¡La Liga Norte son ustedes!

Por Gregorio Morán (LA VANGUARDIA, 24/05/08):

Después de leer la lista, tan generosa como divertida, de los informes encargados por las diversas consejerías de la Generalitat a las lumbreras autóctonas – ¡cuánto talento, qué cantidad de masa encefálica estaba escondida esperando su oportunidad! ¡La chufa y el murciélago y los juguetes no sexistas! ¡Y lo del mercado discográfico latinoamericano y China, que nos estaban esperando, ay, a nosotros, los chicos más listos de la Península!-, sólo echo a faltar uno que podría haber solicitado la propia Presidència. Sería la respuesta a una pregunta, breve y rotunda: ¿Por qué lo estamos haciendo todo tan rematadamente mal?

Habría que empezar pues explicando las razones, o las casualidades, o las inclinaciones, o vaya usted a saber qué, que consienten que una sociedad equilibrada esté gobernada por una pandilla de desequilibrados, en muchos casos con el añadido de incompetentes. Y lamento la rotundidad del juicio. ¿Qué más quisiera yo que no tener que usarlo? También a mí me gustaría de vez en cuando escribir artículos en el estilo barcelonés, que precisando más llamaría estilo Sarrià-Sant Gervasi.

Debería incluirse en los manuales periodísticos para las nuevas generaciones un apartado donde se precise la aportación literaria del estilo barcelonés Sarrià-Sant Gervasi.No se refiere de manera obligada a gente que viva en esa zona, tan coqueta y mimada, de Barcelona, sino que afecta a los columnistas más variopintos nacidos en cualquier lugar de nuestro mundo, que como es sabido alcanza hasta Fraga por el oeste (me refiero a la localidad no al personaje, no sean malpensados) y al Delta, por el sur (esas gentes de Amposta y otros andurriales que aún no salen de su asombro tras haber descubierto que la vida de un político se divide en dos, cuando hace oposición y cuando le nombran alto cargo).

Lo afirmo sin acritud, a mí me habría gustado saber escribir en el estilo Sarrià-Sant Gervasi,porque ante la irritante pregunta ya hubiera puesto un pero; no un però catalán, que en castellano podría limitarse a un sin embargo,sino un pero mesetario, cuestionando la rotundidad de la pregunta. No es verdad que todo lo estén haciendo rematadamente mal, sólo algunas cosas, precisamente esas en las que se ensañan los medios de comunicación, como hubiera escrito el eminente profesor y bien pagado redactor de informes, señor Vallès, de izquierdas de toda la vida, pero independiente (género este muy especial y muy vinculado a las peculiaridades de lo que podríamos llamar espíritu literario Sarrià-Sant Gervasi,inasequible a las entendederas de la gente de fora).

Me hubiera gustado pues empezar mi artículo de esta guisa: “Yo creo que no vamos bien…” o “Aquiles, el de los pies alados, nació en Catalunya, como Colón…”. Y luego seguir diciendo que somos gente compleja y que en ocasiones confundimos nuestra inmarcesible capacidad para el entusiasmo con las realidades confusas de la cotidianidad a que nos obliga el Estado, ese ente lejano y ajeno… (podría seguir pero no quiero decepcionarles, me da un flato). Y también apuntar, apenas un leve guiño, a los griegos y los romanos, cuyo espíritu mediterráneo está en las entrañas de nuestra idiosincrasia y que nos hace tan diferentes a todos los demás. Basta decir ginesta para percibir el ritmo de un palabra, popular y poética. Si usted dice retama, está hablando de pastores y rebaños. Pues lo mismo ocurre en la vida y en la política. Nosotros vamos con buena intención y erre que erre nos enfrentamos a un mundo, arisco y zafio, que no nos entiende.

