La batalla del Pacífico

Confieso que esperaba su llamada de un momento a otro. Hace prácticamente una década que Jano, ese amigo bifronte que comparto con el presidente del Gobierno, nunca deja de aparecer cuando las cosas se complican. Lo hizo el jueves con el pretexto de felicitarme la Nochebuena y he de reconocer que pocas veces su descripción del estado de ánimo y los propósitos del inquilino de La Moncloa se han alejado tanto de mi propia percepción. Juzguen ustedes mismos.

-Te llamo para desearte un feliz primer año de la recuperación económica. Supongo que te habrá gustado lo de ayer…

-¿Te refieres a la tregua parlamentaria navideña? Bah, no creo que dure ni hasta el día de los Inocentes.

-No seas frívolo. Te puedo decir que la oferta de Zapatero de abrir un periodo de cinco años de grandes acuerdos para salir de la crisis, mejorar la productividad e implicar a España en una nueva fase de la construcción europea, no ha sido una improvisación.

-Mira, no me pongas de mala uva. Lo dice ahora cuando sabe que el PSOE va a perder las elecciones. Si él hubiera hecho ese planteamiento cuando se lo pedimos hace más de dos años, incluso el año pasado, todo habría sido diferente.

-Pero eso ya no tiene remedio. Él admite que se equivocó. Fíjate, me ha dicho que si alguna vez escribe sus memorias como presidente se titularán algo así como Los errores que cometí.

-Eso es que querría darte lástima.

-¡Qué va! Él sabe que con los españoles funciona el mecanismo contrario, que cuantas más equivocaciones reconoces más te las echan en cara y más barrenan en la herida. Pero Zapatero no es hoy un hombre melancólico, ni ha tirado la toalla como a veces escribes, sino que es un líder en perfecto orden de combate. Y si no al tiempo.

-O sea que volvemos a lo de Pearl Harbor…

-Pues sí porque se acercan las batallas decisivas.

-Va a ser difícil que la opinión pública le crea. Sobre todo cuando después del bandazo y el ajuste de mayo se ha tirado medio año instalado en una especie de guerra de pega con muy pocos resultados.

-Sí, ya te leí lo de la Phoney War y me pareció bastante exagerado. Desde mayo él no ha dejado de impulsar las reformas.

-Pero en la reforma laboral se ha quedado a medias y llevamos ya un año a vueltas con lo de las pensiones.

-Son dos casos distintos. Él reconoce que sobre la reforma laboral nunca ha tenido una idea rotunda porque hacen falta más cosas para crear empleo. Y en todo caso queda la parte esencial de la negociación colectiva. En cambio, sobre las pensiones lo tiene clarísimo: ve que el sistema es insostenible a medio plazo y que nuestros acreedores saben que, si no lo modificamos, cuando dentro de 15 años a ellos les toque cobrar, tendremos dificultades para pagarles. Eso nos está penalizando ahora.

-¿Y no terminará cediendo también esta vez, a la vista de que el PP no quiere apoyar lo del retraso a los 67 y de que los sindicatos amenazan con otra huelga general?

-Lo del PP le parece incomprensible porque para un partido de derechas es un sueño encontrar a un presidente de izquierdas dispuesto a asumir el desgaste de una decisión impopular. Él hará un esfuerzo para explicar a la opinión pública que Alemania, Suecia, Inglaterra, Francia en la práctica, los países más prósperos de Europa, están en el club de los 67. Y que además se trata de un retraso gradual que sólo se consumará de aquí a 12 años. Pero es que cada año que añades es un ahorro del 7% para el sistema. Por eso el que quiera podrá jubilarse a los 65, pero con un 14% menos de pensión.

-O sea que el 28 de enero, con acuerdo o sin él, con pacto de Toledo o sin pacto de Toledo…

-En efecto. Él va a buscar el acuerdo hasta el último día y habrá mecanismos de descuelgue para algunos colectivos, pero la edad de jubilación serán los 67 años. Entre otras cosas porque está convencido de que la UE terminará fijándola ahí de forma armonizada. Mira, me dio un dato que me dejó helado. ¿Sabes cuánto pesan hoy las pensiones en el PIB? Un 8%. ¿Y cuánto pesarán en 2030 si no hacemos nada? Un 13%. Eso no hay quien lo aguante.

-¿Y por qué se consienten entonces prejubilaciones de oro a los 55 como las de las Cajas mientras reciben dinero público del FROB?

