El tabaco, sir Richard y la Audiencia

Por Joseba Zabala Galán, médico de Salud Pública y miembro de la Sociedad Vasco Navarra de Prevención del Tabaquismo (EL PERIÓDICO, 27/10/08):

La reciente y novedosa sentencia de la Audiencia Nacional sobre la reclamación patrimonial de un fumador afectado del cáncer de laringe, aunque exonera al Estado de cualquier responsabilidad económica, le coloca en una difícil situación sobre la que merece la pena reflexionar.
La relación entre tabaco y cáncer no es de ayer por la mañana. Richard Doll, el mismo científico inglés que en el caluroso verano de 1987 esclareció que el aceite adulterado era el causante del síndrome tóxico –del que ya solo se acuerdan los afectados y los viejos del lugar–, en la década de los 50 lanzó su pionero estudio prospectivo caso-control en el que participaron 40.000 médicos británicos, y que puso a las claras la relación tabaco-cáncer de la que se hace eco esta sentencia.
Su descubrimiento le motivó a abandonar su adicción al tabaco, continuando una prolífica y larga vida dedicada a la epidemiología hasta su muerte, hace un par de años, después de cumplir los 92. Hoy día, nadie puede negar que el consumo de tabaco activo, de quien fuma, y pasivo, de quien respira el humo de forma involuntaria y obligada, esté detrás de muchos de los tumores que desgraciadamente tenemos que diagnosticar.

EL RECUERDO de sir Richard y el caso de la Audiencia Nacional me sugieren cuatro apuntes que paso a comentar. El primero va dirigido a los redactores de la sentencia, pues parecen ignorar que la gran mayoría de los fumadores se inician en esta droga en plena preadolescencia. Según la última encuesta escolar del Plan Nacional de Drogas, la edad media de inicio en el tabaco ronda los 13 años. Momento de la vida en el que las maniobras de la publicidad encubierta, la presión del grupo de iguales y las ganas de ser como los mayores hacen que las decisiones de chavales y chavalas no sean actos tan “libérrimos ni de exclusiva responsabilidad” como dicen sus señorías.
Otra sala de este mismo tribunal, la sexta de lo Contencioso-Administrativo, es motivo de la segunda de mis reflexiones, pues próximamente tendrá que pronunciarse sobre la histórica demanda interpuesta por la Junta de Andalucía exigiendo la responsabilidad económica a cinco industrias tabaqueras y al propio Estado, a los que reclama 1,77 millones de euros por los gastos sanitarios derivados del tratamiento de 135 fumadores. La propia Audiencia Nacional recalca de forma inédita que “es un punto de partida insoslayable que el consumo de tabaco es causa eficiente de daños para la salud y particularmente un factor cancerígeno”. La evidencia demostrada por Richard Doll y numerosos estudios científicos posteriores han puesto de manifiesto, además, las inadmisibles acciones de marcas que, día a día, manipulan consciente e intencionadamente, mediante aditivos perfectamente combinados, esta droga de diseño llamada tabaco.
La culpa o dolo es un concepto jurídico que aúna lo cognoscitivo y lo volitivo, el conocer los hechos y el querer realizar la conducta. La industria del tabaco actúa inequívocamente con dolo pues desarrolla prácticas dirigidas conscientemente a aumentar la capacidad adictiva de su producto. La ciudadanía y la salud pública española demandan a esta instancia judicial que aborde por primera vez el fondo de la cuestión tabaco-cáncer y que establezca de una vez por todas la responsabilidad del daño que continúan produciendo sobre toda la sociedad quienes preservan su impunidad ocultos en influyentes e inmorales estrategias comerciales.
El tercer apunte va dirigido al Gobierno, pues la actual ley del tabaco no garantiza a la población el poder socializar su ocio en bares y restaurantes libres de los “factores cancerígenos” del humo del tabaco. Es más, delega una decisión de tal trascendencia a la voluntad del dueño de un local, condenando a quienes trabajan en este sector a una exposición continuada al tóxico. Si en España esta situación se mantiene, al contrario que en otros estados vecinos que ya han adaptado sus legislaciones, el Estado pasa a ser de facto responsable de esta discriminación laboral y personal.

EL CUARTO y último comentario se lo dedico a la gente de aquí, a la población general fumadora, activa y pasiva. Aunque nunca me ha gustado considerarme a mi mismo un fumador pasivo, pues fumadores pasivos, tolerantes y resignados son del agrado de las transnacionales del tabaco, como también lo son los fumadores adictos, fieles y sumisos pagadores de su peaje diario en el estanco o en la máquina del bar. A ellos y a ellas, una llamada a la autocrítica de su comportamiento porque, como sentencia la Audiencia Nacional, científicamente no hay duda del daño que se hacen a sí mismos, pero tampoco del que hacen a quienes están a su alrededor. La responsabilidad de fumadores y no fumadores es clave en la construcción de nuevos espacios libres de humo, ya sea en nuestra casa, en nuestro trabajo o en nuestro ocio, pues expansivamente se convertirán en enclaves productores de salud.
Únicamente con la toma de conciencia individual y colectiva dejaremos de ser personas fumadoras pasivas y alcanzaremos activamente el nivel de salud individual y colectiva que necesitamos. Manos a la obra.