El espíritu de la mejor España

Discurso pronunciado por Don Felipe en la entrega de los Premios Internacionales de Periodismo de ABC a Gabriel Albiac, premio Mariano de Cavia; José Luis Corripio, premio Luca de Tena, y José María Nieto, premio Mingote, celebrados anoche en la Casa de ABC.

Siempre es un placer venir a la Casa de ABC, máxime en los días tan intensos que vivimos, porque aquí siempre encontramos -si me permiten la expresión- buen clima. Y agradecemos la calurosa acogida.

El próximo año, los galardones que hoy nos reúnen, los Premios Cavia de ABC, alcanzarán sus cien primeros años de existencia. El poso del tiempo los ha situado entre los más ilustres y codiciados de nuestro periodismo, por su continuidad en el tiempo, el prestigio de la cabecera que los organiza y su nómina de ganadores. El palmarés de los Cavia sin duda impresiona y, además, enmarca lo mejor del periodismo español.

Esta noche, aquí, entre quienes admiramos y valoramos el buen periodismo, me gustaría evocar cómo nacieron estos galardones, porque la anécdota que quiero recordar nos puede servir como parábola del espíritu de la mejor España. Seguro que algunos la conoceréis, sobre todo los que sois de esta Casa, claro.

Mariano de Cavia Lac nació en Zaragoza en 1885 y murió 64 años después en Madrid, el escenario de su carrera. Fue sin duda el periodista más celebrado de su tiempo. También el mejor pagado (corría entonces la leyenda de que cobraba… ¡una peseta por palabra!).

Hijo de un notario, inició Derecho con desgana, solo por cumplir con su padre. Pero pronto plantó la carrera para dedicarse a la vocación que lo consumía: el periodismo. Con 24 años fundó un semanario satírico de corta vida y enseguida dio el salto a Madrid.

Cavia era un columnista de buen estilo, culto y con humor, que cultivaba un costumbrismo que el público adoraba. Sus artículos le otorgaron incluso un asiento en la Real Academia, del que jamás tomó posesión. Y es que don Mariano era también un bohemio contumaz, un hombre singular, que le puso un piso a su biblioteca y prefirió mudarse a un hotel, el Términus de la Carrera de San Jerónimo.

Cuando nace ABC en 1903, su fundador, Torcuato Luca de Tena, intenta enrolar a Cavia en el proyecto y el maestro escribe algún artículo bajo la cabecera de las tres letras. Sin embargo, enseguida retorna al periódico rival, «El Imparcial», donde desarrolló lo más notable de su carrera.

Cuando muere Cavia, en 1920, ocurre algo ejemplar. Luca de Tena imparte una lección de liberalidad y dedica la portada de ABC al columnista de la competencia que acaba de fallecer. Incluso da un paso más: crea el Premio Mariano de Cavia de Periodismo, que presenta como «un homenaje al inolvidable maestro que no quiso ser más que periodista».

Recuerdo hoy aquella historia porque nos muestra el mejor de los talantes, la España más luminosa, la de las mentes abiertas, la tolerancia, la capacidad de tender lazos y reconocer las bondades y logros ajenos. Un espíritu de concordia bajo el que nuestro país ha escrito sus mejores páginas y del que nunca deberíamos desviarnos.

A lo largo de su carrera, Cavia pasó por las páginas de «El Liberal», el «Heraldo de Madrid», ABC, «El Imparcial» y «El Sol». De todas aquellas legendarias páginas solo perviven las del periódico que hoy nos acoge. En Europa existen varias cabeceras insignes que han superado la prueba del tiempo, como «Le Figaro», «El Corriere», «The Times», «The Guardian» o el propio ABC, todos más que centenarios. Esos diarios constituyen en cierto modo columnas de civilización. Son ya un patrimonio de todos y un espacio de reflexión y excelencia.

Por eso, quiero aprovechar también esta celebración para destacar nuevamente la vigencia de la gran prensa, que ha superado los pronósticos pesimistas con una gran pujanza en la «autopista de la información» del siglo XXI, Internet. Los periódicos continúan marcando el guion del debate público y sus exclusivas suponen importantes aldabonazos; y lo digo esta noche aquí en ABC, que se distingue con informaciones relevantes, que ensanchan y oxigenan el debate público.

Pero ese gran periodismo que estamos ensalzando es siempre obra de personas concretas. Los premios Cavia distinguen en esta 99 edición a tres que son sinónimo de calidad, y de compromiso con la libertad.

Gabriel Albiac, uno de los filósofos mayores de la España de hoy, recibe el premio Mariano de Cavia por «Las Ramblas, a lo lejos», artículo publicado como Tercera de ABC en el primer aniversario del terrible atentado de La Ramblas, donde el autor mantenía encendida la imprescindible llama del recuerdo.

Leer a Albiac supone un verdadero placer porque su prosa muestra una altura que no es frecuente, soporte además de un pensamiento honesto, sólido y erudito. Albiac ha enfatizado muchas veces que su «compromiso con el rigor de la escritura es absoluto». Es cierto. Gabriel, siempre leal a la verdad, es uno de esos intelectuales imprescindibles. Un faro de lucidez que sigue arrojando luz en artículos y ensayos.

El premio Luca de Tena recae este año en uno de los principales editores de Hispanoamérica, Pepín Corripio, un empresario que se define como «españolicano», porque desde niño, aunque nació en Asturias (Villaviciosa), reside en la República Dominicana. Allí, con talento y trabajo, ha creado un grupo empresarial que hoy cuenta con 14.000 empleados. Pero de todas sus empresas, entre las que figuran también cadenas de televisión, se diría que las que mandan en su corazón son sus diarios.

Pepín Corripio ha dejado instrucciones de que cuando él no esté sus hijos «no cierren jamás un periódico». Como editor solo plantea dos límites a sus redactores: «Respetar la veracidad y respetar la honra ajena». Tiene claro que «un periódico que pierde su credibilidad se convierte en un desecho». Don Pepín, como se le conoce universalmente en República Dominicana, no cesa de recordar que «los países necesitan medios de comunicación que colaboren a la convivencia, aporten armonía, sean veraces y tengan capacidad de análisis». Él, desde luego, ayuda cada día a hacerlo posible como editor.

Muchos de ustedes iniciarán muchas veces sus mañanas con un café y la sonrisa que nos regala José María Nieto, ganador del Premio Mingote. Nieto, vallisoletano nacido en 1971, llegó a ABC en 2013 con un reto de los que imponen: ocupar el vacío dejado por el inolvidable y magistral Mingote. Estoy seguro de que el maestro le habrá dado su aprobado con un cariñoso aplauso. José María es un humorista dúctil, de amplia paleta, que puede mostrarse irónico, mordaz o tierno. Define su viñeta como «una columna que utiliza imágenes». Y así es. En los dibujos de Nieto, muchas veces protagonizados por sus ocurrentes ratitas filósofas, se capta perfectamente el espíritu de los tiempos con un simple vistazo.

José María, sigue haciéndonos disfrutar, por favor, porque el humor es una de las maneras más inteligentes de endulzar la vida, además de hacernos reflexionar o ampliar el punto de vista sobre cualquier asunto.

Enhorabuena a los premiados, muchas gracias a todos por estar aquí esta noche, e iniciamos desde ya la cuenta atrás para una fecha histórica: el centenario de los Cavia del año que viene, porque el reloj del buen periodismo nunca se para, y menos en esta Casa de ABC.

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