-Eso mismo le pregunté yo y me dijo que a él también le parecía un escándalo y que la reforma acabaría con ello. Pero me comentó que el dinero del FROB no es un regalo, sino préstamos al 7,5%. En todo caso, me dijo que la de las Cajas va a ser otra de las grandes batallas que se avecinan.

-O sea que insiste en el lenguaje bélico…

-Es que lo de Pearl Harbor ya se ha convertido en una referencia. Y lo que ahora destaca él es la forma en que Estados Unidos se sobrepuso al tremendo batacazo que supuso aquel ataque…

-Ojo, pero Zapatero no es Roosevelt.

-Bueno, Roosevelt gobernaba desde una silla de ruedas. Parecía débil y era fuerte. A lo mejor en este caso también las apariencias engañan. Roosevelt demostró su talla cuando a los seis o siete meses de Pearl Harbor logró darle la vuelta a la situación con una gran contraofensiva.

-La Batalla del Pacífico.

-Exactamente. Zapatero dice que «puede que la tormenta arrecie con más intensidad en el primer semestre de 2011, pero la flota, el capitán y la tripulación están en mejores condiciones que hace unos meses y la determinación es inequívoca». Se me quedó grabada esa frase.

-¿Dijo «inequívoca»?

-Sí, mira, me dio la sensación de que cuanto peor queda en las encuestas más íntimamente convencido está de que hace lo que debe.

-Eso de la «tripulación» y el «capitán» suena como una arenga o una anotación en el cuaderno de bitácora antes de entrar en combate.

-Veo que te has quedado con lo de la Batalla del Pacífico…

-Pero aquello, más que una batalla en sí, fue un itinerario de combates y victorias, saltando de isla en isla, de escenario en escenario: el Mar del Coral, Midway, Guadalcanal, Nueva Guinea…

-Bueno, él también tiene clarísimo su itinerario a través de cuatro grandes hitos. Primero y ante todo, seguir cumpliendo los compromisos de reducción del déficit, y debes reconocer que el dato del martes ha sido muy bueno porque demuestra que 2010 se va a cerrar incluso un poco mejor de lo previsto. Segundo, impulsar la transformación de muchas de las Cajas en bancos a lo largo del primer trimestre para que puedan captar capital privado…

-O sea que las Cajas están mucho peor de lo que se dice…

-No. Es cierto que en Europa todo el mundo le habla de las Cajas por su deuda inmobiliaria, pero esa deuda tiene provisiones muy altas. La putada es que los bancos irlandeses también superaron los test de estrés y fíjate lo que ha pasado. Eso ha disparado la desconfianza. Y lo que es verdad es que los resultados del último trimestre van a ser malos.

-En todo caso, la otra vez me dijiste que hablaba mucho con Fainé…

-Y sigue haciéndolo. Tiene una gran admiración por él, pero en la reunión de La Moncloa, ésa que tú has bautizado como el G-35, la posición de Francisco González e incluso la de Botín transmitieron mayor preocupación por la situación de las Cajas.

-Supongo que querrán quedarse con alguna y no vendría nada mal. Pero, perdona, ¿qué viene después?

-Ya te lo he dicho, las pensiones. Bueno, él habla de las «pensionen» tomando a Alemania como modelo. No te sorprenda si cualquier día sale con algo parecido a que «para tener resultados como los alemanes debemos esforzarnos como los alemanes». A mí me lo soltó el otro día.

-¿Y el cuarto paso?

-La reforma de la negociación colectiva, que le parece más importante que la propia reforma laboral. Según el texto aprobado, tiene que esperar hasta mediados de marzo a ver si hay acuerdo entre sindicatos y patronal, pero tiene tantas ganas de abordar este asunto que no me extrañaría que moviera ficha antes.

-¿En qué sentido?

-Tiene dos objetivos muy claros. El primero es acabar con los convenios provinciales, que sólo sirven para alimentar la burocracia de la patronal y los sindicatos a costa de limitar la competencia. Quiere potenciar los convenios de cada empresa. Y el segundo es vincular los salarios a la productividad. Ah, y quiere que se amplíe al máximo la libertad de horarios comerciales.

-¡Caray, se nos está volviendo un liberal radical!

-Eso mismo le dije yo y me contestó que él siempre ha defendido la libertad económica dentro de un Estado social, no sólo por razones morales, sino también porque es lo eficaz. Insiste en que ese Estado social está en peligro y que en los próximos meses nos jugamos mucho.

-¿Qué porcentaje de posibilidades cree que hay de que tengamos que acogernos a algún tipo de rescate?

