El reto israelí de Obama

Visita de Joe Biden, vicepresidente estadounidense, a Israel; de lady Ashton, que dirige la diplomacia europea; reunión del Cuarteto; visita de Beniamin Netanyahu a Washington. El calendario de las negociaciones sobre el conflicto israelí-palestino parece acelerarse. Pero, de hecho, el proceso de paz continúa encallado.

Israel se declaró desolado por haber anunciado durante la visita de Biden la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Este. Es un desaire hacia la Administración estadounidense, puesto que el presidente Obama había exigido la detención completa de la colonización. Pero Tel Aviv afirma no querer dar marcha atrás de esta decisión y se limita simplemente a afirmar que en el futuro tendrá en cuenta el momento de anunciarla.

Existen dos problemas. El primero es la continuación de la colonización, que aleja la posibilidad de un acuerdo israelí-palestino. El calendario es secundario, pero muestra una voluntad israelí de poner a prueba a Estados Unidos. Obama, que había pedido la congelación de los asentamientos, podía elegir entre la confrontación y la humillación. Manifiestamente no ha optado por la confrontación, ya que tanto él como Hillary Clinton han reafirmado el carácter inquebrantable de la alianza entre Estados Unidos e Israel.

Ello ha provocado la reacción de Thomas Friedman, el editorialista de The New York Times.Según él, el vicepresidente Biden, al conocer el día de su llegada el anuncio de la construcción de nuevas viviendas en Jerusalén Este, hubiera debido volver inmediatamente en el Air Force One,dejando este mensaje del Gobierno estadounidense al israelí: “Los amigos no dejan a sus amigos conducir ebrios. Es lo que estáis haciendo en estos momentos al tomar estas decisiones por razones de política interna sin analizar las consecuencias estratégicas. Habéis perdido todo contacto con la realidad”.

Biden no lo hizo, pero, según Friedman, dijo a los dirigentes israelíes que su decisión pone en peligro la seguridad de las tropas que combaten en Iraq, en Afganistán y en Pakistán, lo que ha sido confirmado por el general Petraeus, responsable de las fuerzas norteamericanas en la región.

Todo ello podría reabrir el debate lanzado por dos investigadores estadounidenses, Walt y Mearsheimer, sobre el lobby proisraelí en Estados Unidos. Según estos académicos, la alianza entre los dos países ya no tiene fundamento moral, puesto que Israel ya no es un pequeño país cuya existencia está amenazada, sino un país poderoso que ocupa y reprime al pueblo palestino. La alianza ya no tiene fundamento estratégico, Israel ya no es un aliado de Washington en la guerra fría. El apoyo a Israel es la principal causa del antiamericanismo en el mundo musulmán.

Petraeus afirma que la ausencia de progresos en Oriente Medio amenaza la seguridad de los 200.000 soldados desplegados en la zona.

Durante su visita a Israel, lady Ashton reafirmó el compromiso de Europa con el proceso de paz y el apoyo europeo a la creación de un Estado palestino. No es seguro que sus declaraciones hayan impresionado en gran manera a sus anfitriones. ¿Qué tienen que hacer con estas declaraciones sin efecto, cuya inútil repetición agota a los más pacientes? ¿Cómo no se van a burlar los dirigentes israelíes, o peor aún, despreciar a los dirigentes europeos que repiten como en un bucle, de manera letárgica, las mismas letanías? ¿Por parte de la señora Ashton es cobardía, hipocresía o incompetencia? ¿O las tres cosas a la vez?

Michael Oren, el embajador israelí en Estados Unidos, publicó en el Herald Tribune un artículo señalando que el problema no reside en las construcciones israelíes en Jerusalén, sino en las crecientes demandas de los palestinos. Estos, sin embargo, no hacen más que reclamar la aplicación de las resoluciones de la ONU adoptadas en 1967.

Barack Obama ha conseguido sacar adelante su reforma sanitaria. Una bienvenida medida de justicia social en Estados Unidos pero de la que se puede esperar también que tenga repercusiones positivas en la escena internacional. Tras esta victoria en el frente interior, Obama dispone de mayores márgenes de maniobra en el exterior. Veremos rápidamente si desea usarlos o no. Pero en caso de respuesta negativa, no tendrá excusas. Si acepta perder sin reaccionar en el desafío que le ha lanzado Netanyahu, su credibilidad internacional se verá afectada, y no sólo en el mundo musulmán. El reto israelí de Barack Obama será seguido con lupa en todos los países.

Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París.