Dios salve a los fieles a su pueblo

Hay días que amanecen con bruma pero que despeja según avanza la mañana. Y pasado el mediodía, cuando se retiran la niebla, descubrimos que a pesar de todo vuelve a brillar el sol.

Bueno, que todo esto no era sino para decirles que estoy emocionada y orgullosa, reconciliada con mi país y con mi tiempo. Porque -tarde y dolorosamente para quienes lo hemos perseguido y para quienes han sufrido la injusticia- hemos conocido la sentencia que condena a Rodrigo Rato y Miguel Blesa a cuatro años y seis meses, y seis años de cárcel, respectivamente, por organizar el entramado corrupto de las tarjetas black.

A ambos se les considera autores del delito de apropiación indebida. El resto de condenados (los 65 acusados de la trama) son considerados colaboradores, salvo Ildefonso Sánchez Barcoj, ex director general de medios de la caja, a quien el Tribunal considera cómplice además de colaborador.

Entre los condenados está todo el establishment político, económico y sindical que parasitaba las cajas de ahorros y el resto de instituciones u organismos reguladores, ya sea el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores… o el Consejo General del Poder Judicial, por citar sólo tres de ellas. El hecho de que entre los juzgados y condenados se encuentren personas que estaban en las instituciones en representación de los tres partidos (PSOE, PP e IU) y de los dos sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) explica sin necesidad de añadir más palabras cómo era el país y, mucho me temo, cómo puede seguir siendo, habida cuenta de que no hay penalización electoral para los corruptos sino más bien para quienes los persiguen.

En la lista de condenados están dos ex secretarios de Estado; un ex presidente de la patronal CEOE; un ex presidente de la patronal madrileña CEIM; un líder sindical de CCOO de Madrid; un ex amigo del Rey Felipe (compiyogui para la Reina Letizia); el histórico de IU Moral Santín; el ex jefe de la Casa Real Spottorno; Francisco Baquero, de CCOO; Antonio Romero, del PSOE; Gonzalo Martín Pascual, de UGT; Mercedes Rojo, del PP; Ramón Espinar, del PSOE…. Así hasta 65. Tras una primera lectura y teniendo en cuenta los años de prisión a que han sido condenados, tengo para mí que más de 30 acabarán en la cárcel.

Quiero recordar que el caso de las black no es sino uno más de la trama de corrupción institucionalizada que ha podrido nuestro país. Una corrupción asentada en los partidos y en las instituciones merced a la cual entre el PP y el PSOE, IU, CCOO, UGT y las patronales se repartían el país. Hoy por ti, mañana por mí… Aún recuerdo el debate de investidura de Rajoy, en 2011… Las descalificaciones que tuve que soportar por aseverar que la corrupción era la mayor plaga de España, que estaba institucionalizada, que había que actuar sin demora… Lo que tuve/tuvimos que escuchar y soportar por instarles a reconocerlo, a despolitizar las cajas y el resto de instituciones, a reformar el Código Penal para que los partidos políticos y los sindicatos fueran penalmente responsables. Está bien que recordemos que las descalificaciones hacia mi persona y hacia nuestro Grupo no sólo provenían del PP que gobernaba entonces; el PSOE solía acusarme/nos de hacer «antipolítica», de ser una demagoga, de exagerar con el tema de la corrupción para ganar votos… Qué decir de IU y de los nacionalistas: más de lo mismo. Visto con una cierta distancia, es normal que se pusieran así con nosotros: al fin y al cabo, todos estaban en el ajo. Hasta el juez Andreu dejó escrito la primera vez que Andrés Herzog pidió cárcel para Rato que teníamos «afán de notoriedad»… Y la denegó, claro.

Afán de notoriedad, radicales, temerarios…. Pero ahí está el servicio cumplido a España y a la democracia. Qué orgullosa me siento por haber podido trabajar con un grupo de gente libre, valiente, generosa, patriota… Con un grupo de gente que amó más a su país que a su partido.

Como dejé escrito en las últimas páginas de Los Aventureros Cuerdos, el libro publicado en Península en mayo del pasado año, no me arrepiento por no haber mirado nunca para otro lado, por no habernos puesto de perfil. No me arrepiento por haber ido a los tribunales para que los delincuentes -ya sean económicos o políticos, ya delincan para robarnos el dinero o para hurtarnos los derechos- no logren salir impunes. No me arrepentiré jamás aunque cumplir con nuestra obligación de defender a los ciudadanos no nos haya dado ni un voto y nos haya granjeado muchos y poderosos enemigos. No puedo sino sentir un enorme orgullo y una gran emoción por haber incorporado nuestro propio acento a la historia de España, por haber hecho siempre lo que teníamos que hacer, por no haber calculado el rédito electoral, por haber cumplido la tarea. Así que sólo me queda repetir, como ayer y para ayer, para hoy y para mañana: ¡Dios salve a los guerreros que son fieles a su pueblo!

Rosa Díez es cofundadora de Basta Ya y de UPyD.

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