-Ninguna. Así como en mayo tenía una especie de plan C que incluía pedir ayudas, ahora lo descarta por completo. Dice que sería un «estigma para España», que lo que seguimos pagando por la deuda sólo supone un 2,5% del PIB, igual que en Francia o Alemania, y que aunque el diferencial subiera, no sé, 80 puntos más podríamos aguantar.

-O sea que tú no le ves con ganas de salir huyendo…

-En absoluto. Nunca le he visto tan metido en su responsabilidad. Hubo un momento en que hizo una pausa, se quedó en silencio y mirándome a los ojos… No sé si te acuerdas de aquella manera penetrante con que te miraba a veces Adolfo Suárez, dándole vueltas a un cigarrillo entre los dedos…

-¿Zapatero también tenía el cigarrillo entre los dedos?

-Eso no te lo digo porque pertenece a la intimidad.

-No me jodas. ¿Con cigarrillo o sin cigarrillo?

-Vale, con cigarrillo… Le trajeron un cigarrillo, lo cogió de una pitillera. ¿Qué pasa? Me miró fijamente y me dijo: «Llegas a ser presidente del Gobierno y piensas que te tocará vivir cosas buenas y cosas malas, pero nunca te imaginas que te podrás jugar la suerte de tu país en unos meses. Cuando eso pasa te das cuenta de que no tienes más remedio que comportarte con grandeza política».

-¡La Virgen María, el niño Jesús, la mula y el buey! Podía haberse dado cuenta antes…

-Vale, azótale todo lo que quieras pero quienes siempre habéis defendido medidas como ésas no podéis dejar de apoyarlas ahora. Él dice que en el periodismo español ve muy poca grandeza…

-Sería mucho mejor que acortara esta agonía y convocara elecciones generales de una vez.

-Eso no lo va a hacer en ningún caso. Cree que sería un mensaje de debilidad a los mercados que nos podría costar muy caro. Que todo lo que no sea 2012 produciría inestabilidad y sería malo para España.

-Pues el batacazo que le espera en las autonómicas y municipales va a ser de aúpa.

-Mira, en estas circunstancias lo que pase en las autonómicas tiene muy poca importancia. Lo de menos es quién vaya a gobernar en Madrid o en Murcia. Entre otras cosas porque van a tener muy poco dinero para hacer cosas.

-¿Esto lo dices tú o lo dice él?

-Pongamos que lo digo yo. Pero es la verdad.

-Oye, para inestabilidad la que ha creado con el numerito de «ya tengo tomada la decisión sobre si seré candidato o no, pero sólo lo saben Sonsoles y un amigo». ¿No serás tú ése?

-Dijo que era del partido y yo no soy del PSOE.

-Todos hemos entendido que lo que ha querido decir es que no va a volver a presentarse y eso no cuadra con lo que tú me describes.

-O sí. Él está volcado en las reformas para defender el interés general y todo lo supedita a eso. Si eso le hace impopular y no puede ser candidato, pues muy bien: se irá a vivir a León y como te dijo una vez se esmerará para ser «un ex presidente ejemplar». Pero esa decisión no está tomada.

-Pues él ha dicho que sí.

-Lo estáis interpretando mal. Yo estuve con él al día siguiente de lo de la copa de Navidad cuando ya se había montado el revuelo y me lo aclaró. Él lo que tiene decidido es cómo y cuándo decidirá.

-¡Caramba, eso sí que es hilar fino!

-Zapatero es mucho más complejo de lo que tú mismo crees. Lo que hace ya tiempo que les ha explicado a su mujer y a esa persona misteriosa son los criterios con los que decidirá. Criterios políticos, criterios familiares y criterios personales. Por este orden.

-Pero si está todo en el aire, ¿a qué viene decirlo?

-Ha querido dejar claro que es dueño de sus actos, que el centro de gravedad sigue estando en él. Es como cuando en las pasadas generales me dio a mí delante de ti el sobre cerrado con su pronóstico. Él ha buscado un depositario para que conste que no improvisa. Tenía que ser alguien de su estricta confianza y con peso en el partido. No, yo no sé quién es. Lo que te puedo decir es que al presidente le gustó mucho la habilidad con que Blanco salió del paso cuando le preguntaron si era él.

-Pero vamos al fondo del asunto. ¿Él qué diablos quiere hacer?

-Él quiere ser libre para decidir.

-Oye, no me tomes el pelo.

