Por qué el PP lleva camino de ganar las elecciones

De las 60 encuestas publicadas desde las elecciones de Madrid, absolutamente todas (menos las del CIS, claro) dan ganador al PP con la media en 125 escaños, frente a los 98 del PSOE. En términos puramente estadísticos, se trata de una distancia insalvable. Esto es, si mañana se celebrasen las elecciones, podría haber baile de escaños, pero no de ganador.

Esta situación no es, sin embargo, sorprendente. En este videoanálisis del 1 de abril ya apunté que, tras la más que segura victoria de Isabel Díaz Ayuso, el escenario nacional sería de vuelco electoral. También que el lógico desgaste de Pedro Sánchez, hasta ese momento sólo implícito e intuido, se haría explícito y evidente.

El reto para Pablo Casado no era tanto el vuelco en sí, que estaba en el horizonte, como su mantenimiento tres meses después, habiendo más o menos controlado los cuatro ejes sobre los que sustenta y sobre los que tendrá que seguir trabajando.

El primero es que el desgaste de Sánchez ha ido a más. En términos militares, ha perdido la iniciativa. Sobre todo a raíz de la extravagante remodelación de Gobierno que, a falta de explicaciones de superior criterio e inteligencia, la ciudadanía ha percibido como un giro a ningún sitio y un síntoma de debilidad.

La segunda es la práctica desaparición de Ciudadanos. Un 70% de sus votantes han optado por el PP y nada apunta a que eso sea reversible.

El tercero es que los populares en general, y Pablo Casado en particular, están empezando a parecer una alternativa real de Gobierno, algo que durante la pandemia no había terminado de verse.

El cuarto, corolario de los anteriores, es que está empezando a operar sobre el PP el llamado efecto bandwagon. Este consiste en que el partido que parece ganador aumenta sus apoyos por el mero hecho de que muchos indecisos prefieren subirse al carro que pensar o votar a un perdedor. Por eso es tan importante ir primero en las encuestas y convertirse en favorito.

Dicho así, puede parecer que todo está hecho y terminado, y que Casado no tiene más que esperar a la convocatoria electoral para ser investido presidente. Pero el camino aún es largo y tiene al menos tres incógnitas que despejar en su partido antes de que llegue ese momento. No sería la primera vez que detrás de un vuelco viene otro de signo contrario.

La política, por su propia naturaleza, está llena de imprevistos. Y Sánchez y sus socios harán lo que sea para no dejarse ganar.

La incógnita de la convención

Desde la anterior convención del PP de enero de 2019, en la que Pablo Casado intentó dar mensajes inequívocos de regeneración y posicionamiento ideológico, se han cometido errores estratégicos importantes. La convención del mes que viene en Valencia necesita sí o sí rectificarlos.

Me estoy refiriendo, sobre todo, al despiste con la famosa idea de que el PP es la casa común del centroderecha, y que los que no lo votan habiéndolo hecho antes son algo así como traidores. No exagero. La campaña de las generales de abril 2019 estuvo llena de estos mensajes (y de ataques a Vox y a Ciudadanos) que no hicieron otra cosa que centrifugar aún más el voto hacia dichos partidos al desacreditar u ofender a tantos votantes que habían sido del PP años antes.

Y pasó lo que pasó. Algo se ha rectificado desde entonces. Pero la convención de Valencia es la oportunidad (necesaria) para posicionarse de forma definitiva en el espectro ideológico de centroderecha, una vez fagocitado Ciudadanos precisamente por su ambigüedad. Para mantener o superar los 120 escaños, el PP necesita mantener dentro a los votantes de Ciudadanos. Y, además, ganarle al PSOE un 5% de los más moderados. No lo hará sin una firmeza clara en ciertas posiciones centrales y que de ese tema ya no se hable más.

La incógnita de Ciudadanos y el efecto absorción

Eso nos lleva a la incógnita de qué pasará con Ciudadanos. En el tripartito de centroderecha siempre hemos mantenido que sobraba uno. No por desprecio, sino porque dentro del mismo espectro ideológico el elector prefiere elegir entre dos que entre tres. Y aunque Ciudadanos se autodefinía de centro, el español medio siempre lo situó a la derecha.

Hubo un tiempo (recuerden, marzo-junio de 2018) en que Ciudadanos podría haberle arrebatado el liderazgo al PP. Pero la moción de censura de Sánchez abortó esta posibilidad, y con ella empezó una inmensa cadena de errores. El principio del fin de Ciudadanos. En este proceso, las elecciones de abril de 2019 fueron de transición, y las de noviembre de confirmación.

Desde entonces, la desbandada le ha ido muy bien al PP. Cuando el enemigo está en retirada, las doctrinas militares de todo el mundo hablan de perseguir y neutralizar al contrincante hasta imposibilitar su recuperación. Teodoro García Egea parece haber tomado buena nota de ello. Sin embargo, Inés Arrimadas está tocada, pero no hundida, y el PP necesita analizar cómo fue el final del CDS y plantear una fusión cálida entre ambos. Cuanto antes, mejor. Con ideas y candidatos.

La incógnita de las relaciones con Vox

Desde luego que es opinable, pero en términos ideológicos y electorales,  Vox ha venido para quedarse. Es el precio de que el PP gire al centro. No se puede estar en dos sitios a la vez y, cuando se intenta, sale caro. Una fidelidad de voto superior al 80% habla por sí sola cuando hablamos de Vox. Y es que cuando un elector prueba que puede elegir entre dos partidos, y dormir sin sentido de culpa, ya no quiere otra cosa.

Ya pasó en 2015, en la izquierda, cuando apareció Podemos. El PSOE tuvo que digerirlo como un mal necesario. Y pronto aprendió que, a pesar de los típicos tiras y aflojas, y de escenografías varias, estaban condenados a entenderse.

En el PP aún hay lógicas reticencias a un pacto de no agresión. Pero es un camino lleno de ventajas: eliminan un frente de batalla desagradable, ganan coherencia, se quitan presión, disminuyen errores, y pueden dedicarse más y mejor a hacer la necesaria oposición contra Sánchez, que es su auténtica razón de ser. Ya será el mercado electoral el que ponga o quite votos tanto a PP como a Vox, según se porte cada uno. Pero siempre dentro del mismo bloque y con una suma de escaños igual o superior a 175. Lo que tienen ahora.

No es fácil. Hay mucha herida abierta. Pero es puro realismo político y los votantes de centroderecha lo agradecerán. Es la manera más sencilla de consolidar el vuelco electoral. Al menos, hasta la fecha de la investidura.

A estas tres incógnitas en el bando propio le faltan lógicamente las correspondientes al bando contrario. Hemos partido de la base de que el PSOE difícilmente remontará. Pero, dejando estática una participación del 72%, podría hacerlo siempre que el PP pierda todas o algunas de estas oportunidades y Sánchez esgrima un programa postpandemia sofisticado, sugerente y revolucionario.

Gonzalo Adán es doctor en Psicología Social y director de Sociométrica.

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