Elecciones en Turquía: ¿Será más difícil esta vez?

Todo o nada. Este es el espíritu con el que los principales candidatos y fuerzas políticas concurren a las elecciones turcas del 24 de junio. Una sensación que se agudizará si, dos semanas después, el 8 de julio hay segunda vuelta para elegir al Presidente. A mediados de abril, Erdoğan decidió dar un golpe de efecto anunciando la convocatoria de elecciones anticipadas. Pretendía coger por sorpresa a la oposición, aprovechar las ganancias electorales del éxito militar en el norte de Siria y acudir a las urnas antes de que la situación económica se deteriorase. Lo que no se imaginaban entonces ni Erdoğan ni sus asesores es que sus rivales tuviesen la agilidad suficiente para articular coaliciones en tan poco tiempo, ni que las perspectivas económicas se deteriorasen tanto en cuestión de semanas.

¿Por qué son tan importantes? Tras la elección del nuevo Parlamento y del Presidente de la República empezará a aplicarse el sistema híper-presidencialista aprobado tras el controvertido referéndum del 16 de abril de 2017. Una de las principales críticas de quienes entonces abogaron por el “no” es que configuraba un sistema sin contrapesos que otorgaba súper-poderes al Presidente. El resultado es que las de 2018 se han convertido en una suerte de súper-elecciones. Turquía, además, se encuentra en un momento geopolítico de gran intensidad: se ha reconciliado con Rusia pero desde una posición asimétrica; sus relaciones con Estados Unidos son un campo minado; está enfrascada en operaciones militares en el norte de Siria e Iraq; ha tomado partido en las rivalidades que atraviesan Oriente Medio; y las relaciones con la UE están en uno de sus peores momentos. Al nuevo Presidente le tocará posicionarse.

¿Puede Erdoğan perderlas? A juzgar por el nerviosismo de los círculos cercanos al actual Presidente y por el entusiasmo de la oposición, ninguna de las dos partes da por sentenciada la batalla. Las encuestas señalan que tanto el AKP como Erdoğan están a mucha distancia de sus rivales. Sin embargo, esta ventaja podría no ser suficiente para asegurarse ni la mayoría absoluta en el Parlamento ni la elección como Presidente en primera vuelta. Tanto el resultado del referéndum de 2017 como las encuestas muestran una Turquía partida en dos en la que Erdoğan está perdiendo apoyos, especialmente entre los jóvenes y en áreas urbanas. Lo cierto es que en esta campaña se ha visto a un Erdoğan con menos energía, algo que contrasta con el dinamismo del candidato del principal partido de la oposición, Muharrem İnce. Se acercan días de mucho nerviosismo, especialmente si al final hubiera segunda vuelta en las presidenciales.

¿Será una elección libre y justa? El director de la oficina en Ankara de la German Marshall Fund, Özgür Ünlühisarcıklı, ha descrito perfectamente la naturaleza de estas elecciones: no son justas pero sí reales y competitivas. La mejor prueba de que son reales es la movilización de la oposición y la atención que están generando tanto en Turquía como fuera del país. Sin embargo, cualquier observador ecuánime no puede argumentar que los contendientes afrontan el desafío en igualdad de condiciones. Por ejemplo, uno de los candidatos a las presenciales, Selahattin Demirtaş, está en prisión preventiva. El aparato del Estado, empezando por la radio-televisión, pero también los medios de comunicación privados, no son neutrales. El boicot informativo a una de las candidatas, la derechista Meral Akşener, lo ilustra perfectamente. Sobre la limpieza del proceso electoral, habrá que estar muy atento a los informes que hagan la misión de la OSCE y actores de la sociedad civil como la plataforma Oy ve Ötesi. El papel de los apoderados de los partidos también será clave y en esta ocasión los de la oposición están especialmente movilizados. El punto más caliente serán las zonas de mayoría kurda ya que una de las mejores noticias para el AKP sería que el partido pro-kurdo HDP quedara por debajo del 10% y, por lo tanto, no participase del reparto de escaños. Éste es, sin lugar a dudas, uno de los talones de Aquiles de la oposición.

¿Y Europa? Durante la precampaña electoral todo lo vinculado a la Unión Europea había quedado relegado a un tema secundario, incluso inexistente. Sin embargo, la decisión del gobierno austríaco de cerrar siete mezquitas y repatriar a más de 40 imames, muchos vinculados al ministerio turco de Asuntos Religiosos, podría cambiar las cosas. Ya en el referéndum de 2017, Erdoğan explotó el sentimiento de agravio cuando estalló la crisis diplomática con Holanda y Alemania. Que lo haga de nuevo no debería ser una sorpresa para los líderes europeos ya que ellos han hecho lo mismo cuando han tenido ocasión. Otro punto delicado son las relaciones con Grecia. A pocos días de las elecciones, Ankara ha suspendido el acuerdo de readmisión y ha protestado energéticamente por la negativa de Atenas de entregar a varios militares acusados de haber participado en el golpe de Estado fallido.

A medida que se acerque el día de las elecciones, la UE y sus estados miembros deberían saber que cualquier cosa que hagan o digan será susceptible de ser utilizada  no sólo en su contra sino también para desacreditar al resto de contendientes. Es lógico que estos días se imponga la prudencia. El calendario, no obstante, juega malas pasadas. Justo después de la primera votación, el 25 de junio, está convocado un Consejo de Asuntos Exteriores de la UE y los días 28 y 29 de junio se reúne el Consejo Europeo. ¿Hasta dónde irán en su valoración de las elecciones turcas? Dependerá mucho de si hay o no segunda vuelta para las presidenciales.

No son unas elecciones fáciles ni corrientes. Erdoğan las afronta con menos certezas que cuando las convocó y la gestión de los resultados, sean los que sean, generará tensión y nerviosismo en una sociedad polarizada pero también entre los socios internacionales de Turquía. Es mucho lo que está en juego. La importancia de estas elecciones se está midiendo más por las posibles pérdidas que por las ganancias. Todos tienen miedo. La oposición teme quedar completamente arrinconada y Erdoğan perder todo lo acumulado tras 15 años en el poder. Y, sobre todo, ambos temen las represalias contra el que salga derrotado. Bajo la atenta mirada del resto del mundo, gobierno y oposición se preparan para lo que, creen, puede ser su última gran batalla.

Eduard Soler i Lecha, investigador sénior de CIDOB y miembro del proyecto FEUTURE.

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