-Él sólo se sentirá libre para decidir si cuando llegue el momento España ha salido airosa de esta gran batalla que se avecina y él puede demostrar que su desgaste ha tenido utilidad. Entonces entrarán en juego los demás factores. En las próximas semanas, tal vez meses, se va a comportar como un «anticandidato» y nadie va a sacarle de la ambigüedad sobre su futuro. Pero está convencido de que si vuelve a ser candidato también sabrá recuperar la popularidad que tuvo.

-¡Qué optimista!

-Si todos los líderes europeos están igual… Hasta Merkel las va a pasar canutas en las elecciones parciales que tiene por delante. Me contó que en el Consejo Europeo se consuelan unos a otros con la ironía. El primer ministro irlandés, Brian Cowen, les dijo el otro día: «Os quejáis de las encuestas, pero yo ya ni salgo en ellas».

-Sí, todo eso está muy bien, pero él a quien nos ha metido como sucesor es a Rubalcaba. Va a ser la primera vez que la renovación de un partido se haga a la inversa. Poniendo a uno más viejo y ligado a lo peor del pasado.

-Para el carro. En primer lugar, eso no está tan hecho como crees. Por otra parte, él dice que tú tienes «prejuicios» hacia Rubalcaba, que la sociedad lo percibe de otra forma y por eso sale tan bien en las encuestas.

-Porque en general ha sido un buen ministro del Interior, aunque penda sobre él la espada de Damocles del bar Faisán y tenga ya otros agujeros negros… Por cierto, ¿me harás el favor de decirle al presidente que la denegación de los documentos que piden las víctimas del 11-M dentro del proceso judicial contra Manzano es una infamia que él no debería consentir?

-Se lo diré y supongo que lo tendrá en cuenta.

-¿Pero es que no ve que si su liderazgo desemboca en una candidatura de Rubalcaba, todo lo que ha intentado hacer en el PSOE será un mero paréntesis entre dos etapas de sectarismo felipista?

-Él lo que dice es que en una época de fracturas e incertidumbres, la gente busca fortaleza y experiencia y eso sólo se lo puede dar un «toro probado en la plaza».

-Será por la capacidad para la embestida.

-Fíjate en que, por esa regla de tres, es ahora cuando él estaría en condiciones de empezar a ser un buen presidente porque ya ha pagado todas las novatadas.

-Querrás decir que ya las hemos pagado los españoles.

-Reconozco que no soy objetivo, pero creo que es ahora cuando Zapatero ha encontrado su rumbo en el proyecto europeo. Date cuenta de cómo citó a Ortega ayer en el Congreso.

-Pero lo de los cinco años de grandes acuerdos sonó a improvisado.

-No. Mira, él volvió del último Consejo Europeo muy impresionado por algo que plantearon Merkel y Sarkozy durante la cena de los líderes. Dijeron que hay que entrar en una nueva fase de la construcción europea mediante una política fiscal única, una política laboral única y una política educativa única.

-¿La Educación también? Vaya, a ver si nos salvan del desastre…

-Sabía que eso te iba a gustar. Y te guardo lo mejor para el final. Me dijo que estés atento porque, de cara a las autonómicas, el PSOE hará «una propuesta electoral potente para unificar el mercado interior». Y añadió que en la próxima legislatura el PP y el PSOE deben emprender la reforma del Estado autonómico tomando como referencia el informe del Consejo de Estado sobre reforma constitucional, aquel que hizo Rubio Llorente.

-¡Sí, ése que él ha tenido seis años encerrado en un cajón!

-Nunca es tarde si la dicha es buena. Ahora es cuando se está viendo la ineficiencia del Estado autonómico.

-¡Y ahora es cuando Rubalcaba está respaldando que el PSC haga frente común con CiU para desobedecer al Supremo!

-De eso no hemos hablado porque sucedió después de que le viera…

-¿Sabes lo que te digo? Que tu Cuento de Navidad suena muy bonito. Incluso, por seguir con el paralelismo, que hubiera quedado muy bien en una de aquellas Charlas junto al fuego del presidente paralítico en la radio. Pero yo hasta que no lo vea no me creeré nada de lo que pueda decir tu amigo. Sabes que para hacer esas cuatro cosas tendrá nuestro apoyo. Obras son amores. Y respecto a la Batalla del Pacífico, de lo único de lo que puedes estar seguro es de que los mercados nos seguirán atacando al grito de «¡Tora! ¡Tora! ¡Tora!» porque creen que están más cerca que nunca de conseguir hundirnos. Así que muchas gracias, ojalá sea yo el que me equivoque, y Felices Pascuas.

Pedro J. Ramírez, director de El Mundo.

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