una noticia sensacional a los ojos de muchos de los medios es el pan nuestro de cada día de los jihadistas. Cada día de cada semana, algún emir, imán, célula terrorista o presentador de al-Jazira o sala de chat reconfirma lo que Zawahiri escribe en su carta.

El artículo del Washington Post rezaba: “Funcionarios norteamericanos afirman estar sorprendidos por el énfasis de la carta en la centralidad de Irak para la misión de al-Qaeda a largo plazo”. ¿Por qué estarían ‘sorprendidos’ los funcionarios? ¿Qué hay de sorprendente en la centralidad de Irak para al-Qaeda? ¿Es Irak crucial para la ofensiva jihadista global en todo el mundo? Por supuesto que sí.

Bagdad ha sido el objetivo directo de Osama bin Laden, al menos, desde febrero del 2003, cuando pidió a sus jihadistas que estuvieran preparados para el gran momento. Anunció abiertamente que Saddam caería, y que debían pasar a la “segunda capital del Califato”. Una lectura concienzuda del pensamiento y la literatura jihadistas, incluso cuando Saddam se encontraba en el poder, te lleva a una conclusión: con o sin el derrocamiento de Saddam, al-Qaeda y los salafíes apuntaban a Bagdad. El lugar tiene un valor propio, profundamente enraizado en la historia musulmana y en la visión islamista de la renovación. La cuestión real en nuestro denominado debate americano debería ser la estrategia para impedir que los terroristas alcancen este objetivo, no “redescubrir” sus intenciones.

Esta carta no debería causar sorpresa porque los jihadistas tengan planes en Irak y Bagdad: eso ya era sabido.

Si la carta de Zawahiri es importante, es por su aclaración de lo que siempre ha sido el gran designio de los jihadistas, no porque revele algún secreto oculto. La carta es importante porque fue escrita por el número dos de la organización y porque afirma claramente lo que son las intenciones estratégicas, incluso aunque fueran anunciadas, debatidas y aplicadas hace tiempo. En pocas palabras, el público ahora las tiene en inglés y firmadas por el Doktor Aymán en persona. Ello socava toneladas de interpretaciones pobres de las guerras jihadistas en la región, incluyendo la explicación falsa de que el terror de la jihad nació “a causa” del derrocamiento de Saddam Hussein.

De haber hecho algo, la discursión generada por esta carta debería haber versado entorno a las medidas que podemos tomar para dotar a los iraquíes con el fin de que resistan a la estrategia de al-Qaeda. Ése es el diálogo que el mundo necesita desesperadamente que abordemos.


NOTAS:

[1] El 12 de octubre del 2005, la página web del Director Nacional de Inteligencia, John Negroponte, publicaba el texto completo de una carta fechada el 9 de julio obtenida durante las operaciones antiterroristas en Irak. El texto, que pese a no ser nuevo ha levantado gran revuelo – los círculos islamistas, Al Jazira incluida, afirman furiosamente que es una falsificación americana – está redactado de manera personal, y a grosso modo, detalla el creciente “peligro real” que afronta Al Qaeda desde diversos frentes: las operaciones antiterroristas desde Pakistán, el creciente rechazo entre los musulmanes chi’íes, el creciente rechazo por parte de los iraquíes y la acuciante asfixia financiera (es el primer texto de la organización en el que se pide dinero urgente).
[2] Muchas páginas web jihadistas consisten simplemente en un código PHP, que es la parte más destacada en las noticias, al contener las reivindicaciones y los chantajes. La parte realmente interesante de estos portales es, no obstante, un chat (ghurfa) que acompaña a la página, consistente generalmente en un canal IRC sin registrar que cambia cada pocos días. En él, a la hora acordada, el oper quita la voz (-v) a todos los usuarios, y el “presidente de la congregación” pasa a leer un texto procedente de los mandos de la organización. A continuación, el oper devuelve la voz a los usuarios, que podrán hacer preguntas de índole teológica al presidente relativas al texto leído.
[3] Apelativo de Zawahiri relativo a sus titulaciones teológicas.