El arte de gratificar los oídos del personal cualificado se ha convertido en Catalunya en una profesión fecunda, al menos en el terreno de las compensaciones. Llevo tiempo repitiendo dos cosas respecto a este país. Primera, que siempre se distinguió por la prensa más audaz y crítica de España, en tiempos mucho más difíciles que estos. Y segunda, que el famoso oasis pujoliano nos ha familiarizado con los camellos, y seguimos así, aunque ahora sin la razón de ser de todo oasis que no es otra que el agua. Los más viejos del lugar nos acordamos de aquella pertinaz sequía del franquismo y no sabemos si reír o llorar, pero hacemos algo que entonces ni siquiera pensábamos que era posible: justificar la mezcla de incompetencia y corrupción del poder. Que los barcos tengan que proveer el agua de boca – cuando la gente sabía hablar en castellano la llamaban potable, del latín potare es un hecho que como mínimo hubiera echado a la calle a la ciudadanía en su conjunto, a ese catalán emprenyat,tan capitidisminuido últimamente. Tantos informes, tantos talentos, tantos funcionarios, tantos expertos y no hay ni un solo responsable que se vaya a la puta calle. Ese Francesc Baltasar al que conocí cuando era plumilla, como yo, en el semanario Arreu,allá en la prehistoria de la transición, ¿no tendrá un rasgo de honor, ¡uno solo!, que le evite ser la representación genuina del trepa incompetente, amarrado al cargo después de haber hecho y dicho tantas cosas? Una pizca de dignidad. ¿Es tanto pedir?

Y si no se va, ¿por qué no le echan? Porque el que debería no puede. Muchos más méritos para que le pusieran en la calle los hace día tras día nuestro vicepresidente, inefable Carod-Rovira, representante oficioso de Payasos sin Fronteras con cargo al erario público. ¿No hay nadie que ose reproducir sus intervenciones recientes en Portugal? Tratándose de un representante oficial de Catalunya, si alguien en el país vecino se hubiera tomado en serio a la Generalitat, estaríamos ante un conflicto diplomático. Pero Montilla no le puede echar porque le debe el cargo y habría que convocar elecciones. El tripartito es una combinación que nació pensada para ser una alternativa al poder del centroderecha convergente y que se ha convertido en un instrumento para dar empleo a la izquierda. No nos engañemos en lo de la diferencia; Esquerra Republicana está haciendo en Catalunya lo mismo que Zaplana propuso en el PP tras su primera victoria electoral: nos vamos a forrar. Y en eso están.

El sistema político catalán está bloqueado. Agotada por incompetencia y corrupción la política de la izquierda, convertido el president Montilla en un cabo del servicio de bomberos que ha de dar y pedir disculpas cada vez que sale a apagar un fuego, ¿alguien se imagina, desde la izquierda, quién podría votar a cualquiera de esos genios apalancados en sus respectivas poltronas? Se quebró la esperanza, porque no hay alternativa. Contemplar a Montilla haciendo de Bossi y planteando que los problemas acuciantes de Catalunya se concentran en ese Estatut que aprobó una población minoritaria, casi ínfima, de la sociedad catalana. Y luego replicar, como en una abjuración, que nuestros dineros se van al sur, como si el sur no fuera él y no fuéramos todos. Eso es la Liga Norte. La política convertida en una reivindicación territorial y no ciudadana. ¿Hay algo más patético que asistir a los esfuerzos de Joan Saura por demostrar que es tan buen policía como buen nacionalista? ¿Qué están haciendo estos caballeros con el presupuesto? Ni un solo ciudadano de Catalunya negaría su apoyo a una financiación más amplia si de verdad se tratara de necesidades reales y no del casino político que el tripartito se ha montado.

¡Qué momento estelar el del president Montilla jaleado por sus adversarios para que se enfrente a Madrid! ¡Empuja, valiente, que te vas a ganar la categoría de molt honorable y nos olvidaremos por un rato de tu acento y tu pronunciación! La incompetencia de la izquierda oficial ha conseguido bloquear el sistema político catalán. No hay alternativa. Ocurrió con el Estatut. ¿Qué importa que a la inmensa mayoría le interese un comino, si para la clase política y sus asesores es la garantía de su egregia supervivencia? Luego van y se sorprenden del desprecio de la gente a su rastrera función. Ahora lo llaman desafección. Seguro que alguien cobró por el hallazgo.