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LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA |
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| En el mundo de la enseñanza esto
se traducía en una convicción central: era más eficaz formar maestros,
hombres, que fabular un vasto plan de reformas en un gabinete técnico de
marfil. Por eso sentían una invencible repugnancia hacia las oposiciones.
Las oposiciones, según ellos, no se ocupan, en absoluto, del proceso de
formación del candidato, sino únicamente de su selección; favorecen la
brillantez retórica y superficial y constituyen con frecuencia un
vergonzoso espectáculo de servilismo y adulación a los miembros de los
tribunales. Esto bastaría para descalificarlas, pero lo más grave, según
los institucionistas, es que media docena de cosas importantes que deben
tenerse en cuenta para encomendar una tarea educativa (según Giner: su
celo para cumplir los deberes, la honradez concienzuda, su amor a la
verdad, la dignidad de su carácter, su sentido para la enseñanza y la
vida, su vocación profesional) quedan tan ignoradas y sin demostrar
después de la oposición como antes. Formación de hombres, pues, formación de maestros, pero teniendo en cuenta que cuando ellos utilizan este término distan mucho de referirse al funcionario vitalicio y rutinario que ven a su alrededor. El maestro es para ellos el centro, el punto de referencia, el órgano vital del proceso de transformación que acometen. Su lucha por dignificar su figura, por sacarle de la indigencia, por formarle y potenciarle al máximo no tiene paralelo alguno en la historia de la España contemporánea. Él es lo más importante, y todo lo demás se evapora en la inutilidad si falta él. Dadme el maestro -decía Giner en una de sus más conocidas acotaciones- y os abandono el edificio, las instalaciones, la organización, los programas..., todo lo demás. Pero, claro, su ideal estaba muy lejos del maestro de primeras letras al uso: habrían de ser también de regular cultura, investigadores, éticamente ejemplares, vocacionalmente entregados a su labor, sensibles a lo estético y de maneras correctas. La vocación, severidad y probidad en la conducta y las dotes de investigación y exposición eran los elementos a tener en cuenta, según el artículo 18 de los Estatutos, para el nombramiento de profesores en la Institución y eran condiciones inexcusables: Todo profesor podrá ser removido cuando perdiese alguna de estas esenciales condiciones. En todas las fundaciones derivadas del espíritu institucionista se trataba de evitar por todos los medios la burocratización del maestro como consecuencia de los nombramientos vitalicios y la falta de estímulos. El maestro que soñaban los institucionistas no podía poner condiciones al impulso que surgía de él, ni trocar su labor por más o menos dinero, ni regatearle un minuto a su compromiso moral. Si no era así, no les interesaba para su proyecto. |
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