Los agujeros negros del 11-M (XXX)

Por Fernando Múgica (EL MUNDO, 03/05/06):

Los primeros policías que llegaron hasta la furgoneta Renault Kangoo, la que se encontraba en la mañana del 11-M junto a la estación de tren de Alcalá de Henares, observaron algo en su interior que les llamó la atención.

Ya señalamos en el agujero negro anterior que se dieron cuenta al mirar a través de las ventanillas de que la parte destinada a la carga estaba vacía. Debajo del asiento del copiloto vieron un chaleco amarillo reflectante mal doblado y, encima del mismo asiento, una casete transparente sin ninguna inscripción, al menos en la parte visible.

Aparentemente, no había nada que pudiera tener trascendencia policial, excepto aquella tarjeta de visita del Grupo Mondragón que estaba situada en el salpicadero, perfectamente visible, colocada justo encima de la parte del volante.

Uno de los policías del coche K, camuflado, se dedicó a mirarla con detenimiento mientras uno de los policías del coche Z, de uniforme, se dirigió hacia la parte trasera del vehículo para comprobar el número de la matrícula. Ambos coches habían llegado al lugar prácticamente a la vez. Aún faltaban bastantes minutos para que fueran las 10.00 horas. Habían pasado poco más de dos horas desde los atentados.

Al policía del coche K la tarjeta le pareció un hallazgo importante.Sabía que la rapidez en la identificación podía ser crucial.En la tarjeta podía leerse con claridad las palabras Grupo Mondragón.Tenía un número de teléfono fijo cuyo prefijo también llevaba al norte.

Era tal la premura por comunicar esos datos por el transmisor portátil -téngase en cuenta que en aquellas primeras horas todos los políticos y los medios de comunicación apuntaban hacia la autoría de ETA- que el policía del Z que quería pasar la matrícula tuvo que esperar para que le atendieran en la central. Es decir, que pasaron antes la información de la tarjeta que la numeración de la matrícula. Este último dato les llevaría a conocer que el coche había sido robado. Por eso se acordonó rápidamente la zona.

La noticia del hallazgo de la tarjeta del Grupo Mondragón la escucharon en abierto todos los hombres de patrulla en la zona, ya que la voz del policía del K se escuchaba en los altavoces de las emisoras de todas las patrullas. También la oyeron, lógicamente, los mandos, además de los tres policías de servicio que atendían la emisora y los inspectores que estaban en comisaría.

Aproximadamente 40 policías, entre los que estaban los componentes de las patrullas de los coches K y Z, responsables de Información, los pertenecientes a las dotaciones de Lepantos, Ecos, Prismas, Polos y un largo etcétera escucharon aquella mañana cómo se daban los datos de la única pista encontrada en el interior de la furgoneta.

Sin embargo, la información de esa tarjeta no volvió a mencionarla ninguno de los inspectores de la Brigada de Información ni de la Policía Científica que acudieron al lugar a partir de las 11.00 horas. O no la vieron, o no le dieron importancia.

Es evidente que el Grupo Mondragón y ETA son absolutamente diferentes.El primero es un grupo empresarial de extraordinaria importancia a nivel internacional. La segunda es una banda terrorista. El Grupo Mondragón cambió su nombre en 2005 para convertirse en MCC, una Corporación Cooperativa con plantas en 38 países y más de 70.000 empleados.

LUCHA CONTRA ETA

Pero hecha esta aclaración, hay que dejar además bien claro que, para los policías que habían trabajado en la lucha contra ETA, gentes cercanas a empresas del Grupo Mondragón estaban situadas en el entorno del mundo abertzale. En esas circunstancias, la tarjeta encontrada en la furgoneta, aunque no tuviera nada que ver con ETA, desviaba la atención hacia el norte lo mismo que la cinta con los versos coránicos desviaría la atención hacia el sur.

