Mutua dependencia

La práctica irreductibilidad del poder autonómico se convierte en el principal factor de fortaleza para los partidos nacionalistas, especialmente si optan por promover iniciativas soberanistas. Aunque esa misma irreductibilidad induce contrapesos o contestaciones centrífugas en el seno del PSOE y del PP, todavía no se ha mostrado capaz de moldear sus respectivas estructuras partidarias situándolas, en cuanto a su descentralización, a la altura del propio Estado autonómico.

Se da por supuesto que la dialéctica centro-periferia cuenta con siglas vocacionalmente situadas en cada uno de los lados. Las llamadas y pronunciamientos que han identificado a populares y socialistas como guardianes últimos de la cohesión territorial y del sentido patrio español permiten concluir que les resultaría imposible seguir siendo lo que son a través de una cultura interna de identidades compartidas.

Desde 1980 la corriente nacionalista mayoritaria no se había encontrado fuera del gobierno en las tres nacionalidades históricas – Catalunya, Euskadi y Galicia-.Quizá también por esto se dan situaciones tan paradójicas como las que llevaron al PNV a secundar los presupuestos generales para este ejercicio; o como la combinación que CiU ha establecido entre su reciente guiño a Rodríguez Zapatero para acordar medidas por la recuperación económica y el emplazamiento a Montilla para establecer un “frente catalán” en las Cortes, que mañana formalizará en la Cámara catalana. Es habitual referirse a las dificultades que entraña para socialistas y populares alcanzar la mayoría absoluta en las Cortes Generales como causa de la cotización al alza que experimenta el voto parlamentario de los nacionalistas.

Pero la situación es tan persistente que no puede entenderse ya como reflejo de una necesidad pasajera, de un apaño coyuntural, sino como una expresión más de la complejidad de un poder, territorial y partitocrático, que funciona según reglas de mutua dependencia. La mayoría en el Congreso y el Senado dependen, sobre todo, de Catalunya y de Andalucía. El arraigo socialista en ambas comunidades ha cimentado las aspiraciones del PSOE y limitado hasta hace bien poco las del PP. Hoy las expectativas populares crecen en Andalucía y aguantan en Catalunya, por lo que la dependencia del poder central respecto al comportamiento electoral en ambas comunidades sigue siendo una regla cierta. Es ahí donde incide la especial relación que PSOE y PP tienden a mantener con las formaciones nacionalistas. No se trata sólo de la querencia de Rodríguez Zapatero por sentirse con las manos libres para acordar con PNV y CiU cuestiones que, eventualmente, pudieran incomodar al presidente Montilla y al lehendakari López. Su actitud sintoniza con la inclinación que tanto socialistas como populares han mostrado al gobernar en Madrid, primando a menudo el entendimiento con el nacionalismo catalán y vasco a expensas de los intereses de sus respectivas organizaciones territoriales en Catalunya y en Euskadi. Reconociendo así al nacionalismo la exclusiva en la interpretación del autogobierno; porque al final al PSOE le resulta más cómodo eso que concederle tal papel al PSE-EE y al PSC, lo mismo que le ocurre al PP con sus organizaciones territoriales.

Desde el punto de vista nacionalista, “entenderse con Madrid” constituye una fuente permanente de ventajas competitivas respecto a las “sucursales” socialista y popular. Incluso está siendo útil paraPNV yCiU, aun cuando ambos se encuentran en la oposición. Además, dado que el desempate entre Zapatero y Rajoy se juega en gran medida en campo catalán, esta vez no dependerá sólo de los escaños que obtenga cada uno entre los catalanes.

Dependerá también de la actitud que de antemano muestre CiU respecto a dicho desempate. Le bastaría con ayudar a Rodríguez Zapatero a sortear políticamente los difíciles meses que restan hasta el inicio de la recuperación económica, y demostrar que el entendimiento juega a favor de los convergentes ante las elecciones autonómicas, para que el actual presidente recuperase parte del crédito que se le cuestiona.

Pero si Artur Mas opta por  permanecer neutral, por activa y pasiva, ante dicho pulso, su arbitraje a distancia beneficiará al PP. Rodríguez Zapatero necesita diputados de Girona, Lleida, Tarragona y Barcelona, como los necesita Mariano Rajoy para ganar. Pero el primero precisa la colaboración de CiU ya, aunque ello pudiera desdibujar a los socialistas catalanes, e incluso poner en riesgo su continuidad al frente de la Generalitat. Mientras que a Rajoy quizá le baste con que Mas no vuelva a firmar ante notario su negativa a pactar con el PP.

Kepa Aulestia