El Mundial de Francia ha generado un interés inédito, pero las condiciones de las reporteras no han cambiado

 Carol Barcellos fue la encargada de la cobertura de Francia 2019 para la televisora brasileña Globo. Credit Pete Kiehart para The New York Times
Carol Barcellos fue la encargada de la cobertura de Francia 2019 para la televisora brasileña Globo. Credit Pete Kiehart para The New York Times

En este país hubo once millones de televidentes. Más de treinta millones en Brasil vieron a una selección que por mucho tiempo han ignorado. Una semifinal muy tensa entre Inglaterra y Estados Unidos fue, con 11,7 millones de espectadores, lo más visto de la televisión británica este año.

El éxito del Mundial de Francia 2019, que este domingo coronará a la selección campeona en la ciudad de Lyon, será estudiado de muchas maneras. Se analizará el dinero, claro, pero también la cantidad de personas que compró boletos; el interés de los patrocinadores; cuánta conversación despertó.

Sin embargo, el indicador que probablemente se volverá el más importante es el  inmenso aumento en el interés mediático y el crecimiento resultante en los espectadores por partido. La FIFA emitió alrededor de 1300 credenciales para reporteros y fotógrafos de medios impresos para el torneo en Francia, el doble de las emitidas para la Copa de Canadá 2015. Muchas personas en medios que le han dado seguimiento al juego femenil de manera regular siguen enfrentando desafíos considerables para producir la cobertura —como asumir los costos del viaje por su  cuenta, o cuestiones de paga y críticas que las reporteras enfrentan en general—. Aún así, a muchos les sorprendió el aumento en el interés por su trabajo este año.

“Me han llegado muchísimos mensajes, muchos más de los que esperaba”, dijo Carol Barcellos, corresponsal para la mayor televisora brasileña, Globo, antes de salir a cuadro para una de las muchas transmisiones en vivo que produjo antes del partido de Brasil contra Australia, en la fase grupal. “La gente está feliz de escuchar las increíbles historias acerca de qué tuvieron que hacer estas mujeres para poder jugar futbol”.

El interés sin precedentes del público brasileño también se ha visto en otros mercados. La televisora francesa TF1 tuvo récords de audiencia cuando Francia le ganó a Corea del Sur en el partido inaugural y rompió esos récords con cada partido posterior de las Bleues. La cobertura de la BBC registró cifras similares para el Reino Unido y desde Italia hasta los Países Bajos, e incluso en Chile, las televisoras y la audiencia han acudido a ver a sus equipos y la copa.

Incluso en Estados Unidos, donde ya hay un gusto probado por el futbol femenino, los números van al alza. Cuando las estadounidenses le ganaron a Inglaterra en la semifinal del 2 de julio, la transmisión vista por 7,4 millones de personas fue la más observada de todas las transmisiones de futbol en Estados Unidos desde la final del Mundial de Rusia 2018… y esa audiencia rompió un récord impuesto apenas la semana anterior, cuando las jugadoras de Estados Unidos derrotaron a Francia en cuartos de final.

Sin embargo, las ganancias más impresionantes se han dado fuera de la cancha, en los mercados donde la rama femenil fue tratada por mucho tiempo con indiferencia y donde la cobertura de esos partidos sigue sin despegar por completo.

En Brasil, por ejemplo, pocas cosas generan tanta atención como una selección nacional en un Mundial; no sería tan inesperado que las cápsulas de alguien como Barcellos sobre un torneo futbolístico en otro país causen tanta atención. Excepto que en Brasil, durante décadas, hablar de un Mundial ha significado solamente hablar del torneo varonil. Eso, a pesar de que el país ha tenido la mejor selección femenina suramericana desde hace décadas y que tiene a una jugadora que ha sido nombrada seis veces la mejor futbolista del mundo, Marta.

Los programas con Barcellos desde Francia fueron parte del mayor impulso de Globo hasta ahora para exhibir el Mundial en el país más poblado de América del Sur. Los partidos del equipo nacional, desde su victoria inaugural contra Jamaica hasta su eliminación dramática ante Francia, fueron transmitidos por primera vez desde el principal canal de la televisora y narrados por Galvão Bueno, el mismo locutor que hace todos los partidos de la Verdamarela varonil.

Periodistas que han cubierto por primera vez la justa mundialista femenil han descubierto en el deporte una plataforma para discutir eventos más abarcadores al darles voz a atletas que no son tan conocidas.