El ministro del Interior en aquel momento, Angel Acebes, nunca fue informado, sin embargo, del hallazgo de esa tarjeta. Es más, nunca había oído hablar de ella en los dos últimos años. «La primera noticia que yo tuve sobre lo encontrado en el interior de la furgoneta de Alcalá fue a las 19.00 horas del mismo 11 de Marzo, cuando me avisaron de que habían hallado unos detonadores.Nadie me habló nunca de ninguna tarjeta, y menos de Mondragón».

Las palabras Grupo Mondragón no volvieron a mencionarse nunca en relación con la furgoneta Kangoo de Alcalá. El día 12 de marzo, en la sede policial de Canillas, le presentan a José Garzón, el dueño del vehículo, todos los objetos encontrados en su interior.La lista es tan minuciosa como para figurar en ella una tarjeta del club Carrefour, un botellín de zumo Granini o tres lapiceros.Entre los objetos que él reconoce figura incluso una tarjeta de visitas, pero es la suya propia. Ni rastro de la tarjeta del Grupo Mondragón.

Tampoco figura esa tarjeta en el documento de la inspección técnico-policial de la furgoneta en el que se especifican las 61 evidencias encontradas por la Policía Científica de Canillas y firmada a las 10.00 horas del 24 de marzo de 2004. En el listado oficial no existen más tarjetas de visita que las del dueño y la de un tal Vicente Mellado.En ningún caso se hace alusión al Grupo Mondragón.

La tarjeta del consorcio empresarial no consta entre los objetos encontrados en el interior de la Kangoo y que se reseñan en el auto del juez Juan del Olmo.

LA PRIMERA IMPRESION

La importancia de la presencia de la tarjeta en el interior de la furgoneta puede ser muy relativa. Es más que posible que la investigación de los datos encontrados en la misma no llevara a ninguna parte. Pero lo que realmente tiene trascendencia es que alguien ocultó a la opinión pública y al Gobierno ese dato que, en aquel momento, caminaba en dirección contraria al de la cinta coránica. Es evidente que alguien primó un objeto sobre otro para condicionar la investigación.

El juez Juan del Olmo no ha llamado a declarar a los policías que llegaron primero junto a la furgoneta de Alcalá en la mañana del 11-M. No han podido, por tanto, testificar sobre el hallazgo de esa tarjeta y la transmisión de sus datos por la emisora hasta la centralita de la comisaría de Alcalá.

El juez puede encontrar más de 40 testigos que certificarán que esa mañana escucharon los datos de la tarjeta del Grupo Mondragón por los altavoces de sus emisoras. Tendrá, además, ocasión de preguntar a los mismos policías sobre la veracidad de la afirmación de que la furgoneta estaba vacía en su zona de carga, como ya detallamos en un capítulo anterior.

EN EL MISMO FOCO

Por una casualidad de la vida, uno de los coches que permaneció aparcado junto a la Renault Kangoo de Alcalá en la mañana del 11-M estaba repleto de pasquines, banderolas y mecheros del Partido Popular. Todos esos objetos formaban parte de la propaganda que se repartía en las fechas anteriores a las elecciones.

Con sentido del humor, el propietario de ese vehículo (el Seat Ibiza M-8894-HT), Miguel Villa, un joven miembro del Comité Ejecutivo del PP de Alcalá de Henares, nos comenta que, si hubiera estallado una bomba en la furgoneta, se hubiera esparcido por el cielo de Alcalá toda esa propaganda del PP. «Seguro que hubieran dicho entonces que la bomba la habíamos puesto nosotros».

Miguel es asesor municipal, un cargo de confianza del actual equipo de gobierno de la Alcaldía.

«Yo vivo justo en las casas de enfrente del lugar donde se encontró la furgoneta. Mi padre es que el que más usa el coche. No puede recordar si, cuando aparcó, la furgoneta Kangoo ya estaba allí».

