Los ecuatorianos tienen derecho al recuento

Los ecuatorianos, cientos y miles de ellos, tomaron las calles para exigir de manera pacífica el recuento de los votos. Muchos simplemente no creyeron en el anuncio de los resultados de las elecciones del 2 de abril, que dieron la victoria al candidato del partido gobernante, Lenín Moreno, con el 51,15 por ciento de los votos, y señalaron que Guillermo Lasso, el candidato del partido Creo-SUMA, había obtenido el 48,85 por ciento.

Los ecuatorianos deben aclarar todas sus dudas acerca de lo que sucedió el día de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Desde entonces, estas dudas se han convertido en una oscura nube que se cierne sobre el gobierno del presidente Rafael Correa y, en especial, sobre el Concejo Nacional Electoral (CNE), que está bajo el estricto control del ejecutivo.

Fui candidato a la vicepresidencia en la boleta opositora, haciendo campaña sobre una plataforma del cambio. Queríamos rescatar las instituciones democráticas que han sido severamente afectadas durante la década de la presidencia de Correa. Queríamos construir un gobierno de consenso nacional que respetara las diferencias y pusiera fin a la persecución política.

Como un firme creyente de la democracia, me gustaría aceptar los resultados de las elecciones, pero no puedo, puesto que parece que la voluntad del pueblo ha sido violada. Me niego a ser cómplice del fraude.

Lo que Ecuador necesita es un regreso ordenado a una democracia en la que todos los actores políticos puedan participar en términos equitativos. Para esto, sus ciudadanos deben creer en los resultados de sus elecciones.

Seguidores del candidato presidencial por Creo-Suma, Guillermo Lasso, toman las calles de Quito el 7 de marzo durante una protesta para demandar el recuento de votos. Credit Edu Leon/LatinContent/Getty Images

No estamos insistiendo en que ganamos las elecciones. Estamos pidiendo un nuevo conteo manual de los votos, supervisado por ambos partidos, y respetaremos los resultados. La salud de nuestra democracia depende en gran medida de pasar esta prueba, y es por eso que el CNE debe satisfacer nuestras demandas.

¿Por qué pensamos que las elecciones fueron fraudulentas? Por lo que vimos la noche de las elecciones. Estábamos en una racha ganadora —cerrada pero constante— cuando se cayó la página web oficial del Consejo Nacional Electoral. Los votos comenzaron a contarse a las cinco de la tarde, cuando cerraron las casillas. Con 21.515 actas de votación transmitidas y verificadas por nosotros, es decir, el 53,8 por ciento de los votos, íbamos a la cabeza. Cuando el Consejo Nacional Electoral dejó de funcionar, nuestro equipo continuó contando los votos uno por uno, sacó copias de la gran mayoría de las actas de votación y calculó que con 32.878 actas contadas —el 82,2 por ciento del total— seguíamos punteando.
Cuando estuvo de nuevo en línea la página web del Consejo Nacional Electoral, el candidato oficial de pronto iba ganando. Sabíamos que con el 82,2 por ciento de los votos contados, era imposible revertir la tendencia, por lo que decidimos analizar cada voto para tratar de comprender lo sucedido.

Al analizar los datos de las elecciones que nos proporcionó el CNE, descubrimos que cuando los votos del 95,3 por ciento de los centros de votación se sumaban, ganábamos, pero que en una pequeña cantidad de centros —el 4,7 por ciento— algo muy extraño había sucedido. En estas, casi el 80 por ciento de los votos estaban a favor del candidato oficial, produciendo un vuelco electoral. En todas las demás casillas, había una estrecha pero constante tendencia a favor de nuestro partido.

Estos centros “inusuales” (a falta de una mejor palabra) daban la victoria al candidato de Correa.

Consideramos la posibilidad de que estos centros en realidad no existieran. Puesto que se encuentran en zonas rurales, debían haber estado rodeados de otros con resultados similares. Pero eso no era así: los centros con resultados abrumadores a favor del candidato oficial eran simplemente una anomalía, una imposibilidad estadística.

Además, encontramos 4243 actas adicionales que favorecían al candidato del gobierno y en las cuales las hojas de votos mostraban irregularidades, tales como inconsistencias numéricas, falta de firmas o firmas distintas a las de nuestras copias.

Creemos que estas elecciones estuvieron amañadas. De nuevo, el Consejo Nacional Electoral demostró ser leal al gobierno populista del presidente Correa. Ha perdido credibilidad a los ojos de muchos ecuatorianos.

El gobierno ha debilitado aún más su credibilidad al enfrentar las protestas pacíficas con violencia, amenazas y represión. El viernes allanó las oficinas de Cedatos, una de las compañías de encuestas más respetadas de Ecuador, alegando un “ataque a la fe pública” porque había informado sobre una encuesta a boca de urna que indicaba que Guillermo Lasso y yo habíamos ganado las elecciones con el 53 por ciento de los votos.

En un tuit, el presidente Correa arremetió contra Participación Ciudadana, el grupo que había llevado a cabo un conteo rápido de los votos y había anunciado a la prensa que no podía declarar quién había ganado debido a un empate técnico entre los dos candidatos; su director recibió amenazas de muerte. Rompieron el parabrisas de mi auto y mis guardaespaldas salieron heridos. Lasso y yo pensamos que nos detendrían en cualquier momento, acusándonos de alterar la paz. El partido en el gobierno nos amenazó y dijo que nos llevaría a un juicio criminal por cuestionar los resultados de las elecciones.
Perder las elecciones nunca fue una opción para el partido de Correa. Su gobierno ha operado durante una década como un poder absoluto que tiene el control de las cortes, el congreso y el aparato de seguridad. Sin la vigilancia mutua entre los distintos poderes, el país ha padecido de autoritarismo, arbitrariedad, persecución y una corrupción sistemática que ofrece recompensas y poder ilimitado a los funcionarios gubernamentales. Tantos de ellos están implicados en una red de corrupción que la posibilidad de un nuevo gobierno que pudiera investigarlos era un riesgo demasiado grande como para aceptarlo.

El miércoles, Lasso entregó al CNE documentos de las muchas violaciones que dan sustento a estos reclamos de fraude electoral.

Exigimos el recuento. Hemos pedido a nuestros partidarios no recurrir a la violencia, sino protestar de forma firme pero pacífica.

Si el gobierno de Correa insiste en imponer a un candidato cuya justa elección está en duda, el nuevo gobierno carecerá de legitimidad para gobernar un país dividido. Por el bien de Ecuador y la democracia, es necesario establecer la verdad sobre estas elecciones.

Andrés Páez Benalcázar fue el candidato a vicepresidente en las elecciones de 2017 y es un antiguo asambleísta de la Asamblea Nacional de Ecuador.

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