“Estoy descubriendo nuevos aspectos del deporte”, dijo Giulia Zonca, escritora del medio italiano La Stampa que ha participado en coberturas de varias copas varoniles y de Juegos Olímpicos. Zonca dijo que ha tenido buenas oportunidades para hablar con jugadoras dispuestas no solamente del deporte, sino de los desafíos de volverlo una carrera.

“Ellas toman postura”, dijo Zonca, “y eso es muy refrescante”.

Las atletas también han tomado nota de que hay mayor diversidad entre quienes les hacen las preguntas. “Mientras más mujeres, mejor, creo yo, aunque nos encante ver a los hombres que están aquí”, dijo Megan Rapinoe, delantera estrella de la selección estadounidense, en una conferencia de prensa antes del partido de cuartos de final contra Francia. “Claro que queremos tener a más mujeres, porque hacen las preguntas para contar la historia desde otra perspectiva. Pero también darles más oportunidades en general a las personas ayudará a que haya una historia más completa de las mujeres en este y otros deportes”.

Eso sí, los cambios recientes no han eliminado las penurias que enfrentan muchas de las personas que cubren el futbol femenino. La misoginia y los malos salarios han sido un problema ineludible para muchas reporteras que han intentado abrirse camino en el periodismo deportivo y no queda claro si las comunicadoras que han recibido ascensos para cubrir el Mundial de Francia 2019 quedarán encasilladas después.

Algunas personas con acreditación de medios tuvieron que pagar su propio trayecto hasta Francia. Algunas usaron sus días de vacaciones para ir a la copa. Otras tienen batallas más personales, como Shireen Ahmed, periodista autónoma canadiense que contribuye al pódcast deportivo feminista Burn It All Down. Poco antes del Mundial actual, Ahmed fue acosada en redes sociales por criticar públicamente Copa 90, una empresa global de medios cuyo contenido futbolístico está enfocado en varones milénials. Ahmed sugirió que la empresa había dado un mal paso al incluir a un presentador con antecedentes conocidos de publicaciones misóginas en un video promocional para Francia 2019, críticas que llevaron a Copa 90 a distanciarse públicamente de los dichos de su presentador.

Sin embargo, Ahmed fue quien tuvo que enfrentar las reacciones virulentas e inmediatas por alzar la voz.

“Fue muy traumático”, dijo Ahmed, mujer musulmana que usa el velo. “Pero probablemente lo haría de nuevo”.

Ahmed no ha sido el único blanco de troles en internet que critican que se hable sobre el deporte. La selección alemana hizo un video promocional en el que se burlaba de las críticas que les han mandado por redes y Alex Scott, exseleccionada británica que ahora es comentarista en el Reino Unido, se pronunció hace poco sobre los abusos diarios que recibió la temporada pasada cuando fue analista para partidos de la Liga Premier.

El sentimiento que tienen estas personas de que las hacen menos no es remediado ni por poco por las condiciones económicas precarias que enfrentan quienes cubren el futbol femenil.

Stephanie Meek y Rachel Bach, fotógrafas australianas de 28 años, se describieron como “voluntarias” en el torneo antes de reconocer que esa descripción no es la más apropiada.

“Somos más como trabajadoras con sueldo de esclavas”, dijo Meek.

Ambas están ofreciendo sus fotografías de la copa a un sitio web australiano sin cobrar por ello; dijeron que en Australia también tienen que hacer lo mismo.

“Estamos dispuestas, porque sí nos apasiona y porque creemos que es algo que tiene que recibir cobertura”, dijo Meek.

Luego hay otro problema en ciernes. A medida que el deporte femenino ha crecido en popularidad, también se ha vuelto un tema a quién le asignan cubrirlo. En Inglaterra, por ejemplo, algunos de los nombres más conocidos del periodismo deportivo han empezado a seguir más de cerca la rama femenil, sobre todo porque Phil Neville, exseleccionado británico y exjugador del Manchester United, ahora es el director técnico de las Leonas. Eso ha creado cierta marginación de quienes han pasado años cubriendo el deporte; una marginación en ocasiones literal.

Sophie Lawson, reportera autónoma, recuerda que cuando se anunció la designación de Neville en enero de 2018 llegaron por primera vez varios reporteros —prácticamente todos hombres— y  fueron acomodados para una entrevista grupal a Neville, pero ya no había espacio para todos, así que a Lawson y a otras periodistas les dijeron que iban a tener que sentarse a espaldas de Neville. Lawson pasó toda la entrevista viendo la parte trasera de la cabeza del entrenador.

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