En la noche anterior, fueron los propios concejales del PP los que pasaron por aquel lugar a altas horas de la madrugada. Llevaban varias horas repartiendo propaganda. Eran dípticos con la imagen de Mariano Rajoy y su catálogo de 10 puntos para un buen gobierno.Los 14 concejales se habían repartido los diferentes distritos.A Javier Fernández, concejal de Obras Públicas; Jesús Domínguez, de Medio Ambiente, y Francisco Bernáldez, de Educación, les había tocado el distrito 7.

EL REPARTO

«Salimos de la plaza de Cervantes hacia las 23.00 horas. Llevábamos bolsas de plástico llenas. Ibamos dejando la propaganda en todos los parabrisas de los coches aparcados. Tardamos bastante. En la zona de las Eras del Silo había por lo menos 500 coches aparcados con cierto desorden, así que nos entretuvimos mucho».

Es una zona algo solitaria a la que se acercan parejas en coche que buscan intimidad en un lugar apartado.

«Hacíamos nuestro trabajo con cierta precaución porque no queríamos que nadie se molestara, y menos a esas horas. Llegamos muy tarde a la calle del Infantado, donde por la mañana encontrarían la furgoneta Kangoo».

La acera de la furgoneta le tocó a Javier Fernández. Serían ya cerca de las 2.00 horas. En el lugar, a esas horas, hay poca luz.

«Yo podría asegurar que, al llegar al sitio exacto donde se encontró la Kangoo, había una furgoneta pequeña aparcada. Lo que no puedo sostener es si era ésa u otra. No recuerdo si llegué a ponerle la propaganda en el parabrisas porque, al acercarme, me llevé la sorpresa de que la furgoneta tenía las ventanillas bajadas».

Por la escalera cercana que baja de la estación de tren descendían en ese momento varias personas de color.

«No me importa decir la verdad», prosigue Javier Fernández. «Tuve miedo porque, a esas horas y en ese lugar, hay que andar con un poco de precaución».

«Recuerdo que había una mujer de edad avanzada asomada a una ventana del primer piso en la fachada que corresponde al número 3. Estoy seguro de que la furgoneta tenía las ventanillas bajadas y a mí me dio la sensación de que había alguien dentro. No me paré a comprobarlo. Me encontré con mis compañeros. A Jesús se le había roto una de las bolsas, así que tuvo que tirar lo que nos quedaba de la propaganda a un contenedor cercano. Decidimos que ya habíamos hecho bastante y nos retiramos de la zona».

VENTANILLAS ABIERTAS

De lo que sí están seguros es de que en ese lugar, a las 2.00 horas, no había ningún hueco para aparcar. O bien la furgoneta Kangoo era la que ellos vieron, o alguien tuvo que irse de allí entre las 2.00 y las 7.00 horas para que pudiera aparcar la Kangoo.

«Por más vueltas que le he dado», asegura Javier Fernández, «no puedo certificar que fuera ésa la furgoneta, pero de lo que sí estoy seguro es de que tenía los cristales bajados».

Miguel Villa recuerda que entre los vecinos se comentó en aquella época que lo que más les extrañaba era lo del vehículo 4x4 que estaba aparcado en el lado izquierdo de la Kangoo.

«Llevaba allí varios días antes del 11-M y luego, a pesar del revuelo que se armó con el hallazgo de la Kangoo, permaneció aparcado en el mismo lugar al menos dos semanas más».

Los tres concejales de Alcalá quieren salir en defensa del que ocupaba el puesto de comisario en Alcalá en aquellas fechas, Eduardo Blanco.

«Has dado a entender [en el Agujero anterior] que el actual Gobierno ha premiado sus servicios con un puesto chollo en El Salvador.Es posible que ese puesto esté muy bien remunerado y que las condiciones de vida sean bastante atractivas: un buen nivel de servicios sin apenas gastos. Pero podemos asegurarte que no aceptó ese puesto de buena gana. Acababa de ser abuelo y quería permanecer en Alcalá. Si lo han trasladado, según nuestras noticias, es precisamente por no plegarse a la versión oficial. Es un policía honrado que no hace distinciones de colores políticos y que simplemente no tragó».