El problema del #MeToo de los medios

Puede que en las aulas de periodismo predominen las mujeres, pero los medios globales siguen siendo dirigidos por hombres, que ocupan la mayor parte de los puestos gerenciales, reportan más noticias y se presentan con más frecuencia como voces expertas. Es un desequilibrio que se refleja en el contenido que producen las salas de noticias, con menor cantidad de palabras y segundos de transmisión destinados a contar historias de mujeres. También se expresa en la cultura del sector, que deja a las mujeres en posiciones más vulnerables al acoso y abuso sexual.

Dada la importancia de las relaciones interpersonales en los medios de comunicación, por no mencionar el deseo de conexión entre periodistas que cubren acontecimientos extremos o desgarradores en ambientes difíciles, es fácil que se formen vínculos íntimos entre colegas y colaboradores. El problema aparece cuando estas relaciones se echan a perder o, peor aún, cuando no son consensuales o son de tipo coercitivo, como por ejemplo cuando un colega de mayor edad busca una relación sexual con una subordinada.

Por supuesto, puede haber importantes diferencias entre países sobre lo que se considera conducta predatoria o inadecuada. Pero, en términos globales, casi la mitad de las periodistas mujeres señalan haber sufrido acoso sexual en el trabajo, según un estudio de 2014 realizado por el International News Safety Institute (INSI) y la International Women’s Media Foundation (IWMF). Dos tercios manifestaron haber sufrido “intimidación, amenazas o abusos”, principalmente por jefes, supervisores o compañeros de tareas.

La inmunidad sigue siendo la norma para los perpetradores. Casi tres quintos de quienes respondieron al estudio del INSI/IWMF diciendo que habían sufrido acoso señalaron que habían informado de estos incidentes a sus empleadores. Sin embargo, en la mayoría de los casos fueron ellas mismas las que enfrentaron consecuencias adversas: daño a sus reputaciones y perspectivas profesionales, por no mencionar el impacto sobre su bienestar sicológico y emocional.

Así es que, mientras los hombres con antecedentes de conductas predatorias siguen en altos puestos del sector noticioso global, las periodistas se ven empujadas a un punto en que sopesan renunciar del todo. En una encuesta reciente realizada por la IWMF y TrollBusters, un tercio de quienes respondieron dijo haber considerado abandonar el periodismo, y las que estaban en etapas más tempranas de sus carreras tenían el doble de posibilidades de decir que estaban pensando en trabajar en otros campos debido a las amenazas y ataques que habían sufrido, en persona o en línea.

A pesar de los obstáculos que enfrentan, más mujeres parecen ascender en los rangos de la industria noticiosa mundial, incluso si el ritmo de avance es relativamente lento. En los medios digitales, que a menudo carecen de las desigualdades inherentes a los tradicionales, este ritmo parece ser más rápido. Sin embargo, la cultura de complicidad masculina en ciertos medios más nuevos implica sus propios riesgos de acoso sexual para las mujeres. Mientras tanto, en los Estados Unidos, varios periodistas hombres de alto perfil han perdido sus empleos el año pasado por acusaciones de conductas inadecuadas hacia sus colegas mujeres, en lo que es parte del movimiento #MeToo (#YoTambién) más general.

Pero, en general, las salas de noticia siguen no tomándose en serio las amenazas a las que se enfrentan las periodistas mujeres en sus empleos, tanto en sus propios lugares de trabajo como en terreno. Si bien en ellas se evalúan los riesgos y los detalles del despliegue de los periodistas en el terreno –donde las mujeres pueden ser especialmente vulnerables a insinuaciones molestas de colegas, contactos o desconocidos-, rara vez abordan las amenazas específicas para ellas, o al menos no de una manera suficientemente matizada.

Esto puede deberse en parte a que, en el caso de las grandes organizaciones noticiosas, a menudo estas evaluaciones se consultan con asesores de seguridad, por lo general ex uniformados que pueden no apreciar plenamente los riesgos para las mujeres. Algunas veces ellos mismos acaban siendo perpetradores de acoso sexual: tengo constancia de varias periodistas que han sufrido casos así. Según dónde ocurra, estas conductas pueden tener graves implicancias de seguridad.

Como si esto no fuera presión suficiente, las corresponsales extranjeras que han sufrido acoso en terreno a menudo se encuentran al centro de debates sobre si las mujeres deberían enviarse a cubrir ciertas noticias. Los corresponsales hombres nunca son foco de tales debates.

Esta miopía machista refuerza el perjudicial desequilibrio en las perspectivas que dan forma a los medios, y además conlleva costes económicos. En palabras del Harvard Business Review, “todos pagamos el precio” cuando el acoso sexual sigue o se oculta. Al impedir el avance de las mujeres en su sector o empujarlas a cambiar de trabajo, el acoso reduce su potencial de ingresos y priva a la sociedad del mejor uso de sus talentos.

El hecho es que periodistas de diferentes géneros, etnicidades y trasfondos viven diferentes ambientes de manera diferente, en términos de los riesgos que enfrentan y las recompensas que pueden cosechar. En toda evaluación de una historia se debe considerar este matiz y los gerentes han de decidir quién es el o la mejor periodista para la tarea, y apoyarlo o apoyarla para garantizar su seguridad.

Para cambiar la cultura organizacional que ha hecho posible el acoso y otras formas de abuso contra mujeres, lo cual es una obligación moral además de un imperativo legal y económico, los gerentes de las salas de noticias deben liderar desde arriba. El cambio no ocurrirá de la noche a la mañana ni será impulsado por un solo actor. Los líderes deben escuchar a las mujeres que formen parte de sus equipos e invitar a diversas perspectivas para ayudar a la transformación.

El objetivo no es enfrentar a los viejos con los jóvenes ni a las mujeres con los hombres, sino rectificar la incapacidad del sector noticioso de proteger a sus trabajadores más vulnerables. Todos pagamos el precio cuando las periodistas mujeres no alcanzan su pleno potencial.

Hannah Storm is Director of the International News Safety Institute. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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