La revancha de la mujer policía

Hoy no comerá en casa con toda la familia, porque, mientras nosotros celebramos la Navidad, ella está en la calle patrullando. Estamos en nivel 4 de alerta antiterrorista. Eso significa que hay lugares potencialmente vulnerables que necesitan protección. Cientos de policías de toda España se movilizan, a veces abandonando su lugar de residencia para prestar servicio en otra provincia. Vigilan aeropuertos, estaciones, puertos, zonas comerciales, calles turísticas. Unas veces los vemos claramente con sus uniformes y nos asustan sus armas, sus chalecos antibalas, pero otras solo los avezados los perciben, porque van de paisano confundidos entre los viandantes, atentos a cada movimiento.

Entre esos agentes públicos, también hay mujeres. Son policías o guardias urbanas o mossas o ertzainas, y en estos días de fiesta a muchas les tocará trabajar. Generalmente no les importará, están habituadas y es una de esas profesiones que solo puedes ejercer si verdaderamente sientes vocación. No es para todo el mundo enfrentarse diariamente al dolor ajeno, la miseria, la desesperación, a lo peor de las personas, nuestra capacidad de hacernos daño, de engañarnos, agredirnos, robarnos, maltratarnos, discriminarnos. También nos socorren cuando nos accidentamos o nos perdemos, nos intentan serenar cuando nos exaltamos y ponemos en peligro nuestras vidas o las de otros.
Montserrat Pina, intendenta de la Guardia Urbana de Barcelona, ha sido reelegida al frente de la red internacional
de mujeres policía

Las mujeres que cumplen esas funciones en España estadísticamente no son muchas, pero sí son significativas y llevan décadas haciéndolo. Suponen un 13% de la Policía Nacional, un 11% en la Guardia Urbana de Barcelona, el 21% de los Mossos d’Esquadra, el 12% de la Ertzaintza o el 8% en la Guardia Civil, por citar algunos ejemplos. Estos datos son aproximados, porque no es fácil encontrar cifras actualizadas. Los últimos estudios datan del 2011 o el 2012, cuando todavía daban frutos las políticas de igualdad de Zapatero y se fomentaban las medidas por la paridad en todos los ámbitos. Por lo general estas mujeres ocupan las categorías inferiores, pero también hay mandos, inspectoras, intendentas, incluso comisarias. Lo más importante es que, a pesar de que sean pocas, el trabajo de las mujeres en la policía es imprescindible y están presentes en todas las unidades, porque para determinadas funciones, como los seguimientos, pasan más desapercibidas y son muy efectivas.

España no es de los países donde hay más mujeres en las fuerzas de seguridad. Suecia, Holanda, incluso Portugal, alcanzan cotas más altas, pero al igual que ocurre en otras materias, somos capaces de liderar, y la presidenta de la European Network of Policewomen es una catalana, la intendenta de la Guardia Urbana Montserrat Pina. La sede de esta organización internacional está en el Raval y Pina lleva ya dos mandatos. Lo hace tan bien que en el último congreso resultó reelegida.

Averigüé todo esto tras enterarme de las nominaciones a los Premios Goya. En las últimas cosechas del cine español abundan los filmes policíacos: La isla mínima, El Niño, Que Dios nos perdone, El hombre de las mil caras, Tarde para la ira… Es buen cine de género que genera éxitos, pero en el que las mujeres apenas aparecen en roles muy secundarios, cuando no como simples víctimas de sórdidos crímenes. Dirán algunos que las obras de ficción no son la realidad ni tienen por qué reflejarla. No estoy de acuerdo. Creo que las historias son más ricas cuando hay multiplicidad de roles y de perspectivas, y un mundo, aunque sea de ficción, en el que una y otra vez las mujeres ni cuentan, ni toman decisiones importantes, ni resuelven problemas, es un mundo pobretón, chato.

La realidad es que las mujeres llevan desde los años 70 tomando decisiones cruciales, resolviendo problemas y defendiendo a los ciudadanos sea en la Policía Nacional, la Guardia Civil o las policías municipales y autonómicas de todo el territorio. Con frecuencia entran en la profesión porque son hijas de policías, como Tamara o Yaisi, dos jóvenes mujeres policías que conozco. Me cuentan que se les exige demostrar su valía más que a sus compañeros varones porque de entrada siempre hay dudas respecto de su capacidad física, de resistencia o de autoridad, aunque en la academia fueran alumnas mejores y por lo general obtuvieran mejores puntuaciones. Me explican que en determinados cuerpos, como la Policía Nacional, los ascensos van aparejados a traslados y que a veces eso inhibe a una mujer de presentarse a los exámenes de subinspectora o inspectora. Es una carrera muy interesante, no hay rutina, cada día es distinto del anterior, pero sacrificada, y a la que raramente se acerca quien no tenga cerca alguien ya metido en el gremio. Por desconocimiento o prejuicio, tampoco quienes hacen la ficción piensan en ellas. Es hora de cambiar eso y escribir un gran thriller taquillero que lleve por título algo así como La revancha de la mujer policía.

Ángeles González-Sinde, escritora y guionista.

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