Repsol es sólo el principio

Es verdad que el nacionalismo argentino, que renace furibundo cada vez que el Gobierno necesita camuflar sus problemas, ha desempeñado un papel en la expropiación de Repsol. Y es verdad que eso va a perjudicar, esencialmente, a Argentina. Pero también es cierto que la nacionalización tiene menos que ver con las necesidades energéticas del pueblo y más con la incompetencia y la corrupción de doña Cristina Fernández de Kirchner y del entorno de su hijo Máximo.

La historia empieza en los años noventa: YPF era una empresa mal gestionada (como casi todas las empresas públicas del mundo) con pérdidas millonarias no asumibles por el Estado. Fue entonces cuando Repsol, dirigida por Alfonso Cortina, adquirió la mayoría de las acciones de YPF. Era 1999. La época del “España va bien”. Muchos españoles engominados se desplazaban a Sudamérica con actitudes arrogantes que quedaron grabadas en las mentes de los que veían una “recolonización económica”. Eso es cierto. Pero también lo es que Repsol pagó (repito, pagó) el precio que le pedía el gobierno de Menem (por cierto, del mismo partido que los Kirchner): 15.000 millones de dólares. Además de esos 15.000 millones iniciales, Repsol ha invertido un total de 20.000 millones entre 1999 y el 2012. Uno de los resultados de esas inversiones ha sido el descubrimiento de los yacimientos de Vaca Muerta, que pueden dar unos resultados económicos extraordinarios.

En el 2007, y ya con Antoni Brufau al frente de la petrolera, el presidente Néstor Kirchner pidió a Repsol que un grupo argentino entrara a formar parte de la compañía. Se trataba del grupo Pe tersen, de la familia de Enrique Eskenazi, de Santa Cruz, región que casualmente había presidido Kirchner antes de ser presidente de Argentina. Brufau aceptó porque sabía que siempre es bueno tener inversores locales con conexiones políticas. Pero había un pequeño problema: los Eskenazi, propietarios de negocios varios, tenían suficiente dinero para ser los ricos de la región, pero no para comprar el 25% de una compañía de decenas de miles de millones de dólares como Repsol YPF.

¿Cómo consiguió Kirchner que sus amigos se apoderaran del 25% de Repsol YPF?: Pues obligando a la propia petrolera a prestarles el dinero. ¿Y cómo se supone que los Eskenazi iban a devolver semejante cantidad? Aquí está la clave: obligando a Repsol a distribuir en forma de dividendos el 90% de sus beneficios. Es decir, el 90% de los beneficios de la compañía se repartían entre los accionistas para que los Eskenazi pudieran coger ese dinero y devolver el crédito que Repsol había sido obligada a concederles. Y si eso no les parece suficientemente rocambolesco, ahora viene la señora de Kirchner (esposa del presidente que se inventó esa operación para que sus amigos pudieran adquirir el 25% de una compañía con un dinero que no tenían) y critica a Repsol por… ¡dedicar demasiado dinero a dividendos!

Hay que decir que los Eskenazi nunca se comportaron como los socios locales que siempre son útiles a las empresas multinacionales, sino que, tras colocar de vicepresidente a Sebastián, uno de los hijos de don Enrique, tuvieron un comportamiento poco ejemplar, más dedicado a obtener beneficios propios que a aumentar el valor de la compañía que dirigen.

Supongo que llegó un momento en que Repsol vio que se había metido en un buen lío y que los socios locales jugaban más a favor de los políticos que les habían colocado en el cargo que de la compañía a la que representan, y pronto aparecieron rumores de nacionalización. Son los últimos días del 2011 y Repsol ha descubierto los poten-cialmente millonarios yacimientos de Vaca Muerta. Es más, la presidenta argentina acentúa su deriva nacionalista (hasta el punto de resucitar el tema de las Malvinas) para esconder un fracaso económico que solamente queda camuflado por el elevado precio de la soja (Argentina es uno de los mayores productores de soja del mundo). Cristina Fernández de Kirchner se rodea de radicales como el joven economista pa-leomarxista Axel Kicillof, íntimo amigo y mentor de Maximiliano Kirchner, hijo de la presidenta, para quien Sti-glitz o Krugman son tan “neoliberales” como Man-kiw o Barro.

En medio de esa deriva, con unas finanzas públicas descontroladas y la inflación galopante, Argentina toma medidas desastrosas como el dificultar las importaciones (cosa que, lógicamente, encarece los precios de la maquinaria necesaria para que las empresas locales funcionen y empeora la competitividad). Y así hasta el día de la expropiación del 51% de YPF. No hace falta decir que ese 51% provendrá íntegramente de la parte de Repsol, que de este modo pasará de tener el 57% de la compañía a tener el 6%. El 25% cuya propiedad Kirchner había robado para sus amigos de Santa Cruz queda intacto. Y el 17% en propiedad de fondos de inversión norteamericanos también queda intacto. Al fin y al cabo, Vaca Muerta va a requerir una inversión que Argentina no tiene y que Exxon va a hacer con mucho gusto.

Y ahora, ¿España qué hace? Pues no gran cosa. “La curva de inversiones de Repsol en Argentina parece la trompa de un elefante”, dijo la presidenta Fernández cuando anunciaba la expropiación, mofándose claramente de los problemas del rey de España. Y es que la crisis ha convertido a España en un cadáver económico con muy poco poder internacional, y todo el mundo sabe que cuando hay un cadáver, aparecen los carroñeros. Los problemas para España se van a multiplicar. Lo de Repsol es sólo el principio.

Xavier Sala i Martín, Columbia University, UPF y Fundado Umbele

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