Una ‘primavera europea’

Se puede hacer desde España un llamamiento a relanzar Europa en el momento más grave de la amenaza nacionalista y populista? En la tradición de Immanuel Kant, entre los optimistas y los pesimistas se encuentran los que proponen una reflexión racional: Europa solo podrá vencer a los nacionalistas con ciertas condiciones.

Como cada año desde hace 20, a finales de agosto, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo organizó un debate abierto sobre la integración europea. Este año, la vuelta del PSOE al Gobierno hizo que el encuentro fuera más ambicioso. Su principal impulsor, el ministro de Asuntos Exteriores Josep Borrell, antiguo presidente del PE y del Instituto Universitario Europeo de Florencia, quiso que se presentaran una serie de ideas y posibles medidas que faciliten una primavera europea.

Entre las ideas más debatidas estuvo una nueva propuesta de política migratoria europea común, fundamental para combatir el populismo. Se trata de la posibilidad de que los gobiernos locales se postulen para obtener fondos europeos que financien al mismo tiempo proyectos de políticas de integración e inversiones. No basta el idealismo solidario; hay que apelar a un mecanismo de mercado e intereses de las comunidades locales. Como la decisión estaría en manos de los ciudadanos, es verosímil pensar que sería posible debilitar la política de odio de los populistas de derechas.

Hay que contrarrestar asimismo el peligro que supone para las conquistas realizadas en materia de igualdad la “agenda antigénero” de esos partidos. Y hay que construir la Europa social y del empleo y buscar la participación de las principales víctimas de la crisis y las políticas de austeridad, sobre todo los jóvenes, que son el objetivo principal de la propaganda antiinmigración populista.

Borrell intervino en varias ocasiones, consciente de la responsabilidad que ha adquirido España como principal representante de la Europa del sur en las cumbres europeas: la política exterior debe ser ante todo el complemento de una verdadera política migratoria común, especialmente en África, y garantizar la legitimidad interna frente a unos ciudadanos europeos inquietos por las consecuencias negativas de la globalización, la inestabilidad y las amenazas externas.

El enérgico discurso del presidente Macron ante los diplomáticos franceses, la entrevista del ministro alemán de Exteriores, Maas, a Handelsblatt y las tomas de posición de la alta representante Mogherini van en el mismo sentido: un nuevo multilateralismo capaz de movilizar a la sociedad civil por una Europa más fuerte e independiente en el mundo. ¿Cómo? Por un lado, haciendo más paritaria la alianza transatlántica y, por otro, aislando e impidiendo las actuaciones unilaterales del Gobierno de EE UU, incluida la guerra comercial contra la UE y China. La Unión debe consolidar un frente amplio para defender acuerdos de paz como el de Irán y fortalecer las instituciones mundiales de cooperación así como activar las múltiples redes relacionadas con las ONG.

Existen dos requisitos indispensables para que pueda existir una auténtica primavera europea que cale en la opinión pública y detenga la marea nacionalista.

El primero es consolidar un núcleo duro de países proeuropeos e integradores, fundamentalmente España, Alemania y Francia, con el respaldo de Bélgica, Portugal y otros Estados miembros, para formar una nueva vanguardia progresista y antinacionalista. Este núcleo sería la base para dirigir las políticas comunes en una estructura de círculos concéntricos. No solo en defensa y ciberdefensa, sino también en otros ámbitos, en especial la eurozona, que debería reformarse sobre la base del acuerdo de Meseberg firmado en junio entre Francia y Alemania (presupuesto autónomo y unión bancaria) y que habría que refinar de forma colectiva en el Eurogrupo. Además, como núcleo líder del continente, tendría la responsabilidad de negociar con Reino Unido un acuerdo pos-Brexit que beneficie a las dos partes, dentro de un círculo ampliado. También podrían beneficiarse de este método dinámico otras políticas cruciales como la política social y la de igualdad de género.

De la península Ibérica, de España y del Portugal de Costa, nos llegan mensajes racionales de esperanza para una primavera europea. La conciencia de los graves y urgentes retos internos y externos y las amenazas nacionalistas puede dar pie a algo más que las dudas hamletianas sobre la “crisis existencial de la Unión”. Existen las energías necesarias para contraatacar con políticas, con la renovación y la democratización de las instituciones y la forma de gobernar y con la refundación del relato europeo.

Gesine Schwan fue candidata en 2004 y 2008 a la presidencia de Alemania. Ruth Rubio Marín es profesora de Derecho en la School of Transnational Governance del Instituto Universitario Europeo. Mario Telò es profesor de Relaciones Internacionales en la ULB y la LUISS de Roma. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia © Lena (Leading European Newspaper Alliance)

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