EL PUBLICO TEATRAL

 
     Aunque en ningún caso se reducía a una elite, la parte de la población que asistía al teatro era una minoría en comparación con el circo y con el anfiteatro (el número total de asientos existentes en los tres teatros de Roma en el siglo I d.E.
era aproximadamente la mitad del anfiteatro Flavio (Coliseo) y muy inferior al aforo del Circo Máximo, en el que cabían unos 255.000 espectadores). El público variaba según los géneros. Comedia y mimo gozaban de un público de diversa procedencia, porque los temas, por su cotidianeidad, eran de fácil comprensión. El de la tragedia era en cambio más selecto, compuesto sobre todo por quienes habían tenido contacto con la cultura griega.
     Los espectáculos eran anunciados mediante rótulos pintados en los muros exteriores de los teatros. Hombres y mujeres de todas las categorías sociales estaban autorizados a asistir a las representaciones teatrales, pero los espectadores no podían elegir libremente su asiento. La subdivisión del espacio en el edificio teatral, que suponía la reserva de lugares determinados según la categoría social, política y jurídica del público, ofrecía una imagen completa de la población romana, estructurada sobre la base de la existencia en ella de libres y esclavos, extranjeros y ciudadanos, diferenciando dentro de estos últimos entre la plebe y los órdenes de los senadores y los caballeros [Figura 4].
     La ubicación de los espectadores fue reglamentada mediante diversas disposiciones legales durante la época republicana, hasta culminar con una detallada ley promulgada por Augusto (Suetonio, Vida de Augusto 44). Al parecer los esclavos podían asistir al teatro, pero con la prohibición de sentarse salvo que sobraran asientos, reservados para las personas libres. Los esclavos debían colocarse en la parte superior de la summa cavea, en la zona más alta del graderío. Ese es el espacio en el que se situaría también la plebe más humilde sin toga (pullati), así como las mujeres, aunque es posible que las esposas de caballeros y senadores pudieran acceder en compañía de sus maridos a las filas más próximas a la escena. De acuerdo con Suetonio, las vestales disponían de una ubicación especial frente a la tribuna del pretor, que presidía la representación. En cuanto a los niños, los pobres ocuparían como sus padres la summa cavea, pero quienes dispusieran de educadores privados serían colocados junto con éstos en lugares reservados del teatro. El grueso de la plebe ocupaba la parte principal de la media cavea, en la porción central del graderío, justo por encima de las filas de los caballeros. Es posible que hubiera sitios reservados para militares y tal vez también para veteranos del ejército, así como para los funcionarios públicos (apparitores) que trabajaban para los magistrados y para el emperador (escribas, pregoneros, alguaciles, etc.). Los soldados que hubieran sido condecorados con la corona civica por su valor disfrutaban del privilegio de sentarse inmediatamente detrás de los senadores, incluso por delante de los equites.
     Por lo que respecta a los extranjeros, aquéllos que disfrutaban en Roma de la condición de huéspedes fueron expulsados por Augusto de la orchestra, donde aparentemente habían disfrutado del privilegio de sentarse junto a los senadores durante la República tardía. Sin embargo, algunos embajadores, reyes y príncipes fueron autorizados con posterioridad a sentarse en ese lugar destacado (Tácito, Anales XIII 54). En cualquier caso, tales huéspedes oficiales siguieron disfrutando de asientos suficientemente honorables, aunque probablemente por detrás de los caballeros.
     En los asientos más próximos a la escena se ubicaban los miembros de la aristocracia romana, caballeros y senadores. Desde el año 61 a.E., la ley Roscia obligaba a reservar las primeras catorce filas del graderío a los miembros del orden ecuestre. No es seguro que disfrutaran de este privilegio también fuera de Roma, pero hay indicios de que así sería, como por ejemplo una inscripción realizada sobre una de las gradas inferiores del teatro de Arausio (Orange, Francia), reservada para caballeros, y la noticia transmitida por Asinio Polión en una carta dirigida a Cicerón en la que afirma que, en los juegos organizados por Balbo en Gades (Cádlz), había en el teatro catorce filas de asientos reservadas a los caballeros (Cicerón, Cartas a familiares X 32,2).
     En cuanto a los senadores, desde el año 194 a.E. se les reservó asientos separados del resto del pueblo (Livio XXXIV 44). Durante las últimas décadas republicanas debieron de tener derecho a sentarse en la orchestra, justo bajo el escenario, privilegio que se recoge en la ley de la colonia hispana de Urso, sin duda redactada a imagen y semejanza de Roma. Probablemente se acomodaban en sillas movibles, tal vez con los nombres de sus propietarios pintados sobre ellas. La normativa introducida por Augusto confirmó la posición de privilegio de los miembros del orden senatorial, al decretar «que siempre que se diesen espectáculos públicos, la primera fila de asientos quedase reservada para los senadores». La reserva de plazas podía realizarse horizontalmente por filas (gradus) o verticalmente por bloques de asientos (cuneus). Las mismas gradas podían estar rotuladas con inscripciones o signos señalando los grupos o individuos a los que correspondían. En todo caso, la separación de los diversos ámbitos estaba clara, también desde el punto de vista arquitectónico. En el teatro norteafricano de Sabratha [Figura 1], por ejemplo, se conserva el pequeño muro que aislaba las seis filas de los notables de la ciudad del resto del graderío, señalando la diversidad jerárquica del cuerpo social. Los romanos introdujeron además como novedad en sus teatros la instalación de tribunas de honor (tribunalia) sobre las entradas laterales al edificio, creando palcos suplementarios cuyo interés radicaba precisamente en su aislamiento respecto a los espectadores situados en el mismo nivel.