La tarifa plana para matar de ‘La Tigresa’

Idoia López Riaño. Fuente: EFE

Sobre la espalda de Idoia López Riaño, La Tigresa, recaen 23 asesinatos y un número no determinado de heridos. Entre ellos los había muy jóvenes, como los doce guardias civiles asesinados en la plaza de la República Dominicana, en Madrid, en 1987. El comando que los asesinó estaba integrado por un cuarteto de destacados etarras: Ignacio de Juana Chaos, Juan Manuel Soares Gamboa, Antonio Troitiño y la propia Tigresa.

Con su salida de prisión, sólo uno de los cuatro asesinos, Troitiño, permanecerá en la cárcel, pero no cumpliendo condena por este múltiple crimen: un “error” en el cálculo de su pena lo puso en la calle en 2011 y tras varias órdenes de extradición ignoradas, Reino Unido lo devolvió a España en mayo. Permanece entre rejas por volver a unirse a las filas de ETA. Los asesinatos, 22 en su caso, se daban ya por purgados.

Idoia López Riaño ha estado en prisión 23 años, uno por cada asesinato que ha cometido. La Administración, además, la ha premiado por desvincularse de ETA y, desde 2010, cumple condena en la cárcel vasca de Nanclares de Oca. Dicen que ha intentado ser otra persona: que ha estudiado Tai Chi y valenciano, que hasta se matriculó en Periodismo.

Dicen que está arrepentida: escribió una carta renegando de ETA. En la misiva mencionó sus crímenes y afirmó: “Las muertes de este comando [Madrid] me duelen en lo más profundo del alma y aún más por no haber podido hacer nada por evitarlas”.

No necesito que la Administración me diga nada más porque soy yo quien hoy eleva la voz: Idoia López Riaño miente.

Si Idoia López Riaño estuviera arrepentida, reconocería cada uno de los 23 asesinatos por los que se la ha condenado. Hasta ahora sólo ha reconocido dos y además, los ha justificado acusando a las víctimas de traficar con drogas y de pertenecer a los GAL. De los otros 21 muertos, ni una palabra.

Si Idoia López Riaño estuviera arrepentida, habría cumplido con el único requisito de los cuatro que exige la ley para tener un pronóstico favorable de reinserción: la colaboración. En ese caso, diría quiénes eran sus correligionarios cuando salía a matar, quiénes eran los jefes de ETA que ordenaban los asesinatos y quiénes fueron sus víctimas. Pero, hasta hoy, ni una palabra.

Si Idoia López Riaño estuviera arrepentida, en lugar de escribir una carta lamentándose por las víctimas que causó, se habría preocupado de que dicha carta, al menos, llegara a manos de los familiares de quienes cayeron asesinados por las bombas que ella activó y las balas que ella disparó. Pero, hasta hoy, esa carta no ha llegado.

Lo que sí ha llegado a ojos de quien quiera leerlo es el prólogo de un libro que la etarra firmó en 2009. En él se abordaba la violencia de género y, en referencia a las mujeres y a la relación con los hombres, La Tigresa escribía: “Aún debemos quitarnos muchas máscaras, asumir demasiadas actitudes erróneas y enfrentarnos a ellas, cambiarlas porque se han convertido en hábitos y costumbres que nos llevan a callejones sin salida en nuestras relaciones con los hombres, con todo el mundo en general. Y también con nosotras mismas. Necesitamos una toma de conciencia. Y será doloroso, pero saludable y liberador. Algunas de nosotras ya estamos pasando por ello”.

Me atrevo a decir que si Idoia López Riaño estuviera arrepentida, no se habría atrevido a escribir esas líneas. Si realmente hubiera renegado de su pasado, con las “actitudes erróneas” se referiría a los crímenes que cometió como miembro de una organización terrorista; y con la “toma de conciencia” hablaría de la asunción de un principio básico de toda existencia: el respeto a la vida de los otros, ese que ella no tuvo con las 23 personas a las que asesinó.

De todas formas, mis dudas razonables sobre el arrepentimiento de esta etarra no sirven de nada. Nuestros jueces la amparan en una irresponsable aplicación de la ley. Son los jueces los que hacen valer unas liquidaciones de condena sin cumplimiento de los requisitos exigidos. COVITE ha denunciado muchos de estos casos fraudulentos, incluido el de Idoia López Riaño.

La Universidad del País Vasco sigue sin acreditar la prueba de acceso preceptiva para matricularse en cualquier carrera, incluida la de Periodismo que eligió la etarra. Con este cúmulo de aplicación fraudulenta de la ley, se llega al esperpento de que en este país exista una tarifa plana para matar.

Si hoy no sabemos si López Riaño está arrepentida de sus crímenes, no es sólo su responsabilidad, sino la de nuestras propias autoridades. Por desgracia, su caso no es el primero ni será el último. Hay una larga lista de etarras oficialmente arrepentidos a los que nuestras autoridades no les ha exigido el requisito de colaboración que, no nos olvidemos, es el único que prueba el arrepentimiento y beneficia a las víctimas.

Consuelo Ordoñez es presidenta de COVITE.

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