Riesgos del cambio climático

Ya pocos discuten que el clima está cambiando y que el planeta se calienta. Hay evidencias incontrovertibles de un aumento en la temperatura global cercano a un grado centígrado desde que existen registros fiables (finales del siglo XIX) y una subida del nivel del mar de unos veinte centímetros, entre otros cambios relevantes. Paralelamente, las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero han aumentado de forma acelerada desde 1950, hasta alcanzar actualmente en la atmósfera niveles sin precedentes. Cuando Charles Keeling decidió en 1958 medir por primera vez la concentración de CO2 en un observatorio remoto de Hawái, la concentración de dicho gas en la atmósfera era de 315 ppm, mientras que en la actualidad ha llegado a las 400 ppm.

El aumento en la concentración de CO2, junto con la de otros gases como el metano y los óxidos de nitrógeno, parece ser la causa dominante del calentamiento global observado. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (PICC) ha permitido la síntesis de las investigaciones realizadas globalmente de manera que se generan consensos ampliamente aceptados por la comunidad científica. Ello no quiere decir que no existan otras opiniones fuera de las del PICC, pero a medida que se acumulan las evidencias de nuevas investigaciones prevalece la opinión de que las causas del calentamiento son principalmente antropogénicas, atribuyendo unos dos tercios de las emisiones totales al uso de combustibles fósiles y un tercio a los cambios en el uso de la tierra (expansión de la agricultura y deforestación) que han tenido lugar desde principios del XIX.

Donde las opiniones son mucho más diversas es a la hora de evaluar los efectos que el calentamiento tiene y tendrá sobre el planeta. Ello se debe a que las proyecciones sobre el clima futuro se basan en modelos cuyas predicciones tienen un grado de incertidumbre. El diccionario de la Real Academia define la incertidumbre como la falta de conocimiento seguro y claro de algo. A pesar del desarrollo reciente de las investigaciones sobre el cambio climático, el grado de incertidumbre es notable para muchas proyecciones, y ello abre un debate a todos los niveles, desde el científico hasta el político.

A la hora de actuar frente a las causas del calentamiento, la economía y la política son los aspectos prioritarios que la sociedad debe abordar. Se trata de un problema planetario para el que hay que alcanzar un consenso global sobre cómo enfrentarlo. Hay que decir que, lamentablemente, este tema ha dividido estérilmente desde hace muchos años a amplios sectores de la sociedad en dos campos: creyentes y escépticos. La división se justificaba por el alto grado de incertidumbre de las primeras proyecciones y por las enormes consecuencias económicas que suponía la reducción de las emisiones, en particular para determinados sectores industriales, como el petrolero, en los países desarrollados. No es menos importante la percepción de que el calentamiento puede favorecer a determinados países en el futuro; por ejemplo, la producción agrícola del sur y centro de Siberia podría más que duplicarse para finales del siglo XXI. Finalmente, las proyecciones de clima futuro a escala regional son bastante más inciertas que las predicciones globales, por lo que las informaciones sobre rasgos concretos del clima futuro de determinados países o regiones deben examinarse con escepticismo.

Uno de los muchos efectos negativos asociados al calentamiento que se predicen (aun con bastante incertidumbre) es un incremento en la frecuencia de acontecimientos extremos, tales como sequías e inundaciones. No obstante, la propia variabilidad natural del clima es una fuente importante de incertidumbre, independiente de la que tienen las proyecciones del cambio climático. Ello nos obliga a centrarnos en la evaluación del riesgo de ocurrencia de estos fenómenos (la probabilidad de que algo suceda o no suceda). Es necesario hacer esfuerzos para cuantificar el riesgo, algo que es tarea de los ingenieros en nuestra sociedad.

Cuando se exageran los efectos negativos del calentamiento –en su último mensaje sobre el estado de la Unión el presidente Obama lo destacó como el mayor desafío que tiene la humanidad– se pierden oportunidades de concitar el apoyo de gran parte de la sociedad que debe enfrentarse al problema de inmediato, pero con visión de largo plazo. Aún ayuda menos la confusión que se crea entre los ciudadanos cuando se confunde riesgo con realidad (nada infrecuente entre «científicos») y se atribuyen al cambio climático eventos que son consecuencia de la variabilidad natural, como cuando se da por hecho un aumento en la frecuencia de huracanes debido al calentamiento que no se ha producido. Hay que abandonar la tentación de atribuir al cambio climático todas las catástrofes meteorológicas que suceden cada día. Tampoco deben olvidarse los aspectos positivos del aumento del dióxido de carbono en la producción de alimentos y en la producción primaria de los ecosistemas. Evaluar los riesgos en todos los sectores y lugares del planeta es extraordinariamente difícil, porque no se trata sólo de estudiar las opciones más probables, sino también de examinar aquellas que siendo improbables podrían tener consecuencias muy graves.

Aunque la investigación científica realizada en las últimas décadas intenta reducir la incertidumbre en las proyecciones futuras, hay que reconocer que estamos ante un problema de enorme complejidad y que no es probable que a corto plazo la ciencia pueda reducir esa incertidumbre. Por lo tanto, la sociedad deberá actuar a pesar de que muchos de los efectos previstos no podrán observarse hasta que pasen décadas o puede que no ocurran. En este marco, ¿qué se puede hacer? Hay acciones clave en las que es posible un acuerdo global, como reducir las emisiones mediante técnicas que a la vez mejoren el bienestar y la salud de los ciudadanos, reducir el despilfarro en el uso de los recursos y promover la adaptación de la sociedad a los cambios en el clima y a los acontecimientos extremos, disminuyendo la vulnerabilidad de toda la Humanidad ante un futuro incierto. Confiemos en que el acuerdo que se obtenga en la próxima Conferencia de las Partes en París constituya un avance significativo en esa dirección.

Elías Fereres, presidente de la Real Academia de Ingeniería.

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